MIÉRCOLES, 15 DE JUNIO DE 2011
Ahora sí, la tragedia griega

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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“Algo que jamás se les podrá reprochar a la inmensa mayoría de los políticos mexicanos es haber sucumbido mentalmente frente a la globalización. Por más evidente que sea, la clase política mexicana, amurallada en la contemplación de su ombligo, resiste a píe firme. Pero la globalización no es opcional, y la repercusión de la tragedia griega en nuestro país tampoco.”


Algo que jamás se les podrá reprochar a la inmensa mayoría de los políticos mexicanos es haber sucumbido mentalmente frente a la globalización.

Por más que sean evidentes las interconexiones financieras, comerciales y culturales en el mundo, la clase política mexicana, amurallada en la contemplación de su ombligo, resiste a píe firme. Por más que cualquiera con dos dedos de frente e Internet a la mano pueda comprobar que este mundo es un pañuelo virtual, en el que la torpeza de un funcionario estadounidense, la ambición de un jerarca del Partido Comunista Chino, la corrupción de un político francés o  los despropósitos de un intermediario financiero pakistaní radicado en la Gran Bretaña, bastan y sobran para desatar una crisis global, los políticos mexicanos no ceden: la globalización no anidará en sus privilegiados cerebros, para ellos “como México no hay dos” y “fuera de México (el país) todo es peor que Cuautitlán: tierra ignota e indiferente”.

Esto permite que la realidad pertinente se reduzca de forma microscópica: el cosmos pende de un hilo que son las elecciones presidenciales de 2012. Lo demás, es lo de menos. Lo demás es esa parte del periódico que nadie lee, la sección de internacionales, útil sólo para que el chofer limpie el parabrisas del Audi o para que la muchacha recoja, instruida en los rudimentos de la ecología y la cultura cívica, las caquitas del perrito cuando lo saca a pasear al parque.

Por eso no dudo que a la inmensa mayoría de los políticos y funcionarios mexicanos, como a buena parte de los empresarios y a sus amanuenses en los medios de comunicación, les pasará de noche la noticia que la calificadora de valores Standard & Poor’s (S&P) redujo la deuda griega a “triple C”, esto es: un riesgo de no-pago o incumplimiento mayor al de la deuda de Ecuador, Jamaica, Pakistán o Granada.

Por supuesto, la economía griega por sí misma, desvinculada de la Unión Europea, no es un riesgo global. Podría conjeturarse, en esa hipótesis fantástica de Grecia sin la Unión Europea, que no hay mayor problema: que truenen las finanzas de Grecia, como en su momento tronaron las finanzas públicas de Argentina y el asunto no pasa a mayores. Pero no es así. Grecia es parte no sólo de la Unión Europea, sino de la zona Euro y la caída de Grecia arrastrará inevitablemente a uno de los proyectos más ambiciosos y visionarios de la economía moderna: la unión monetaria, la idealizada zona monetaria óptima (Robert Mundell) alrededor del Euro.

Y eso, ¿qué importa en México, cuando estamos enfrascados en dilemas que se nos venden como estratégicos o vitales, digamos: el del eventual retorno del PRI y su cohorte de milagros y abusos a Los Pinos? Importa mucho más de lo que parece. Veamos.

  1. S&P argumenta que el crédito soberano de Grecia está amenazado por una reestructuración de la deuda que se antoja inevitable, y en la cual los acreedores (muchos de ellos, varios grandes bancos europeos) perderán miles de millones de Euros, de una u otra forma. Palabras más o menos, los analistas de esa calificadora han dicho: Desde nuestra perspectiva crecen las probabilidades de que Grecia tenga que reestructurar su deuda soberana lo que, bajo las condiciones de cualquier programa de rescate, implicará que los acreedores tengan que proveer fondos adicionales; esto, de acuerdo con nuestros criterios, supondrá uno o más incumplimientos (‘defaults’).

  2. Para enfrentar este agravamiento de la crisis griega, la Unión Europea, con Francia a la cabeza, está proponiendo que la señora Christine Lagarde se haga cargo de la dirección del Fondo Monetario Internacional. La señora Lagarde, al igual que el gobierno al que actualmente sirve (el de Nicolás Sarkozy), se opone rotundamente a una reestructuración y calcula que el mismo FMI, junto con recursos de los contribuyentes alemanes y franceses, podría echarle la mano a Grecia, aportándole aún más dinero. La señora Lagarde es una cincuentona encantadora, abogada distinguida, que durante muchos años trabajó como ejecutiva en una consultora empresarial estadounidense en Chicago y que, al igual que durante su gestión como Ministra de Finanzas de Francia, tiene la convicción de que no hay que afectar los intereses de las corporaciones financieras o empresariales haciéndoles aceptar pérdidas causadas por una mala decisión de negocios (en este caso, la mala decisión fue haberle prestado al gobierno griego con singular desparpajo los recursos de sus clientes, amparados en que al fin y al cabo se trataba de una nación dentro de la órbita del Euro), y de que siempre hay la posibilidad de darle otra vuelta a la tuerca y pasarle la cuenta de las pérdidas a los contribuyentes, no sólo de Europa, sino del mundo a través del generoso FMI. Por si fuese poco, la señora Lagarde tiene pendiente una peliaguda resolución judicial –fue pospuesta por los jueces la decisión hasta el 8 de julio- acerca de una acusación enderezada en su contra por los latosos socialistas franceses quienes aseguran que benefició indebidamente a un adinerado empresario francés con una resolución discrecional (el empresario, desde luego, es “amigo” del gobierno de Sarkozy), lo que ubica a los miembros del Consejo Directivo del FMI (los 24 personajes que decidirán este mismo mes qué candidato o candidata debe encabezar el FMI) en un terreno pantanoso: ¿Qué sucederá si a la postre los jueces franceses deciden que sí procede el alegato de los socialistas y hay que llamar a la señora Lagarde a rendir cuentas de sus actos?, ¿podrá el zarandeado y vapuleado FMI aguantar que su flamante Director-Gerente, al igual que el anterior, esté sometido a un proceso judicial, en este caso apenas iniciado su encargo?

  3. Pero más allá del fuertemente disputado proceso para elegir al nuevo dirigente del Fondo Monetario Internacional, el panorama europeo dista de ser alentador para el mundo: los políticos europeos no tienen ánimos ni incentivos para emprender una reforma a fondo en Europa, obligando a los socios de la Unión a cumplir con los estándares fiscales y de productividad a los que cada país miembro debería ajustarse para poder pertenecer a la Unión Monetaria. Ojo, tarde o temprano los problemas y las crisis monetarias se revelan como consecuencias de desarreglos fiscales y estructurales en la economía. El desbarajuste monetario y financiero sólo es consecuencia de que la economía real (tanto en su vertiente de las cuentas públicas como en su vertiente productiva) está intentando vivir por encima de lo que realmente produce. Y este no es un asunto financiero, sino de voluntad y visión política. Un asunto muy costoso desde luego. ¿La clase política europea está dispuesta a corregir esos desajustes? Lo dudo, sólo encuentro alguna voluntad, algo menguada, en Alemania. Fuera de Alemania, todo parece ser escaramuza electorera, visión del más corto plazo, consigna conocida y lamentable: “Después de mí, el diluvio”.

  4. No es ahí donde se detiene el escenario para fabricar una tormenta perfecta de consecuencias globales más o menos desastrosas. Con matices y estilos distintos que los de sus colegas europeos, la clase política estadounidense tampoco parece muy dispuesta a realizar reformas fiscales a fondo y otra vez ojo: la promesa de que “le vamos a cobrar más impuestos a los ricos” es tan “vendedora” como inefectiva, lo que hay que atacar es el gasto y el endeudamiento. El presidente del FED,  Ben Bernanke, ya envió el aviso: “La política monetaria no puede hacer más por la recuperación y por el empleo, se requieren acciones de política fiscal”. Pero lo que dijo Bernanke ha sido hasta ahora un llamado en el desierto. Nadie se pone el saco.

  5. En el mejor de los escenarios esto significa que la economía en los próximos años va a crecer menos que durante la primera década del siglo y que seguiremos caminando lo suficientemente cerca de los abismos como para justificar sobresaltos y soponcios.

Ante todo esto, ¿cuáles son las consecuencias para México?

  1. Ha sido una muy buena jugada del gobierno de Felipe Calderón entrarle sin timideces a la contienda por la dirección del FMI: tenemos candidato con credenciales reconocidas por propios y extraños y existe una clara ventana de oportunidad. El mundo ya no es propiedad exclusiva y escriturada de los países avanzados, las economías emergentes, con todas sus pegas, también están jugando un papel decisivo y eso es un dato irreversible. Se trata de una verdadera política de Estado (que, paradójicamente, no se ha entendido a cabalidad por lo mal acostumbrados que estamos a las jugarretas de cálculo electoral de muy corto plazo) con un horizonte que se mide en décadas, no en años. Gane o pierda Agustín Carstens, y sus probabilidades de ganar son mayores de las que parecen desde la óptica de “hecho consumado” que Francia ha logrado imponer en los medios, el mensaje al mundo ya se envió. Como dicen los expertos en geopolítica y teoría de juegos: en estas cosas las amenazas tienen que ser creíbles y la probabilidad de que un no-europeo competente llegue a dirigir el FMI ya es creíble, lo que le da a México y a las economías emergentes un poder de negociación del que hace tres meses no disfrutaban.

  2. Así como hay que derrotar el euro-centrismo en el FMI, localmente debemos superar el aldeanismo nacionalista y la visión de corto plazo. El mundo no se define en las elecciones mexicanas de 2012, pero más nos vale que en las elecciones de 2012 veamos más allá de nuestras narices. ¿Qué candidato de qué partido ofrece una visión global de futuro?, ¿quién de los aspirantes entiende que México ya no es un país de pobrecitas víctimas tercermundistas, sino de clases medias más o menos pujantes a las que ya no se puede engatusar con demagógicos aumentos al salario mínimo, precios artificialmente congelados y empleos de pacotilla para hacer caminos de mano de obra?, ¿quién entiende que México es parte del mundo y no puede jugar aislado, como si corriese en una pista aparte, sólo para guadalupanos y para la raza de bronce?

  3. Vienen tiempos difíciles. Más nos vale preservar lo logrado en el terreno de la macroeconomía: finanzas públicas sanas, política monetaria responsable. Más nos vale despojarnos de mitos populacheros y aldeanos, como el de la intocabilidad del petróleo nacional, las pensiones tipo piñata (sin capitalización individual y cargadas al fisco), la intocabilidad de los magnates que medran de usufructuar oligopolios, mercados cautivos y arreglos obtenidos mediante presiones irresistibles para los políticos, la intocabilidad de una ley laboral caduca que se ha vuelto la peor enemiga de la creación de empleos.  

La tragedia griega repercutirá en México. No se trata de si nos parece o no, de si queremos que así sea o no. Ese es un hecho. Lo que está en nuestras manos es cómo enfrentaremos inteligentemente ése y otros episodios de un mundo global. Porque, señores políticos tan amantes de la contemplación del ombligo, la globalización tampoco es opcional.

• FMI / Banco Mundial • Finanzas internacionales • Crisis / Economía internacional

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