JUEVES, 16 DE JUNIO DE 2011
La izquierda: Tan necesaria y deseable como el… cáncer

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Leopoldo Escobar







“La izquierda es lo peor que le ha pasado a la humanidad en toda su existencia.”


“Siempre el que quiera engañar encontrará a quien le permita ser engañado.” Maquiavelo

De los comentarios sobre mi anterior colaboración (“¿Un Zelaya mexicano?”) una frase que me llamó la atención fue: “la izquierda no es tan mala como parece”. Y me llamó la atención no porque fuera brillante, sino por ser exactamente lo contrario y porque muchas personas comparten una noción parecida y para no ir más lejos: los cientos de miles de militantes y simpatizantes del PAN, que se han sumado a la aventura calderonista de la alianza electoral con la izquierda.

La idea de que la izquierda no es tan mala, carece de originalidad. Lo mismo creyeron los campesinos pobres rusos que aceptaron la propuesta de asociación delictuosa de los bolcheviques para robar a los campesinos ricos. Cuando los campesinos pobres a su vez fueron despojados por los bolcheviques y éstos los masacraron por millones, dejaron de creer que la izquierda no era tan mala. Pero resultaba demasiado tarde. Y hay mil historias como éstas desde la revolución rusa hasta la “bolivariana”.

Y por cierto, para referirse a estos crédulos, se acuñó en su momento el muy gráfico término de “idiotas útiles”.

El asunto me recuerda la discusión con una persona hace algunos años que decía: “si la izquierda no existiera ¿quién velaría por los pobres?; ¿no crees que la izquierda es necesaria?”

A lo que respondí: La izquierda no vela por los intereses de los pobres, es decir por su progreso para que dejen de ser pobres. El negocio de la izquierda no es acabar con la pobreza, sino preservarla y esclavizar a la humanidad. Luego, respecto a tu segunda pregunta, respondo: la izquierda es tan necesaria como el cáncer, como el SIDA, la diabetes o la viruela ¿Quieres aunque sea un poco de ellas? Yo tampoco.

La discusión siguió. Mi interlocutor cuestionó en que sustentaba mi lapidaria afirmación de que la izquierda era lo peor que le había pasado a la humanidad en toda su existencia. Entonces como ahora no entramos a discutir una definición de “izquierda”, pues dimos por supuesto que una persona medianamente ilustrada  entiende lo que alude el término, de modo que entramos al fondo del asunto. Repasé brevemente, como a continuación, los grandes crímenes de la izquierda en sus versiones comunista, nacionalista-revolucionaria, socialdemócrata y ambientalista fundamentalista.

Los crímenes del comunismo
Cuando alguien dice que “la izquierda no es tan mala como parece” esa persona ignora que el siglo XX tuvo lugar.

De todas las centurias ninguna fue tan sangrienta como la pasada, pero no sólo en cifras absolutas sino además considerando el crecimiento demográfico. El siglo XX fue el siglo del genocidio o para decirlo en el término más riguroso de Rudolph Rummel: del democidio.

En la obra “El libro negro del comunismo” (1997) Stéphane Courtois estimó en más de 93 millones los seres humanos asesinados por los regímenes comunistas: 20 millones en la Unión Soviética, 65 millones en la China de Mao, 2 millones en Camboya, otros 2 en Corea del Norte, 1.7 millones en África, 1.5 millones en Afganistán y 1 millón en Vietnam.

Una investigación en curso sobre el homicidio en el siglo XX arroja como cifra preliminar casi 20 millones de asesinatos cometidos por particulares, si se suman los de todos los países: casi 5 veces menos que los cometidos por los comunistas.

Investigaciones posteriores han revelado que el democidio comunista fue mayor. La cifra de la Unión Soviética en realidad fue de cuando menos el doble de la calculada por Courtois. Rummel lleva la cifra hasta los 60 millones. Las víctimas mortales del comunismo fácilmente podrían superar 120 millones.

Esos seres humanos fueron asesinados en cámaras de tortura, en campos de trabajos forzados (el comunismo restableció la esclavitud), fusilados o llevados a la inanición. Las peores hambrunas de la historia de la humanidad ocurrieron en el siglo XX y todas ellas en países comunistas. Además fueron intencionalmente provocadas, como magistralmente describe Jung Chang en “Mao La historia desconocida” respecto a China. Ahí al menos 35 millones de seres humanos murieron de hambre.

En Camboya en el breve plazo de 4 años entre la cuarta y la tercera parte de la población fue exterminada. En Corea del Norte han muerto de hambre 3 millones de personas en los últimos 15 años.

Todos estos crímenes fueron cometidos por izquierdistas comunistas como lo eran (y siguen siéndolo) líderes de la izquierda mexicana como Jesús Zambrano, Pablo Gómez, Rosario Ibarra, Alberto Anaya o Rafael Sebastián Guillén Vicente.

Si esta matanza no hace “tan mala como aparenta” a la izquierda en su  expresión más pura (el comunismo) ¿qué la haría completa y no aparentemente mala?, ¿que los comunistas hubieran matado a 500 millones de seres humanos?, ¿a mil millones?

¿Y los nazis? ¡Otros socialistas!
A los izquierdistas les ha gustado presentar al nazismo como el peor régimen imaginable y como un supuesto producto del capitalismo. Pero le escupen al cielo.

Los nazis mataron a 23 millones de personas cifra inferior al democidio comunista, quizás porque no tuvieron el tiempo suficiente para igualar el récord de sus colegas del martillo y la hoz. Obviamente el nazi fue régimen de maldad infinita, pero tanto como lo fueron los regímenes comunistas. El agravante de los regímenes comunistas es que cometieran los asesinatos en masa contra sus propios pueblos, mientras los nazis los hacían con otros pueblos.

Alain de Benoist no es un liberal, pero en su obra “Comunismo y Nazismo” tiene el gran acierto de establecer una casi completa identidad entre ambos (advertida también por liberales como Jean Francois Revel entre otros).El nazismo y el comunismo son hermanos que comparten el 95% de su ADN.

No hay sorpresa en ello ¿Qué significa nazi? Pues una abreviatura del nombre del partido nacional ¡socialista! de Hitler, tan anticapitalista y tan antiliberal como los comunistas.

Los izquierdistas consideran al régimen nazi el más vil imaginable, la expresión más brutal de capitalismo. Pero no fueron los representantes de las democracias liberales (Churchill o Roosevelt) los que pactaron una alianza con los nazis ¡sino los comunistas con el padrecito Stalin a la cabeza!

¿Sigue usted creyendo que la izquierda no es tan mala? (Los crímenes del nacionalismo-revolucionario)
Crímenes menos estudiados que los de los comunistas son los de otra clase de izquierdistas muy afines: los nacionalistas revolucionarios del “Tercer Mundo”, pero no todos, sino precisamente los que más se acercaron a la ideología y práctica comunistas.

Los regímenes que estos nacionalistas revolucionarios construyeron (en alrededor de 20 países) llegaron a compartir más del 90% del ADN con el comunismo y en algunos casos el 99%. No llegaron a ser considerados parte del “campo socialista” porque no nacionalizaron el 100% de las empresas privadas pero tampoco estuvieron tan lejos de eso. Estos regímenes van desde los de Idi Amin en Uganda y Robert Mugabe en Zimbabwe hasta el de Saddam Hussein en Irak.

Jean Francois Revel en su obra “El conocimiento inútil” refiere los crímenes de varios regímenes africanos socialistas y  Paul Jonhson hace lo propio en “Tiempos modernos” (en el capítulo “Los reinos de Kalibán”).

No hay un cálculo tan aproximado como el del comunismo acerca de cuantas personas asesinaron estos regímenes, pero una estimación preliminar no sería inferior a los 10 millones. Hussein mató a no menos de un millón de sus propios gobernados, según documenta Cris Kuschera en la obra “El libro negro de Saddam Hussein”.

Hay otros casos extremos como el de la dictadura de Francisco Macías Nguema (1968-1979) la cual asesinó al 15% de los habitantes de Guinea Ecuatorial (mientras los soviéticos construían una base secreta de submarinos en el país).

Los crímenes de la socialdemocracia y de los rojos-verdes
Los socialdemócratas se presentan como los izquierdistas “buenos” frente a los “malos” que son los comunistas. Sus gobiernos son “pacifistas”, no construyen campos de concentración, respetan libertades políticas, mantienen los sistemas democráticos, no suprimen la propiedad privada y supuestamente han llevado a los mayores niveles de prosperidad en la historia.

Lo que se entiende por políticamente correcto son las políticas socialdemócratas: redistribución de la riqueza, Estado de bienestar.

La socialdemocracia es un mal menor en comparación con el comunismo, sin duda. Pero la socialdemocracia no tiene las manos limpias. Gobiernos socialdemócratas participaron en la repugnante carnicería que fue la Primera Guerra Mundial.

La socialdemocracia ha sido cómplice del comunismo en no pocas veces. En los años ochenta la socialdemocracia legitimó la revolución comunista en Centroamérica y en particular en El Salvador, exportada por Cuba y financiada por la Unión Soviética. El resultado de la aventura fue de más de 80 mil muertos y más miseria en el pequeño país centroamericano. De ello fueron corresponsables los socialdemócratas.

Pero la crítica central a la socialdemocracia es la de haber ahogado (sin llegar al “homicidio”) el enorme potencial de progreso del capitalismo, con sus políticas de intervencionismo estatal, expolio fiscal, redistribución de la riqueza y hasta hace no mucho tiempo gran cantidad de empresas estatales.

Sin esa camisa de fuerza, las naciones desarrolladas habrían sido más prósperas de lo que han sido. Es gracias a las políticas socialdemócratas que el desempleo es tan colosal en Europa y tan pobre su crecimiento económico.

Estas políticas han sido todavía más desastrosas en naciones subdesarrolladas, que no pueden darse el lujo de las pesadas cargas impuestas a las naciones industrializadas. Los socialdemócratas no han llevado a ningún país del subdesarrollo al desarrollo (ni lo podrán hacer) y no por otra causa que sus políticas, corresponsables de la persistencia de la pobreza.

Habría que insistir en que el problema son las políticas, pues actualmente sólo en cuatro de las naciones que integran la Unión Europea los partidos socialdemócratas gobiernan, pero el Viejo Continente sigue en el hoyo, agobiado por el desempleo, crisis de finanzas públicas y un cataclismo de las pensiones en el horizonte. El problema es que las políticas socialdemócratas sean tan hegemónicas que ya ni siquiera necesiten operadores socialdemócratas auto-reconocidos para seguir funcionado.

Finalmente quepa referirse a la cara más influyente en nuestros días del anticapitalismo y que es el ambientalismo fundamentalista. Éste pareciera inofensivo pero no lo es. Ya ha cobrado su cuota de vidas y no son pocas.

La primera promoción más exitosa de esta corriente fue lograr en los años setenta la prohibición del DDT, insecticida que ha sido la herramienta más poderosa contra el mosquito que trasmite de la infección de la malaria o paludismo. El pretexto para la prohibición del DDT fue que dañaba a ciertas aves y las ponía en peligro de extinción.

Como resultado de la prohibición del insecticida, al año 200 millones de personas se infectan y 2.7 millones mueren. Steve Milloy estima en decenas de millones las víctimas de este prohibición y no duda en llamarla genocidio.

De modo que ¿la “izquierda no es tan mala como parece”?

• Socialismo • Izquierda y derecha • Totalitarismo • Ambientalistas

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus