LUNES, 20 DE JUNIO DE 2011
Concesión o propiedad privada: El caso del espectro radioeléctrico

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“El espectro radioeléctrico es un recurso escaso, y el sistema más eficiente que conozca el hombre para la asignación de recursos escasos es el mecanismo de precios que da el mercado y no la regulación estatal.”


El espectro radioeléctrico forma parte del espectro electromagnético y es el conjunto de ondas electromagnéticas cuya frecuencia se fija convencionalmente por debajo de 3000 GHz y que se propagan por el espacio sin guía artificial. Más sencillo, el espectro radioeléctrico es el conjunto de ondas que están a nuestro alrededor, el espacio abierto, y que no son visibles al ojo humano, pero que pueden ser usadas como vías para las telecomunicaciones como lo son la transmisión de imágenes, de radiodifusión y de datos como el internet.

Durante décadas las ondas electromagnéticas han sido consideradas por los gobiernos como un bien estratégico y de seguridad nacional, por sus aplicaciones militares y científicas. Es decir, a las telecomunicaciones se les ha concedido carácter de dominio público, en donde es el Estado quien decide a quién otorgar concesiones para la transmisión de datos, voz ó video.

El problema del espectro radioeléctrico es que enfrenta características de escasez, es decir, dicha característica se deriva de la experiencia empírica que indica que la utilización de las frecuencias radioeléctricas por un usuario ó agente económico puede perjudicar –“interferir”– a otro usuario del mismo recurso. Si a eso le agregamos que las ondas electromagnéticas atraviesan las fronteras entre países, tenemos un terreno propicio para que sean los gobiernos los únicos dueños del espectro y con ello se elimine el problema de las externalidades (interferencia de señales) entre los agentes económicos que usan las ondas electromagnéticas.

Así las cosas, tenemos a muchos gobiernos propietarios del espectro radioeléctrico dando en concesión determinados espacios del mismo, muchas veces decidiendo el tamaño de manera arbitraria. Tal es el caso del gobierno mexicano que ha enfrentado amparos por concesionar espacio a fulano y no a sutano ó porque a perengano le dio espacio de más, ó peor aún, porque a mengano le vendió espacio radioeléctrico más barato que al resto. En conclusión, tenemos a una Comisión Federal de Telecomunicaciones hecha completamente bolas.

El gobierno mexicano ha proseguido con el modelo priísta de “bienes estratégicos de la nación”, y se dedica a concesionar (vender) a particulares tal ó cual espacio del espectro.

De acuerdo con los expertos, “concesionar” el espectro acarrea los siguientes problemas:

Las telecomunicaciones a nivel mundial necesitan de verdadero oxígeno liberal para que puedan evolucionar libremente, sin interferencia de los gobiernos.

El verdadero problema del espectro radioeléctrico es que no están bien definidos los derechos privados de propiedad (derecho a poseer, usufructuar y transferir un bien determinado). Vamos, no es que no haya dueño, lo hay pero es exclusivamente terreno de los gobiernos.

Se suele justificar que las telecomunicaciones son un bien estratégico al tener limitación espacial y ser escaso. Perdón, pero esa es la clásica justificación estatista. El campo dedicado a la siembra y cosecha de alimentos es también un sector estratégico, pues de ello depende la vida humana, no obstante en los países con agricultura próspera, la tierra es privada y no del “dominio público”.

Haciendo un paralelismo con otro recurso natural, de carácter limitado como lo es el territorio, los estados suelen reservar al dominio público sólo una parte pequeña de este, como, por ejemplo, las costas, las calles, los caminos, las plazas, etc. quedando la gran mayoría de la superficie territorial sometida al régimen de derecho privado.

En el caso del espectro, las aplicaciones militares sólo ocupan una pequeña parte del mismo, la gran mayoría del espacio es ocupado para radiodifusión y telecomunicaciones en general, por lo que no se justifica que sea el gobierno el dueño total y absoluto del espectro.

Ronald Coase en un celebre artículo respecto a la forma en que la Comisión de Telecomunicaciones estadounidense asignaba las frecuencias de radiodifusión fue el primero en notar que la falta de asignación de derechos de propiedad sobre el espectro radioeléctrico resulta una fuente de ineficiencias en el sentido económico.

Coase cuestionaba la racionalidad de sustentar la condición de bien de dominio público del espectro por su condición de recurso escaso. Esto es así, debido a que el sistema más eficiente que conozca el hombre para la asignación de recursos escasos es el mecanismo de precios que da el mercado y no la regulación estatal.

Así pues, es el mercado y no el gobierno quien mejor operaría en el desarrollo de las telecomunicaciones. En México hay muchos periodistas atolondrados con el viejo esquema estatista-priísta de las concesiones y no entienden lo que significa libertad y funcionamiento de los mercados.

Finalmente, ya hay nuevas tecnologías como “spread spectrum” ó Wi-Fi que dejan muy atrás el esquema de las concesiones y dan un nuevo giro de las telecomunicaciones en donde es posible definir de manera mucho mejor los derechos de propiedad de los agentes económicos sin causar externalidades (interferencias) entre los usuarios del espectro radioeléctrico.

Con la evolución tecnológica y en el marco de las democracias, no se entiende por qué siga siendo el Estado el monopolista del espectro. Salvo en las aplicaciones militares, los gobiernos deben dejar que sea el mercado, a través de una clara definición de los derechos privados de propiedad (NO CONCESIÓN), quien dicte el desarrollo de las telecomunicaciones. No hacerlo deja el potencial a que lleguen gobiernos totalitarios que impidan toda libre expresión mediante las redes y las ondas electromagnéticas, como tristemente sucede con el caso de Venezuela.

A ver si entendemos esto en México ó nos quedaremos atrapados en el siglo XX en materia de telecomunicaciones. Avanzar ó morir, esa es la disyuntiva en telecomunicaciones.

• Derechos de propiedad • Telecomunicaciones • Intervencionismo

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