LUNES, 4 DE JULIO DE 2011
Desastres naturales que desnudan a gobiernos y ciudadanos

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“El marco legal deficiente, ciudadanos con poca educación y acostumbrados a que papá gobierno sea el que resuelva todo, así como gobiernos gastalones irresponsables, son el ingrediente esencial para que haya miles de damnificados, heridos y muertos en cualquier desastre natural.”


Por enésima vez el gobierno federal se está peleando con algunos gobiernos estatales por ver quién es el verdadero culpable de los estragos que están dejando las lluvias en nuestro país. Ya se avientan unos y otros la bolita.

Lo sucedido en el Estado de México, Veracruz y Distrito Federal es muestra de que el federalismo mexicano está enfermo, de que si no se corrigen los incentivos perversos, esta película de desastres naturales y conflicto político la veremos con horror y tristeza cada año.

Los desastres naturales nos recuerdan lo negro del pasado histórico de México. De cómo se aplastó la propiedad privada en aras del intervencionismo gubernamental controlador y planeador corporativo de la vida y propiedad de los ciudadanos. Sí, gobiernos que entubaban arbitrariamente los ríos, que permitían la invasión de zonas federales aún a sabiendas que eran muy riesgosas, que permitían la invasión a cambio de votos en zonas aledañas a aeropuertos, plantas termoeléctricas, refinerías y estaciones de gas (basta con viajar a un país desarrollado, el que sea, para ver la buena planeación en materia de urbanismo).

Y luego, ya más reciente, gobiernos estatales que se descentralizaron relativamente, pero que jamás han asumido responsabilidades fiscales en materia de tributación. Ello ha generado un esquema perverso de uso y abuso del gasto público que se ejerce con total y cínica opacidad.

Por ejemplo, del dinero que Peña Nieto, Eruviel Ávila y Marcelo Ebrard gastan en sus programas populista-electoreros, del gigantesco presupuesto destinado a ensalzar su imagen en los medios de comunicación, de todo el dinero dilapidado en campañas políticas, ¿qué si se hubiese destinado integralmente a infraestructura y mantenimiento de drenajes, canales pluviales y red hidráulica? Seguro hablaríamos de daños menores.

Lejos de gastar bien y con rendición de cuentas, los gobiernos estatales han asumido toda clase de programas populistas (que si bequitas a todo mundo, subsidio a la vivienda, subsidio a campesinos, uniformes escolares “gratis”, conciertos “gratis”, subsidios y más subsidios a mujeres embarazadas y madres solteras, y un larguísimo etcétera de populismos) en donde lo que menos importa es gastar óptimamente (rentabilidad social) en bienes públicos que realmente beneficien a la ciudadanía, especialmente en materia de prevención de desastres naturales.

En países como Holanda, por ejemplo, a quienes viven cerca del mar se les cobran más altos impuestos (deben pagar por lo diques construidos -y su mantenimiento- destinados a proteger su propiedad), y de plano, cuando los estudios científicos evidencian zonas potenciales de peligro para la destrucción de la propiedad de las personas y de su vida misma, se asumen prohibiciones responsablemente aceptadas por los ciudadanos.

En México, lo contrario, se permitió durante años invasiones y más invasiones hasta en lugares con potencial peligro. A cambio de popularidad y votos, los gobiernos optaron por entubar ríos y canales, por permitir la explotación irracional de mantos acuíferos (si el agua fuera un mercado privado ello no ocurriría, pues el derecho de propiedad bien definido y el mecanismo de precios hace racional la explotación de todo recurso natural) con la consecuencia de hundimiento del suelo (lo que es una bomba de tiempo en zonas sísmicas), por permitir invasiones y tala clandestina de bosques (otra vez, con derechos de propiedad bien definidos, ello no ocurriría), lo que se traduce en terrenos propicios para las inundaciones ó en el peor de los casos en montañas que se desgajan (la raíz de los árboles es un soporte para evitar que la tierra de montañas se colapse) y entierran vivos, literalmente hablando, a sus moradores, y en general por permitir el diseño de leyes hiper-centralizadas, que incentivaron perversamente la migración del campo a las ciudades (¿qué opción había, ó morirse de hambre en el campo -con una indefinición histórica de los derechos privados de propiedad como ha sido la figura del Ejido-, ó mal vivir en las ciudades?).

Los ciudadanos, por su parte, tampoco han sido responsables. La laxitud de la ley, la falta de educación cívica, la cultura de la ilegalidad, la mordida, la corrupción ha hecho terreno propicio de toda clase acciones nefastas como tirar basura en calles y coladeras, verter desperdicios en ríos y lagunas, invadir predios y luego construir casas (eso sí, a exigir luego al gobierno servicios como luz, agua y drenaje a sabiendas del origen ilegal de la urbanización), aunque sea en una zona cerca del cauce de un río, etc.

El marco legal deficiente, ciudadanos con poca educación y acostumbrados a que papá gobierno sea el que resuelva todo, así como gobiernos gastalones irresponsables, son el ingrediente esencial para que haya miles de damnificados, heridos y muertos en cualquier desastre natural.

Los gobiernos deben gastar bien y ser transparentes, así como garantizar que habrá la infraestructura adecuada ante cualquier eventualidad natural. Debe también haber recursos ahorrados suficientes para el buen mantenimiento de caminos y puentes, así como para la reconstrucción de bienes públicos dañados por algún huracán ó sismo.

 En el caso de los ciudadanos, deben exigir cuentas claras a sus gobernantes, pero también cobrar conciencia de que si están en una zona de peligro, no serán rescatados financieramente, pues si no se generan incentivos perversos de edificar al lado de ríos y lagunas sin asumir responsabilidades (los contribuyentes responsables no debemos financiar las acciones irresponsables de ciertos ciudadanos).

Con los invasores profesionales de predios, nada de negociaciones que sólo fomentan este nefasto y a veces fatal “negocio”, sino la estricta aplicación de la ley.

Ya veremos si nos ponemos las pilas, ó de plano seguimos viendo la misma película de siempre: desastres naturales, damnificados y gobiernos echándose la bolita de la culpa.

• Populismo • Derechos de propiedad • Federalismo • Desastres naturales

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