Foro libre
Jul 12, 2011
Edgar Piña

Ciudad del futuro

¿Hermosillo ciudad del futuro? ¡Ya ni la burla perdonan los gandallas metidos a gobernantes!

Cuando uno escucha las palabras ciudad del futuro, inmediatamente viene a la mente la imagen de una urbe ultramoderna de enormes rascacielos, audaces construcciones, surcada aquí y allá de avenidas, puentes, túneles y señalizaciones. En esta imagen entran y salen del conglomerado urbano trenes de levitación magnética, automóviles de hidrógeno, variedad de artefactos voladores y miles de individuos viajando ordenadamente en vehículos llamados jet-pack.

En esta visión de una concentración humana del futuro, digamos 30 o 50 años, la infraestructura, las edificaciones, los espacios son en sí mismos objetos de alta tecnología. En la misma forma, las actividades productivas, las diversiones, la educación y el descanso, son efectuadas con tecnologías digitales, interacciones virtuales y otros avances que en el presente aún no alcanzamos a concebir.

Debe asumirse, sin embargo, que para que este escenario hoy de ciencia ficción logre ser una realidad en el futuro, deben de confluir un buen conjunto de factores, actores y procesos que aseguren o al menos faciliten una sociedad y una cultura competitiva, innovadora, sustentable. Asimismo, es importante agregar que en esto juegan un papel primordial una infraestructura social y productiva eficiente y eficaz y un equipamiento urbano y de servicios acordes con las exigencias de la globalidad.

Dicho de otra forma y desde un punto de vista de temporalidad, para que exista una ciudad del futuro deben de existir en el presente los cimientos de un pasado, cuyos valores están relacionados con la libre competencia, libertad individual, de ocupación y de comercio; el respeto a la ley, a la naturaleza y a las instituciones; la honestidad, la transparencia y la rendición de cuentas, todo lo cual constituye la plataforma de un desarrollo sostenido y sustentable.

Así se llega, dicho de manera condensada, y de acuerdo a nuestra personal percepción, a una ciudad del futuro.

De fuertes raíces sonorenses y radicado en Hermosillo desde hace algunos lustros, no puedo decir sino que amo a mi ciudad, aprecio sus ventajas, procuro practicar las mejores formas de convivencia con sus pobladores y siempre que tengo la oportunidad trato de aportar el grano de arena para su mejoramiento.

Sin embargo, como ciudadano y como observador de la economía, la política y la sociedad, no hay nada más incómodo que reconocer la ausencia total de planificación y ordenamiento urbano; la deficiente e insuficiente infraestructura productiva y social; vialidades y servicios públicos caros e ineficientes, ausencia total de transporte masivo digno, puntual y confortable y una generalizada falta de respeto a la naturaleza, a las leyes y a los semejantes.

Se han visto recientemente aquí en la capital de Sonora importantes avances en materia de vialidades y un notable crecimiento inmobiliario, comercial y habitacional, pero en el fondo este progreso significa solamente un esfuerzo por remover cuellos de botella que hace mucho tiempo debieron de haberse previsto y resuelto.

Los mitos, los tabúes, las creencias, los hábitos, las actitudes de la gente resultan en una cultura, una ideología, unos valores que premian al deshonesto y castigan al honesto; recompensan a los listos, a los gandallas, a los malandros, a costillas de los inteligentes, los trabajadores, los estudiosos, los bien portados.

Sí existen, por supuesto, individuos, familias, sectores importantes de la población que se conducen por los valores del trabajo, el esfuerzo, la honestidad, el respeto a las leyes, a la naturaleza y a los semejantes, pero su influencia no logra contrarrestar los efectos perniciosos de una mayoría en el mejor de los casos indiferente y conformista y en el peor francamente deshonesta, oportunista y abusona.

Sustento de estas apreciaciones sobre nuestra realidad, es posible encontrarlo al observar el comportamiento de la gente en las calles, cuando maneja, en los lugares públicos, en los supermercados, en los cines, en los restaurantes.

Una ciudad sin agua y sin una verdadera cultura del agua; una ciudad circundada por una actividad primaria (agricultura, ganadería, pesca y acuacultura) depredadora de los recursos naturales y capaz de colocar productos en el exterior gracias sólo al costo no pagado a la naturaleza y a la mano de obra barata y maltratada; una ciudad, sin industria manufacturera y asiento de una enorme burocracia federal, estatal y municipal, que le da apariencia de progreso y bienestar, pero que se caracteriza por una enorme periferia de pobreza, abandono, delincuencia y mortandad, no reúne los requisitos para ser no sólo una ciudad del futuro, sino tampoco una ciudad del presente.

¿Hermosillo ciudad del futuro? ¡Ya ni la burla perdonan los gandallas metidos a gobernantes!



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