LUNES, 25 DE JULIO DE 2011
Una falacia peligrosa y desastrosa

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“Persiste la creencia falaz de que los congresos pueden aprobar presupuestos millonarios y con ello “inyectar liquidez” a la economía, lo que supuestamente estimula la demanda agregada y con ello la producción y el crecimiento económico. Pero, ¿de dónde obtiene el gobierno el dinero que inyecta en la economía?”


Persiste la creencia falaz de que los congresos pueden aprobar presupuestos millonarios y con ello “inyectar liquidez” a la economía, lo que supuestamente estimula la demanda agregada y con ello la producción y el crecimiento económico. Al menos ese es el caso en el congreso estadounidense.

Preguntémonos primero, ¿de dónde obtiene el gobierno el dinero que inyecta en la economía?

El Congreso estadounidense (ningún congreso) no tiene una caja fuerte con dinero a la espera de ser repartido. Cada dólar que el Congreso inyecta en la economía primero ha de ser extraído de la economía a través de impuestos o de préstamos al sector privado. No se crea nuevo poder de gasto. Meramente se redistribuye de un grupo de personas a otro.

Si los gobiernos anuncian que construirán carreteras y carreteras, que gastarán múltiples subsidios a la vivienda (por cierto, es el gasto gubernamental subsidiario el que provoca que se construyan miles de viviendas sin habitar, viviendas que fueron construidas no respondiendo a la demanda del mercado, sino a los estímulos fiscales que luego se traducen en pérdidas multimillonarias -casas que no se venden en tiempo y forma-, véase el caso de países como España ó el Estado de México) y con ello presumen que crearán miles de empleos, omiten una cuestión elemental y a la vez trascendente por afectar el crecimiento económico de largo plazo. El Congreso debe primero tomar prestado los miles de millones que invertirá en las carreteras y las viviendas; y dichos recursos los recibe -préstamo- del sector privado, que perderá entonces el mismo número de empleos creados por el sector público. El gasto en carreteras ó vivienda simplemente transfiere trabajos e ingresos de una parte de la economía a otra.

Quitar agua por un lado de la piscina y echarla en el otro no aumentará el nivel del agua. De igual manera, tomar dinero de una parte de la economía y distribuirla en otra parte no hará que la economía crezca.

En su ensayo, Lo que se ve y lo que no se ve, el economista francés Frederic Bastiat llamó a esto la “falacia de la ventana rota”, en referencia a un mito local de que romper ventanas estimularía la economía creando trabajos de reparación de ventanas. En realidad, el gasto de reparación vendría de fondos que de otro modo se habrían gastado (y hubiesen creado empleos) en otros lugares de la ciudad. Hoy, la falacia de la ventana rota explica por qué millares de trabajos generados con los enormes estímulos fiscales y monetarios estadounidense no están mejorando en conjunto la tasa de desempleo total. Economistas como Krugman deberían recordar esto y dejar de mostrarse como incompetentes al exigir más estímulos fiscales de tipo keynesiano.

El economista John Cochrane, de la Universidad de Chicago, señala además:

“Primero, si no se va a imprimir dinero, tiene que venir de algún lado. Si el gobierno le pide prestado un dólar, es un dólar que Ud. ya no tiene para poder gastar o prestar a una compañía para que lo invierta. Cada dólar de incremento del gasto gubernamental se debe corresponder con un dólar menos de gasto privado. Los trabajos creados con el dinero del estímulo se compensan con los trabajos perdidos por el declive del gasto privado. Podemos hacer carreteras en vez de fábricas, pero el estímulo fiscal no puede ayudarnos a hacer más de ambas cosas. Este “efecto desplazamiento” es sólo contabilidad, y no se apoya en percepciones o presunciones de comportamiento.

“Segundo, la inversión es “gasto” tanto como lo es el consumo. Los defensores del estímulo fiscal keynesiano quieren que el dinero se gaste en consumo, no que se ahorre. Evalúan los anteriores programas de estímulo por la cantidad de dinero gastado por la gente en bienes de consumo en vez de haber sido ahorrado. Pero la economía en su conjunto no se preocupa de si Ud. compra un coche o si le presta el dinero a una empresa para que compre un montacargas”.

De hecho, la evidencia es muy mala si analizamos la historia del gasto público. Los grandes paquetes de estímulo a menudo reducen la productividad a largo plazo en una economía ya que transfieren recursos del sector privado, más productivo, al gobierno, menos productivo. Es raro que haya una buena relación calidad-precio en lo que gasta el gobierno. Sin embargo, los paquetes de estímulo dan a los políticos la justificación para repartir dinero de los impuestos a electores a los que favorecen. Al incrementar los déficits presupuestarios, así como legislar a favor de grandes paquetes de estímulo, sólo se contribuye mayores tasas de interés y simultáneamente se carga con más deuda a las futuras generaciones. Así de desastroso suele ser el gasto gubernamental. Ese será el destino de Europa y EU.

A pesar de la clara evidencia de las atrocidades del keynesianismo, persisten los tontos que creen que si no hubiera habido estímulos fiscales estaríamos peor. Vaya burrada (ver, por cierto, La burrada económica). Y son los que pedían que México subiera el déficit de finanzas públicas y el nivel de endeudamiento. Cínicos irresponsables.

Lo peor del escenario es que EU está jugando peligrosamente también con la política monetaria, que está sirviendo perversamente para financiar al gobierno en quiebra de Barack Obama. De proseguir así, la inflación está a la vuelta de la esquina para EU.

Al parecer la salida del Congreso estadounidense no será la de hacer un ajuste importante al gasto, sino tal vez maquillar algunas cifras y permitir que prosiga el keynesianismo rampante. Un grave error sería el subir impuestos a los ricos. En Europa están ajustando y llegando a acuerdos, pero será el contribuyente el que pagará los platos rotos, de eso no hay duda alguna.

Por el bien de los contribuyentes y por la salud del crecimiento económico mundial, ojalá volvamos a ver políticas fiscales y monetarias prudentes u ortodoxas y dejar de jugar al “mago keynesiano”.

• Política fiscal • Intervencionismo • Crisis / Economía internacional • Estados Unidos • Estatistas / Gubernamentólatras

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