VIERNES, 19 DE AGOSTO DE 2011
El séptimo mandamiento (II)

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“El camino al progreso económico pasa, ¡necesariamente!, por el respeto a la libertad individual y la propiedad privada, y por la mayor competencia posible en todos los mercados. Es una cuestión de principio, pero también lo es de eficacia, eficacia que se limita, y principio que no se respeta, si el gobierno viola el séptimo mandamiento.”


Si el gobierno ha de respetar la libertad individual y la propiedad privada, y promover la mayor competencia posible en todos los mercados,  debe respetar, sin concesión a la violación, el decálogo que presenté en la primera entrega. Obviamente no hay gobierno que lo respete, y todos lo violan en mayor o menor medida, lo cual causa, entre otros efectos, las crisis económicas, comenzando por las de sobreendeudamiento, como lo son las que enfrentan muchos gobiernos, comenzando por el estadounidense y siguiendo, por mencionar a los más conspicuos, con el griego, el portugués y el irlandés.

¿Cuándo enfrenta un gobierno un problema de sobreendeudamiento? Cuando para pagar deuda vieja tiene que contraer deuda nueva, lo cual supone destapar un hoyo para tapar otro, por lo que, al final de cuentas, se sigue teniendo el problema de un hoyo destapado. ¿Cuál es el origen de dicho problema? En primer lugar el hecho de recurrir al endeudamiento para financiar, de manera habitual, parte del gasto, la que corresponde al déficit presupuestario, definido como aquella parte del mismo que no se financia con impuestos sino con deuda. En segundo término, un gasto gubernamental creciente, tanto en términos absolutos (medido en pesos y centavos) como relativos (medido como proporción del PIB), financiado, no con impuestos, sino con deuda.

La causa del sobreendeudamiento de los gobierno es un creciente gasto gubernamental financiado con deuda, que crece al paso del crecimiento de aquel, momento de traer a colación el séptimo mandamiento del Decálogo del buen comportamiento del gobierno, que a la letra dice: “Aceptarás, como falta peligrosa, el déficit presupuestario, y por ello el endeudamiento, motivo por el cual, por ninguna causa y en ningún monto, te endeudarás: financiarás todo tu gasto con impuestos”.

Este es uno de los mandamientos más violados, desde el momento en el cual el endeudamiento se ha vuelto, prácticamente para cualquier gobierno, una manera habitual de financiar su gasto, por lo que igualmente habitual se ha vuelto el déficit presupuestario, que es aquella parte del gasto financiada, no con impuestos, sino con deuda, al menos a corto y mediano plazo, porque al final de cuentas, como lo vio Robert J. Barro, quien popularizó el teorema de la equivalencia ricardiana (por el economista clásico David Ricardo) mismo que, en una de sus versiones, afirma que la deuda gubernamental de hoy se convertirá, mañana, directa o indirectamente, en más impuestos. Al final de cuentas, hoy, mañana o pasado mañana, de una u otra manera, todo el gasto gubernamental se financia con impuestos, por lo que el endeudamiento no pasa de ser un engaño por el que, tarde o temprano, acaban pagando los contribuyentes.

Por último recordar que el camino al progreso económico pasa, ¡necesariamente!, por el respeto a la libertad individual y la propiedad privada, y por la mayor competencia posible en todos los mercados. Es una cuestión de principio, pero también lo es de eficacia, eficacia que se limita, y principio que no se respeta, si el gobierno viola el séptimo mandamiento.

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