LUNES, 22 DE AGOSTO DE 2011
¿Políticas macroeconómicas de estabilización activas o pasivas?

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac L. Sánchez







“¿Debería la política monetaria y fiscal tomar un rol activo para estabilizar la economía o debería tomar un rol pasivo?”


"There are things we can do right now that will mean more customers for businesses and more jobs across the country." -Barack Obama

En estos momentos, como resultado de la crisis de deuda americana y europea, resurge una pregunta crucial, ¿cómo deberían responder los tomadores de decisiones al ciclo económico? Existen al menos dos posiciones en conflicto. La primera considera que la economía es inherentemente inestable, supone que los choques de demanda y oferta agregada son frecuentes. Por lo que es necesario hacer uso de la política monetaria y fiscal para estabilizar la economía, ya que estos choques pueden conducir a fluctuaciones innecesarias e ineficientes en el producto, el empleo y la inflación. De acuerdo a esta visión, la política macroeconómica debe ir contra la corriente, estimulando la economía cuando está deprimida y reduciéndola cuando está sobrecalentada. Dicho enfoque se le conoce como contra-cíclico.

La segunda posición plantea que la economía es por naturaleza estable. De hecho, para los que la defienden y argumentan, las malas políticas son las responsables de las grandes e ineficientes fluctuaciones que muchas veces se presentan. De acuerdo con sus planteamientos, la política económica no debe tratar de ajustar la economía, lo que se requiere es que los hacedores de política reconozcan sus habilidades limitadas y queden satisfechos con no hacer más daño.

El debate ha existido durante décadas en la ciencia económica, ambos grupos han presentado evidencia que les favorece, todavía no existe un consenso, a pesar de eso, lo más común es que exista un elevado activismo gubernamental. En el terreno académico y de las ideas, el debate se ha conducido por otras dos preguntas fundamentales, una de las cuales analizo ahora, la otra queda pendiente. La primera es: ¿debería la política monetaria y fiscal tomar un rol activo para estabilizar la economía o debería tomar un rol pasivo? La segunda pregunta es: ¿deben los hacedores de política económica actuar discrecionalmente en respuesta a las cambiantes condiciones económicas o deben actuar bajo una regla fija?

Los hacedores de política de los gobiernos consideran que la estabilización es una de sus principales responsabilidades y en ese sentido la respuesta a la primera pregunta sería muy sencilla y obvia, tienen que utilizar las políticas económicas a su alcance para estabilizar el ciclo, de hecho como se mencionó en un inicio, esa es la respuesta de muchos economistas, consideran que no usar los instrumentos de política a su alcance representa una pérdida de oportunidades para estabilizar a la economía. Intervenir es algo sumamente natural para ellos, no sujeto a crítica ni reflexión.

Afortunadamente, o desafortunadamente, existe otro grupo de economistas que son críticos de los intentos del gobierno para estabilizar la economía, para ellos el gobierno debe evitar hacer uso de la política macroeconómica con fines de estabilización. Sus argumentos son básicamente cuatro: 1) los rezagos en la implementación y los efectos de las políticas; 2) la dificultad de realizar pronósticos económicos; 3) la ignorancia y las expectativas; y 4) las lecciones de la historia.

Veamos, resulta que la estabilización económica sería una tarea sumamente sencilla si los efectos de la política fueran inmediatos. Pero esto no ocurre, porque existen muchos rezagos o retrasos y éstos son muy difíciles de predecir. La duración y variabilidad de los rezagos complica la política monetaria y fiscal. Es posible que una medida que teóricamente funcionaría para aminorar el desempleo, termine no teniendo ese efecto, como consecuencia de la tardanza en la aplicación del instrumento y la ocurrencia del fenómeno.

Los economistas distinguen entre dos tipos de rezagos: rezagos internos y rezagos externos. Los primeros se definen como el tiempo entre un choque en la economía y la acción de política correspondiente a ese choque. Estos rezagos aparecen porque le toma tiempo a los tomadores de decisiones reconocer que un choque ha ocurrido y luego poner en marcha políticas para contrarrestarlo. Los segundos se definen como el tiempo existente entre una acción de política económica y su influencia en la economía. Estos rezagos aparecen porque las políticas no influyen de manera inmediata.

El tamaño y variabilidad de los rezagos asociados con la política monetaria y fiscal hace que la estabilización de la economía sea una tarea complicada. En lugar de contribuir a la mejora es posible que logremos que las cosas empeoren. ¿Quiere decir esto, que la política de estabilización es una tarea imposible? No existe una respuesta clara, la evidencia empírica existente presenta argumentos tanto a favor como en contra.

Por cierto, en la mayor parte de economías modernas existen “estabilizadores automáticos”, los cuales son instrumentos diseñados para reducir los rezagos asociados con la política de estabilización. Dichos estabilizadores permiten estimular o deprimir las economías cuando es necesario, sin tener que realizar un cambio deliberado de política económica. La mayor parte de ellos son instrumentos de política fiscal sin rezagos internos.

La segunda razón por la que se sugiere tener las manos quietas, tiene que ver con la dificultad para realizar pronósticos. Estabilizar la economía requiere la predicción de las futuras condiciones económicas. Si no podemos predecir con exactitud si la economía entrará en recesión o solamente se desacelerará en los próximos meses, entonces no podemos evaluar la magnitud de los instrumentos de la política monetaria y fiscal actual. La economía es una ciencia que se encarga del estudio de lo que hacen las personas dentro del sistema productivo, por lo tanto, se enfrenta a la incertidumbre, existen acontecimientos que están más allá de nuestra comprensión.

Actualmente, la mayor parte de economías cuenta con un sistema de indicadores líderes que les permiten anticiparse –aparentemente- a cada una de las etapas del ciclo. El problema con dichos indicadores es que se construyen sobre la base de una trayectoria histórica, en unos casos, y en otros, en base a encuestas de percepción, lo que sugiere que no podemos darles mucha importancia siempre. La otra opción consiste en la realización de complejos modelos macro-econométricos de estimación, los que de acuerdo con Lucas[1], son algo inútiles (por cierto le sugiero a mis lectores darle un vistazo al trabajo citado, porque fue una de las dos razones por las que dicho autor ganó el Premio Nobel de Economía en 1995).

Hace algunos años, Domínguez, Fair y Shapiro[2], realizaron un artículo que demostró lo mal que estuvieron los pronósticos económicos durante la Gran Depresión e incluso argumentaron que no hubieran sido mejores con las técnicas modernas de pronóstico disponibles en la actualidad. Especialmente relevante fue la falla en el pronóstico de un notable economista como Irving Fisher, quien en 1931 suponía que la economía se recuperaría rápidamente, lo que no fue cierto, ya que la tasa de desempleo continuó incrementándose hasta 1933.

La tercera razón por la que es mejor mantenerse cautos es la ignorancia, los profesionales de la economía tienen que reconocer que saben poco, que aún tienen que seguir trabajando en la búsqueda de respuestas. Es común ver que opinan sobre todo, sin realmente tener las condiciones para hacerlo, dejar atrás la arrogancia es un buen consejo para quien se dedica a esto [sic]. El camino más prometedor para acercarse a respuestas sólidas para enfrentar el ciclo económico se encuentra en descubrir la forma en la que las personas forman sus expectativas. Las expectativas son cruciales porque determinan todo tipo de comportamiento.

Por cierto, aunque las expectativas dependen de muchas cosas, una es particularmente interesante: las políticas perseguidas por las autoridades. En función de esto, los responsables de diseñar e implementar políticas económicas necesitan determinar cómo las expectativas de las personas responderán a cambios en política. Para Lucas (1976), la gran falla de la política económica es que no toma en cuenta el papel de las expectativas. Incorporarlas en el análisis del impacto de la política económica no es una tarea sencilla y requiere de mucha humildad, ya que de lo que se trata en última instancia es de evaluar el comportamiento humano en la esfera económica.

Arriba he mencionado que los datos son importantes al momento de decidir si la política macroeconómica de estabilización debe jugar un rol activo o pasivo. La historia cuenta, no puede ser soslayada, el análisis de los agregados en el tiempo y las políticas implementadas puede ser de utilidad para definir con argumentos técnicos la posibilidad de actuación. Aunque también debe reconocerse que la evidencia histórica muchas veces permite más de una interpretación.

Al final, lo que tenemos es que en el terreno práctico, casi todos los líderes de los países deciden intervenir, prefieren eso a correr el riesgo político de no actuar y ser desplazados por sus rivales. Son pocos los casos (me encuentro buscándolos), en los cuales los tomadores de decisiones hayan decidido quedarse al margen. Normalmente, ante cada acción buscan tener una reacción. En la mayor parte de los casos, los argumentos que he presentado antes ni siquiera son considerados seriamente. No obstante, en el mundo académico y de las ideas, el debate persiste en la búsqueda de un acuerdo que permita elevar el bienestar de la sociedad.  


[1] Lucas Jr., Robert, 1976, Econometric policy evaluation: A critique, Carnegie-Rochester Confer. Series on Public Policy, 1, pp. 19-46.

[2] Domínguez, Kathryn, Fair, Ray y Shapiro, Matthew, 1988, “Forecasting the depression: Harvard versus Yale”, American Economic Review, 78, pp. 595-612.

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