LUNES, 22 DE AGOSTO DE 2011
Las tres verdades (I)

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Tres verdades que, ignoradas sistemáticamente por los políticos irresponsables, acaban imponiéndose con la fuerza de los hechos, hechos problemáticos que ocasionan crisis por las que pagan justo por pecadores, es decir, gobernados por gobernantes.”


Para entender, en la medida de lo posible, la causa de los problemas por los que están atravesando varios gobiernos del mundo, desde el estadounidense hasta el griego, hay que tener presentes las siguientes tres verdades: 1) No hay tal cosa como una cena gratis; 2) No hay algo que el gobierno le de a un gobernado que previamente no le haya quitado a otro; 3) Ningún gobernante paga lo que debe, verdades que, ignoradas sistemáticamente por los políticos irresponsables, acaban imponiéndose con la fuerza de los hechos, hechos problemáticos que ocasionan crisis por las que pagan justo por pecadores, es decir, gobernados por gobernantes. Es por ello que vale la pena dedicar tiempo a reflexionar sobre ellas.

No hay tal cosa como una cena gratis, y desde aquel problema de Adán y Eva y la manzana, y su consiguiente expulsión del Paraíso, así han sido las cosas: no hay nada gratis, mucho menos en el campo de la economía, en general, ni mucho menos en el de la acción del gobierno, en particular, lo cual quiere decir que el gobierno es incapaz de ofrecer lo que ofrezca, desde seguridad contra la delincuencia e impartición de justicia, hasta mecenazgo a las artes y apoyo al deporte, sin que alguien pague el precio, sin que alguien asuma el costo o, para decirlo con más corrección, sin que a alguien se le haga pagar el precio, sin que a alguien se le endilgue el costo, en muchos de los casos, de hecho en la mayoría, sin que el afectado esté consciente del abuso del que es objeto.

Partiendo de tal hecho – no hay tal cosa como una cena gratis – ante toda acción del gobierno, ante cualquier política pública, deben plantearse las siguientes cuatro preguntas: 1) ¿a quién beneficia?; 2) ¿a quien perjudica?; 3) ¿cuánto cuesta?, y, dado que no hay tal cosa como una cena gratis, 4) ¿quién paga?, y ninguna política pública, ni ninguna acción gubernamental, deberían realizarse antes de contar con las respuestas a tales interrogantes. Esa respuesta es condición de los gobiernos responsables, de la misma manera que lo es de la transparencia gubernamental.

Una de las causas del tipo de problema que enfrentan hoy muchos gobiernos, problema que en esencia es el del sobreendeudamiento, es decir, el de tener que recurrir, de manera habitual, a la contratación de deuda nueva para pagar deuda vieja, es el no haber actuado consecuentemente con esa verdad, que por serlo hace referencia a un hecho innegable, no hay tal cosa como una cena gratis, verdad que ni el gobierno “más poderoso” del mundo, el estadounidense, es capaz de violar impunemente, y a las pruebas me remito.

Cada vez que un gobernante irresponsable prometa esto o aquello el gobernado responsable deberá preguntarle, consciente de que no hay tal cosa como una cena gratis, esa promesa, una vez hecha realidad, a quién beneficiará, a quien perjudicará, cuánto costará y quién pagará. Tal vez, respuesta en mano, la promesa ya no resulte tan atractiva.

Continuará.

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