LUNES, 29 DE AGOSTO DE 2011
Otra vez el fantasma de la estanflación

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“La expansión crediticia irresponsable es sólo el camino de servidumbre que lleva al desastre económico. Y la estanflación es un ejemplo de la arrogancia de algunos políticos y economistas irresponsables.”


Estanflación es una palabra derivada del inglés, stagnation, la cual determina un momento en el que la economía se halla con una tasa alta de desempleo (estancamiento económico) y, a su vez, con inflación.

Para que haya estanflación, el Producto Interno Bruto (PIB) de un país decrecerá a lo largo de dos trimestres consecutivos. Pero a su vez el decrecimiento del producto coincide con un notable y constante incremento en los precios.

El problema que surge de este fenómeno económico, es cómo solucionarlo. Por un lado las políticas económicas expansionistas, que llevan a un crecimiento económico y del empleo (corto plazo) traen a su vez tasas inflacionarias considerables. Esto es a lo que apuestan Krugman y los demás keynesianos. Por el otro, aquellas que se utilizan para detener un proceso inflacionario (políticas monetarias y fiscales restrictivas) consecuentemente, desaceleran el crecimiento económico, y llevan a aumentar las tasas de desempleo.

La estanflación no es algo novedoso. Ha tenido sus raíces en la década de los 70’s. En esos años, con una fuerte alza en el precio del petróleo, se generaron tasas elevadas de inflación, y una caída en la producción de las empresas acompañada del despido masivo de trabajadores, aumentando así las tasas de desempleo.

¿La causa? La irresponsabilidad monetaria de la Reserva Federal de EU (FED). Al más puro estilo de Bernanke (presidente hoy de la FED) la FED de esos años se lanzó a emitir dinero sin ton, lo que llevó al precio del petróleo a niveles récord (para la época), impactando en muchos precios relativos de bienes de consumo, con lo que se llegaron a registrar crecientes tasas de inflación que incluso superaron el digito en los propios EU (tasa de inflación cercana al 14%).

El fin de la estanflación consistió en meterle freno a la irresponsable expansión monetaria (tarea que exitosamente realizó el banquero central Paul Volcker) lo que inicialmente generó recesión, pero sentó las bases para el crecimiento próspero de los años noventas acompañados de bajas tasas de inflación. Hay que recordar la historia.

La semana pasada Ben Bernanke apareció como el buen “mago keynesiano” que es y afirmó que las tasas de interés seguirían cercanas a cero por lo menos dos años más. La inflación probable, resultado de los estímulos monetarios podrían aguarle la fiesta a Bernanke y a los keynesianos. La semana pasada se registraron alzas en el índice de precios al productor y las solicitudes semanales de apoyo al desempleo aumentaron otra vez y se ubicaron por encima de las 400,000.

Hay quienes perciben el alza en el precio de los bonos del tesoro a 10 años como ejemplo de una irracional muestra de confianza en el gobierno estadounidense. Yo esto lo veo de manera parcial y me apoyo nuevamente en la historia. Cuando el precio de los bonos sube (y con ello se reduce su rendimiento), es porque los inversionistas están ávidos de minimizar el riesgo en otros activos como lo son las acciones bursátiles que son emitidas por las empresas privadas. ¿Y cuál es la razón de la huida? Simple, el temor a una nueva recesión de la economía estadounidense. Sólo hay que checar los niveles récord del precio de la onza de oro. Ahí están los números y el desempleo no cede.

De hecho, la propuesta de estímulo fiscal del presidente Obama fracasó según sus propios términos. En un informe de enero de 2009, economistas de la Casa Blanca predijeron que la propuesta de estímulo crearía (no solamente que salvaría) 3.3 millones de trabajos netos para finales del 2010. Desde entonces, se han perdido otros 3.5 millones netos de trabajos, llevando la tasa de desempleo por encima de 9% -y a veces tocando y rebasando el 10%. Si el gobierno estadounidense le apuesta a más y más gasto, a mayor monetización de la deuda por parte de la FED, volverán a aparecer los síntomas de estanflación (estancamiento e inflación) que caracterizaron a la era Nixon y Carter de los años setentas.

Yo, definitivo, no le entro al juego del mago charlatán y no predigo el futuro, pero sí sé algo sólido: de no regresar a la ortodoxia fiscal y monetaria se nos puede aparecer nuevamente el fantasma de la estanflación de los años setentas.

Qué fácil se olvida que el dinero es sólo un medio de cambio y que la generación de riqueza se basa en el esfuerzo y trabajo diario para satisfacer necesidades.

Lo otro, el abuso monetario, la expansión crediticia irresponsable es sólo el camino de servidumbre que lleva al desastre económico. Y la estanflación es un ejemplo de la arrogancia de algunos políticos y economistas irresponsables. No lo olvidemos.

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