Pesos y contrapesos
Ago 29, 2011
Arturo Damm

Gobierno mexicano, ¿qué tan bien portado?

¿Qué sentido tiene que usted, lector, mida sus deudas, sobre todo si lo que quiere es darse una idea de qué tan grave es el problema, como proporción del ingreso generado por todos los agentes económicos que operan en la economía mexicana?

Comentario oído al pasar: “Quién lo iba a decir, el gobierno mexicano dándole al estadounidense lecciones de buen comportamiento”, comentario referido al hecho de que, en lo tocante al manejo de las finanza gubernamentales, el del mexicano ha sido mejor que el del estadounidense, que enfrenta un grave problema de sobreendeudamiento: en los diez primeros años de este siglo su deuda aumentó de 5.8 a 14.3 billones de dólares y en 2013 alcanzará los 16.4. La pregunta que debemos responder es: ¿realmente, qué tan bien se ha portado el gobierno mexicano? Veámoslo.

En el año 2000 la deuda total (interna: denominada en pesos, y externa: denominada en dólares) del Gobierno Federal fue equivalente al 16.4 por ciento del ingreso generado en la economía mexicana. En 2010 la equivalencia había alcanzado el 25.0 por ciento, lo cual apunta en la dirección equivocada, y de seguirse por el mismo camino nada más será cuestión de tiempo para que el gobierno mexicano enfrente un problema de sobreendeudamiento similar, en magnitud porque en esencia ya lo es, al que enfrenta el estadounidense.

Llegados a este punto reconozcamos, en contra de los usos y costumbres en la materia, que medir la deuda del gobierno como proporción del ingreso generado por todos los agentes económicos, no es la mejor manera de hacerlo, y que una mejor opción es medirla como proporción del ingreso generado por el gobierno. ¿Qué sentido tiene que usted, lector, mida sus deudas, sobre todo si lo que quiere es darse una idea de qué tan grave es el problema, como proporción del ingreso generado por todos los agentes económicos que operan en la economía mexicana? Ninguno, lo que usted debe hacer es medirlo como proporción de los ingresos que usted genera, y si eso es lo que usted debe hacer, eso mismo es lo que debe hacer, también, el gobierno, sobre todo, insisto, si lo que quiere es darse una idea de la magnitud real de su deuda y de la gravedad de su problema.

Si de medir la deuda gubernamental como porcentaje del ingreso generado por todos los agentes económicos pasamos a medirla como porcentaje de los ingresos generado por el gobierno tenemos que en el 2000 la misma equivalía al 91.7 por ciento de los mismos y que en el 2010 la equivalencia alcanzó el 173.3 por ciento, lo cual apunta en la dirección equivocada, y de continuarse por ese camino nada más será cuestión de tiempo para que el gobierno enfrente un problema más grave del que ya enfrenta: sí, del que ya enfrenta, y que no es otro más que el del sobreendeudamiento o, dicho en otros términos, el de una deuda creciente como porcentaje de sus ingresos.

¿Cómo evitar un descalabro mayor? Respetando el séptimo mandamiento del Decálogo para el buen comportamiento del gobierno, que a la letra dice: “Aceptarás, como falta peligrosa, el déficit presupuestario y, por ello, el endeudamiento, motivo por el cual, por ninguna causa y en ningún monto, te endeudarás: financiarás todo tu gasto, única y exclusivamente, con impuestos”.



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