MARTES, 30 DE AGOSTO DE 2011
Siniestros e inseguridad en Washington

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“Considerando los enormes recursos gastados por EU para prepararse a un eventual ataque terrorista desde la debacle de las Torres Gemelas hace casi una década, es asombrosa la falta de preparación para confrontar situaciones imprevistas como la de un temblor.”


La semana pasada tembló al mediodía en la ciudad de Washington, mientras yo estaba en un restaurante cercano a la Biblioteca del Congreso, dónde había comido con mi querida y vieja amiga Bárbara Tenenbaum, responsable de la magnífica colección mexicana de libros y objetos que guarda esa institución.

Bárbara ya se había retirado, pues viajaba al día siguiente a Brasil y tenía asuntos que terminar, cuando empezó el sismo. La primera reacción de los comensales fue de sorpresa y pánico, expresando de inmediato su temor de que estaba ocurriendo un nuevo ataque terrorista en la capital de su país.

Con mi larga experiencia en sismos mexicanos, opiné con los vecinos de mesa que se trataba de un simple temblor, que yo estimaba ubicarse entre 5.5 y 6 grados en la escala de Richter, lo que se confirmó después, y que lo mejor que podían hacer era permanecer sentados en sus lugares pues no había nada que pudiera caer del techo.

Les dije también que la natural reacción de salir en tropel, no era recomendable pues los accidentes ocurren justamente con las calles repletas de gente, con cornisas y remates de edificios susceptibles de caer sobre la muchedumbre aterrada, además del conflicto con vehículos tratando de escapar por las calles.

Varios comensales no me hicieron el menor caso y aprovecharon para irse sin pagar sus cuentas. Cuando salí del restaurante unos minutos después, la calle estaba abarrotada de gente, en su mayoría oficinistas de los edificios del Congreso de EU que rodean al Capitolio, de los que habían sido evacuados.

El tránsito para regresar a casa se volvió muy complicado pues la policía del Capitolio, haciendo exactamente lo contrario a lo que era recomendable, bloqueó las calles y levantó barreras metálicas para impedir el paso vehicular, como si el movimiento telúrico fuera un ataque terrorista a las instalaciones del Congreso susceptible de ser contenido con tales impedimentos.

En adición a la increíble torpeza de la policía del Capitolio, cuya barbarie e ineptitud me constan desde que en 1989 arrestaron ilegalmente y con violencia a un alto funcionario de nuestra Embajada por un incidente de tráfico menor, el peligro y la posibilidad de accidente al manejar entre hordas de burócratas en las calles y en el arroyo vehicular, crecieron peligrosamente.

En cuanto a la proliferación de policías, Washington se parece mucho a una república bananera pues hay un increíble número de corporaciones sin ninguna coordinación entre sí: la del Capitolio, ya aludida, además de la Metropolitana y las de la Suprema Corte, de Parques, la Casa Moneda, del Zoológico además de las federales, como el Servicio Secreto, FBI, DEA, CIA, etc.

Un trayecto que a esas horas hubiera tomado normalmente 20 minutos, se convirtió en un viacrucis de más de una hora, poniendo en evidencia que en la poderosa capital de la superpotencia, no existe ningún plan conocido para lidiar con una emergencia no anticipable como un terremoto.

La totalidad de las oficinas gubernamentales fueron evacuadas, algunas de ellas por varios días, como las secretarías de Defensa y Seguridad Doméstica, mientras se hacía una evaluación de lo daños sufridos en sus instalaciones. En tales condiciones, ¿quién ordena las acciones para proteger al país y su gente?  

Por el contrario, mientras escribo estas líneas la ciudad empieza a recibir los embates del huracán Irene, cuyo arribo ha sido objeto de propaganda masiva desde que los primeros modelos matemáticos sugirieron que su trayectoria lo llevaría a pasar por la costa este de EU, desde Florida hasta Nueva Inglaterra.

A diferencia del temblor, un huracán es el fenómeno natural que apetecen los medios pues al ser predecible, se presta a una amplia cobertura noticiosa, financiada por profusos comerciales con patrocinio de empresas vinculadas al miedo, como aseguradoras, farmacias y tiendas de abastos de emergencia.

La otra cosa que me quedó clara en el caso de ambos eventos, es que no hay un plan de evacuación de Washington en el caso de una emergencia que así lo demandara, o si que existe, es desconocido para el grueso de la población, lo que equivale a que no lo haya pues nadie sabe qué hacer ante la contingencia.

Considerando los enormes recursos gastados por EU para prepararse a un eventual ataque terrorista desde la debacle de las Torres Gemelas hace casi una década, es asombrosa la falta de preparación para confrontar situaciones imprevistas y la ausencia de planes de respuesta rápida ante tales apremios.

Para muestra basta un botón: 42 minutos después de ocurrido el temblor, la estación de radio pública, National Public Radio, seguía refiriéndose al “presunto” sismo, probando que no sabían a ciencia cierta lo que había pasado.

• Terrorismo • Desastres naturales • Estados Unidos

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