Pesos y contrapesos
Sep 12, 2011
Arturo Damm

Ofrecer barato, ¿Delito? (I)

Ofrecer barato, ofrecer lo más barato posible, comenzando por los libros, ¿es un delito? No, entonces, ¿por qué la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro lo prohíbe?

Recordemos, para empezar, que el hecho que origina al problema económico es la escasez, es decir, el hecho de que no todo alcanza para todos, y menos en las cantidades que cada uno quiere, lo cual quiere decir que los agentes económicos siempre tienen alguna necesidad, deseo, gusto o capricho insatisfecho, problema económico que se puede minimizar, pero no eliminar. ¿Qué se requiere para que ese problema, el de la escasez, y su consecuencia lógica: la insatisfacción, se minimice? Entre otras cosas, pero de manera importante, que los precios sean los más bajos posibles, y que lo sean, no por imposición gubernamental de precios máximos, que son los que se imponen por debajo de los precios de equilibrio, sino por la competencia de los oferentes de los distintos bienes y servicios, competencia que tiene que ser la máxima posible, en todos los sectores de la actividad económica y en todos los mercados de la economía.

¿Por qué los precios bajos contribuyen a minimizar al problema de la escasez y la situación de insatisfacción? Porque con el mismo ingreso, a menores precios, mayor compra de mercancías y, por ello, menor insatisfacción, de tal manera que los precios bajos son una de las condiciones necesarias para minimizar el problema de la escasez, siempre en beneficio del consumidor, momento de recordar lo dicho por Federico Bastiat, tal vez el economistas más clarividente que ha existido, quien afirmó que el criterio para calificar una ley, una política pública, o una acción gubernamental, es el efecto que tal acción, tal política o tal ley tenga sobre el bienestar de los consumidores. Si esto es cierto, ¡y lo es!, entonces todo aquello que, sin manipularlos, apoye la baja de precios, debe ser aplaudido, al tiempo que todo aquello que, por el contrario, la limite o prohíba, debe ser repudiado.

Así las cosas, ¿cómo calificar el artículo 22 de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, en el que se señala que “el editor o importador fijará libremente el precio de venta al público, que regirá como precio único”, por lo que, entre otras cosas, se ha eliminado la posibilidad de que los libreros ofrezcan descuentos, y se ha eliminado ya que ellos, los libreros, tienen que respetar el precio único, impuesto por ley, y fijado, dependiendo del caso, o por el editor o por el importador? ¿Cómo calificar una ley que prohíbe, por poner el caso, que los precios, por obra y gracia de los descuentos, bajen? Para responder recordemos lo dicho en los párrafos anteriores: para minimizar el problema de la escasez, y la situación de insatisfacción que ésta genera, se requiere que los precios de todos los bienes y servicios, libros incluidos,  sean los más bajos posibles, algo que el artículo 22 de la mentada ley hace imposible. ¡Increíble, pero cierto!

Ofrecer barato, ofrecer lo más barato posible, comenzando por los libros, ¿es un delito? No, entonces, ¿por qué la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro lo prohíbe?

Continuará.



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