Pesos y contrapesos
Sep 18, 2011
Arturo Damm

Ofrecer barato, ¿delito? (II)

Ofrecer barato, otorgar descuentos, beneficiar a los consumidores no es delito, y sin embargo, por lo menos con relación a los libros, la ley correspondiente prohíbe los descuentos.

¿Cuál es una de las acusaciones que se le hacen a establecimientos comerciales como Walmart, Costco y similares, sobre todo de parte de sus proveedores? Que los costcos, walmarts y similares los presionan para que bajen sus precios, con la intención de que ellos, los walmarts, costcos y similares, ofrezcan esas mercancías a menor precio que otros establecimientos comerciales, siempre en beneficio de los consumidores, momento de recordar que lo que se requiere para minimizar el problema de la escasez, y la situación de insatisfacción, es que los precios sean los más bajos posibles, de tal manera que todo aquello que, al margen de la manipulación gubernamental, contribuya a que así sea debe ser aplaudido. ¿Incluidos los casos en los que los costcos, walmarts y similares presionan a sus proveedores para que bajen sus precios con la intención de que ellos, los walmarts, costcos y similares, ofrezcan, beneficiando a los consumidores, a menor precio? Sí, incluidos esos casos, momento de recordar que el criterio para calificar, en el campo de la economía, cualquier acción, es el efecto que la misma tiene sobre el bienestar de los consumidores, de tal manera que todo aquello que, sin manipulaciones gubernamentales, de como resultado menores precios, elevando el bienestar de los consumidores, debe aplaudirse. ¿Aún en el caso del monopsonio? Sí, aún en ese caso.

El monopsonio es aquella situación de mercado en la cual hay un solo comprador (supongamos un Costmart), lo cual le otorga una posición de ventaja sobre sus proveedores (supongamos editores de libros), pudiendo “obligarlos” a venderle a un precio menor del que le venderían si ellos, los proveedores, tuvieran otras opciones de venta. Lo anterior es cierto, pero ello no quiere decir que el monopsonista pueda comprarle a sus proveedores al precio que le de la gana. Si así fuera, ¿por qué no les compra al precio ideal para todo comprador: cero pesos con cero centavos? Porque a ese precio no habría proveedores dispuestos a proveer.

Lo anterior quiere decir que el monopsonista puede obligar a sus proveedores a bajar el precio hasta cierto punto, aquel en el cual el proveedor recupera sus costos de producción, incluida en ellos la ganancia normal. Por debajo de ese punto el proveedor deja de producir, y por ello de proveer, lo cual afecta, en primer lugar, al monopsonista, quien ya no tendrá mercancías que ofrecer a los consumidores. A lo más a lo que puede llegar el monopsonista es a “obligar” a que sus proveedores sacrifiquen sus ganancias extraordinarias (las que surgen cuando venden a un precio mayor del que les permite cubrir sus costos de producción, incluida en ellos la ganancia normal), y a que lo hagan en beneficio de los consumidores, lo cual apunta en la dirección correcta.

Ofrecer barato, otorgar descuentos, beneficiar a los consumidores (dado que, ceteris paribus, a menores precios mayor consumo, menor escasez y menor insatisfacción), ¿es delito? No, y sin embargo, por lo menos con relación a los libros, la ley correspondiente prohíbe los descuentos.



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