LUNES, 10 DE OCTUBRE DE 2011
Lo legal y lo moral, cosas distintas

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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


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“Pedirle al gobierno que haga valer, por la fuerza, ciertos principios morales, cuya violación puede dar lugar a una inmoralidad, pero no necesariamente a un delito, es pedirle que limite arbitrariamente la libertad individual y la propiedad privada.”


En uno de los últimos Pesos y Contrapesoscritiqué la decisión del Gobierno Federal de prohibir, a partir del incendio, ¡provocado!, en el casino Royale de Monterrey, la apertura de nuevos casinos en México, y pregunté si no sería absurdo que, consecuencia de la muerte de algunos clientes por el incendio, ¡también provocado!, en una panadería, el gobierno prohibiera la apertura de nuevas panaderías, como si la culpa por los asesinatos fuera de los panaderos y no de la incapacidad de las autoridades para, con honestidad y eficacia, garantizar la seguridad contra la delincuencia. Si, suponiendo el caso, resultaría absurdo que el gobierno prohibiera la apertura de nuevas panaderías, ¿no resulta igualmente absurdo, ya dado el caso, que prohíba la apertura de nuevos casinos?

Un lector, a quien agradezco la molestia que se tomó, me escribe lo siguiente, que transcribo tal cual: “Sr. Damm, buenos días – en lo personal un casino para mí, es un centro de enajenación, vicio y, hasta cierto punto, de perdición. No podemos hacer la comparación con un lugar como una panadería, y no lo considero una arbitrariedad, sino una acción retardada de parte de la SG…”. Por lo que entiendo mi lector considera que el gobierno tiene la obligación de prohibir todo lo que suponga enajenación, vicio y perdición, y que tiene la obligación de hacerlo para evitar (habrá que ver si realimente lo consigue) que la gente se enajene, caiga en el vicio y se pierda. Por lo que entiendo mi lector está convencido de que el gobierno debe, además de prohibir las acciones delictivas por su propia naturaleza (matar, secuestrar, mutilar, violar, robar y demás por el estilo), prohibir las que, según los principios de cada quien, resulten moralmente cuestionables, como lo pueden ser el juego y las apuestas. Por lo que entiendo mi lector está convencido de que la tarea del gobierno es, además de garantizar el respeto a los derechos de los demás, imponer ciertos principios morales.

Si no queremos tener, como de hecho lo tenemos en muchos casos, al gobierno metido hasta la cocina, prohibiendo acciones que no son delictivas por su propia naturaleza, por más que sean viciosas, enajenantes y causas de perdición (siendo el caso más conspicuo el consumo de drogas), debemos limitar su tarea a prohibir las acciones delictivas por su propia naturaleza y, en caso de que la prohibición falle, a impartir justicia. Jugar y apostar puede ser moralmente cuestionable, pero no se trata de actividades delictivas por su propia naturaleza, razón (ojo: razón) por la cual el gobierno no debe prohibirlas. 

Pedir que el gobierno provea algo más que seguridad contra la delincuencia, justicia y bienes públicos, ¡que realmente lo sean!, implica abrir la caja de Pandora, con su mal más conspicuo: limitar arbitrariamente la libertad individual y la propiedad privada, sobre todo cuando lo que se le pide al gobierno es que haga valer, por la fuerza, ciertos principios morales, cuya violación puede dar lugar a una inmoralidad, pero no necesariamente a un delito.

• Liberalismo • Moralina autoritaria • Estatistas / Gubernamentólatras

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