Pesos y contrapesos
Oct 19, 2011
Arturo Damm

Rescatar o no rescatar, esta es la pregunta

¿Debe o no debe, el Fondo Monetario Internacional, FMI, o gobiernos con posibilidades para ello, rescatar a gobiernos quebrados?

¿Debe o no debe, el Fondo Monetario Internacional, FMI, o gobiernos con posibilidades para ello, rescatar a gobiernos quebrados? Mi respuesta es que no, y lo es por considerar que con el rescate se pierde una excelente oportunidad para que los gobiernos corrijan el problema de fondo, y el fondo del problema, que no es otro más que el déficit presupuestario, es decir, aquella parte del gasto gubernamental financiada, no con impuestos, sino con deuda, o, para ser más puntual, un gasto gubernamental creciente financiado con más, y más, y  más, y más deuda, hasta llegar al punto en el cual se requiere contraer deuda nueva para pagar deuda vieja, y contraerla a tasas de interés cada vez mayores, hasta que la situación se vuelve insostenible, problema que se corrige, no aumentando ingresos, mucho menos por la vía de la multiplicación de impuestos, sino recortando gasto.

El problema de fondo es el exceso de gasto, no la insuficiencia de ingresos, de tal manera que el fondo del problema se resuelve, no por el lado de los ingresos, sino de los egresos, solución que se posterga en la medida en la que el FMI, o gobiernos con posibilidades de hacerlo, vayan al rescate, lo cual supone atacar, proporcionando ingresos, el efecto del problema, no su causa, que es un gasto gubernamental creciente financiado con más, y más, y  más deuda, consecuencia del gobierno ángel de la guarda, que pretende preservar a los gobernados de todo mal, y del gobierno hada madrina, cuya intención es otorgarle al ciudadano todos los bienes, gobiernos ángel de la guara y hada madrina que requieren, para poder llevar acabo sus múltiples tareas, de más, y más, y más recursos, para lo cual, y con el fin de no perjudicar al contribuyente (aunque al final de cuentas todo gasto gubernamental se financia con impuestos), recurren al endeudamiento, y a más endeudamiento, y a más endeudamiento, hasta el momento en el cual el sobreendeudamiento es tal (y hay sobreendeudamiento cuando se necesita contraer deuda nueva para pagar deuda vieja), que ya nadie está dispuesto a prestarle.

Ahora bien, una cosa es que me oponga a que, con recursos extraídos de los bolsillos de los contribuyentes, el FMI, o los gobiernos con posibilidades de hacerlo, rescaten a gobiernos irresponsables, y otra muy distinta que también me oponga a que los gobiernos irresponsables se sienten a la mesa a negociar con sus acreedores, que muy probablemente también fueron un tanto cuanto irresponsables a la hora de otorgar créditos. Obviamente que esto último se debe hacer.

Por último no podemos pasar por alto lo que supone la corrección de fondo del problema, siendo que el problema de fondo es, ¡hay que insistir!, un gasto gubernamental creciente financiado con más, y más, y  más deuda. ¿Qué supone dicha corrección? La afectación de las clientelas presupuestarias, es decir, de todos los grupos de intereses, todos ellos pecuniarios, que se benefician del gasto gubernamental, y que reaccionan, inclusive con violencia, a los recortes prespuestarios.



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