MARTES, 25 DE OCTUBRE DE 2011
El modelo chino

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“Los chinos no gastan en costosos aparatos democráticos. Esa es una de las ventajas que le dan a su país la capacidad de tomar decisiones de manera eficiente, organizarse con efectividad y concentrar los recursos necesarios para emprender proyectos de gran envergadura. ¿Será?”


No es posible analizar los resultados de las reuniones que están teniendo los líderes de la Unión Europea y sucesivamente de los que comparten el euro como su moneda común, pues no logran ponerse de acuerdo en la substancia de cómo contener la crisis de la deuda que aflige a sus países y sólo han acordado volverse a reunir.

La desesperante parsimonia con la que los europeos lidian con su crisis financiera, qué sólo se irá agravando en la medida en que no se tomen las decisiones necesarias y en las magnitudes requeridas para resolver el caso de Grecia y atajar el contagio a países más grandes, contrasta con el paso firme y decidido del gobierno chino.

Se ha vuelto un lugar común afirmar que las democracias como la europea y la que caracteriza a Estados Unidos, son ya obsoletas en comparación con el sistema que impera en la República Popular China, que le permite a un liderazgo con visión y enorme poder, tomar decisiones necesarias para alcanzar un crecimiento económico con pocos precedentes en la historia, sin perder el tiempo de consultar al electorado.

El presidente de EU, Barack Obama, que inició su campaña de reelección con una marcado tono populista y estatista, no se cansa de repetir su admiración por la increíble velocidad del crecimiento alcanzado por China durante más de dos décadas y la acelerada construcción de enormes y numerosas obras de infraestructura.

Obama afirma que mientras la infraestructura de EU está en franco y tangible deterioro, los proyectos públicos construidos por el Estado en China han producido puertos, trenes bala y aeropuertos, para citar sólo algunos casos específicos, “enormemente superiores a los nuestros.”

Con el éxito chino en mente emprendió los varios paquetes de estímulo con los que ha pretendido crear fuentes de trabajo y simultáneamente construir proyectos de infraestructura como los de China que tanto codicia, pero que en EU no han tenido el éxito esperado pero contribuyeron a endeudar al país de forma muy peligrosa.

Los líderes chinos, ni tardos ni perezosos, han aceptado la adulación internacional y ahora presumen de la superioridad de su sistema político que les permitió con su régimen autoritario desplazar a Japón como la segunda potencia económica del orbe  y proyectarse para arrebatar a EU el primer lugar en esta categoría apenas en cinco años más, según análisis elaborados por el Fondo Monetario Internacional.
El Primer Ministro Wen Jibao afirma que el sistema chino tiene “ventajas” que le dan a su país la capacidad de “tomar decisiones de manera eficiente, organizarse con efectividad y concentrar los recursos necesarios para emprender proyectos de gran envergadura.”

Los chinos presumen que ellos no gastan en costosos aparatos democráticos. El Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Partido Comunista afirmó en su libro El Modelo Chino que “en comparación con el occidente, nosotros no desperdiciamos fuerza de trabajo, materiales o recursos financieros de los causantes en elecciones… Uno puede avanzar sin debates ni pérdida de tiempo.”

Lo que no se menciona en ningún sitio ni ha sido considerado por los admiradores a ultranza del sistema chino, son los costos implícitos en la forma de hacer las cosas en ese país, y las enormes ineficiencias en las que se ha incurrido, que han impuesto elevados costos humanos sin beneficios perdurables.

Algunos expertos creen que el mercado de bienes raíces en China, que ha subido como la espuma en los últimos años, está por sufrir un colapso comparable al ocurrido en EU hace cuatro años y en Japón en 1991, al tiempo que los gobiernos provinciales y locales tienen una deuda ruinosa de cerca de 3.1 billones de dólares.

Con el Estado chino metido a ser el gran contratista del mundo en este momento, se ha desatado una corrupción fenomenal. En febrero pasado fue arrestado el Ministro de Ferrocarriles, principal responsable de la construcción de la red de trenes bala en la que se han invertido más de 300 mil millones de dólares, por haber aceptado 152 millones de dólares en mordidas, lo que le permitía mantener a 18 amantes.

Hay también fundadas dudas sobre la tasa de rendimiento de los proyectos chinos. Un centro de estudios independiente de Beijing (Unirule Institute of Economics) calcula que el rendimiento de las empresas paraestatales era de hecho negativo        (-1.47%) una vez que se descontaban los subsidios otorgados por el gobierno.

Por último, las proyecciones lineales sobre el crecimiento económico futuro de China que suponen que podrán mantener indefinidamente sus actuales tasas son, en el mejor de los casos, debatibles. ¿Se acuerdan de la “amenaza japonesa” que iba a desplazar a EU del primero lugar económico del orbe hace 20 años?

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