JUEVES, 27 DE OCTUBRE DE 2011
Dios quiera que siempre haya pobres

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Leopoldo Escobar







“Si usted cree que cultivar la pobreza es monopolio exclusivo de los políticos, puede llevarse una sorpresa.”


“La culpa es nuestra” –pensó nuevamente- . “Si nosotros los que actuamos, los que aprovisionamos y beneficiamos a la humanidad, hemos permitido que el sello del mal quede estampado sobre nuestro ser y silenciosamente soportamos el castigo de nuestras propias virtudes ¿qué clase de bondad esperamos que triunfe en el mundo?
Ayn Rand, La rebelión de Atlas (capítulo IV La sanción de la víctima)

No es la fuerza de las armas, no es el poder del Estado, no es tampoco la democracia, ni el que la mayoría de la gente no desee la libertad lo que impide que ésta reine en el mundo.

Lo que lo impide es la colaboración de las víctimas con su propia opresión. Si Atlas se hubiera encogido de hombros y hubiese dejado caer al mundo o mejor aún: si Atlas se hubiera marchado para construir un archipiélago de Arcadias liberales, muy otro sería el mundo. Pero el que hasta ahora Atlas no haya procedido conforme a una elemental autoestima, es el drama de nuestro tiempo.

Los empresarios son los grandes constructores de un bienestar humano inimaginable hasta la aparición del capitalismo, pero desde siempre han sido presentados por los enemigos de la libertad como la encarnación del mal. El problema es que los satanizados se hayan tragado el discurso de sus detractores. Pedófilos, torturadores, aristócratas de la violencia, colectivistas de toda laya y comunistas –todos ellos sí las peores lacras- tienen mucho mejor concepto de sus respectivos grupos sociales que el concepto que de sí tienen los empresarios.

Expresión de tal auto-desprecio es la doctrina de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) que en realidad debería llamarse Auto-Denigración Empresarial. La misma pontifica: la empresa privada no puede limitarse a ganar dinero tratando de vender a sus clientes los mejores bienes y servicios a los precios más bajos que sea posible, tiene que hacer “algo más”.

¿Por qué? Las justificaciones no son uniformes ni coherentes, pero las más frecuentes sostienen que en su operación misma las empresas privadas causan perjuicios a la sociedad (contaminación, quiebra de pequeños negocios, explotación de sus empleados) y los resultados de la operación empresarial no son “justos”: sólo benefician a los capitalistas, que son inmensamente ricos mientras los demás integrantes de la comunidad son pobres.

Consecuentemente RSE estipula una serie de condiciones tanto sobre la operación de las empresas privadas como sobre lo que debe hacerse con sus ganancias. Curiosamente la RSE no es una imposición de los gobernantes sino una doctrina empresarial endógena. Ciertamente en ella han jugado un papel decisivo los teólogos de la iglesia católica, aunque no todos los gurúes de la RSE son religiosos. El principal de ellos, Warren Buffett, es agnóstico.

Los tres aspectos que más indignan y aterran de la RSE son: primero, que en la práctica lo que esta doctrina impone es la enajenación de la empresa privada a sus legítimos propietarios; segundo, que no hay límite claro en las exigencias a la empresa privada; tercero, que en modo alguno la doctrina se limita a las decisiones privadas de filantropía, sino que incluyen la presión para que el poder del Estado sea utilizado para imponer el altruismo.

En realidad si el señor Buffet y los 40 empresarios estadounidenses que ha convencido de regalar la mitad de sus fortunas (“The Giving Pledge”) se quieren suicidar, pues buen provecho. El problema es que Buffet no contento con esa demencial promoción hara-kiri ha sido el más pertinaz promotor de que el Estado imponga a los empresarios cargas fiscales incautatorias. Es decir el señor Buffet no es sólo un suicida, sino un terrorista suicida que con su acto de autodestrucción impone a los demás su miseria espiritual.

Como en el caso de los típicos terroristas suicidas, en el de Buffett y demás oficiantes de la RSE resulta fascinante hurgar en el fundamento ideológico y moral de sus aberrantes conductas. No vaya a pensar que estamos ante personas de buena fe, que quieren lo mismo que usted o yo y que yerran en la elección de los medios para lograrlo. Usted y yo queremos erradicar la pobreza, pero no es lo que quieren Buffett y sus émulos alrededor del mundo.

Si usted cree que cultivar la pobreza es monopolio exclusivo de los políticos, puede llevarse una sorpresa. Un empresario me relató una plática que sostuvo con un grupo de pares entre ellos Alberto Núñez Esteva, ex presidente nacional de la Confederación Patronal de la República Mexicana e integrante de la Unión Social de Empresarios Mexicanos (que para mayor sinceridad debería cambiar “Social” por “Socialista”), la principal promotora de la RSE en México.

En la conversación mi informante criticó tanto la filantropía voluntaria como la impuesta por el Estado y cuestionó si no era la libre empresa el único medio para erradicar la pobreza en México y el mundo. Entonces Núñez Esteva replicó que su objetivo no era erradicar la pobreza, que Jesucristo dijo que siempre habría pobres en el mundo y que incluso la existencia de los pobres permitía a los ricos cumplir su obligación cristiana de caridad.

La afirmación atribuida a Núñez Esteva no puede ser más reveladora sobre la moralidad de la RSE: que unos seres humanos sean pobres para que otros podamos salvar nuestra alma. De eso se trata todo.

• Liberalismo • Ética

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus