LUNES, 14 DE NOVIEMBRE DE 2011
Sr. Presidente, ahorro e inversión = prosperidad

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El punto sobre la i
“Los pobres nos facilitan el acceso al Cielo. Ya desde ahora son el tesoro de la Iglesia. Nos muestran la riqueza que no se devalúa nunca, la que une la Tierra y el Cielo, y por la que verdaderamente vale la pena vivir: el amor.”
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“El Buen Fin es en realidad el Gran Disparate. No sé quién demonios asesoró al Presidente para semejante barbaridad.”


No ha mucho, en la temporada navideña, el gobierno mexicano solía hacer una campaña intensiva en distintos medios sobre los usos correctos que la gente debía hacer con su aguinaldo y/o bonos de fin de año. Se aconsejaba usar con prudencia ese “dinerito extra” de fin de año; se aconsejaba liquidar adeudos pendientes; se aconsejaba ahorrar; se aconsejaba guardar dinero extra para imprevistos (una enfermedad, un accidente). Se aconsejaba dar buen uso a los recursos escasos, a asignar correctamente en tiempo y forma los recursos monetarios. Qué acierto tenían esos mensajes.

Comento esto porque la semana pasada el gobierno rompió con este ritual y anunció, al más puro estilo de keynesianismo ramplón, toda una campaña (en conjunción con distintas cadenas comerciales) cuyo objetivo principal es dar prioridad al gasto en consumo, dar “grandes” descuentos para alentar las compras, “es hora de gastar y no guardar”.

Y para colmo, el gobierno anuncia que adelantará aguinaldos, para que se consuma más y se ahorre menos. Estas medidas son un verdadero disparate, no sé bien quién demonios asesoró al Presidente para semejante barbaridad.

Y no se confunda el lector, yo no estoy en contra de que las cadenas de negocios ofrezcan descuentos atractivos, pero eso es producto del mercado, de la competencia por ser mejores para satisfacer las necesidades de los consumidores, no de acuerdos gubernamentales para “estimular” el consumo.

Alguien debería señalarle al Presidente que por tradición occidental, las fiestas decembrinas suelen ser de alto gasto en consumo, de constantes aumentos en la demanda agregada que llevan los precios al alza, de alzas en el consumo y bajas en el ahorro.

La mejor manera de asignar recursos escasos, no es en la época navideña, sino al comienzo del año, en que la demanda se desploma y los precios caen (ahí es donde debe entrar la pericia de los hombres de negocios para diseñar gangas y ofertas atractivas -como el “Black Friday” en EU-, los buenos empresarios es lo que hacen). Y otra vez, no se confunda el lector, no estoy contra la celebración navideña (si a alguien le place ó no ésta época es muy su derecho individual), pero sí a favor de usar prudentemente los recursos escasos. Los mexicanos tenemos una muy baja cultura financiera y ello se ve reflejado en nuestras bajas tasas de ahorro respecto del PIB. El mexicano promedio suele despilfarrar sus recursos extra, suele “emborracharse” de consumo (recordar lo que le pasó a los estadounidenses), y por ello son muy notorias las largas filas en enero para empeñar distintos tipos de bienes y salir “de bruja”.

No, el camino correcto es enseñar cultura financiera a las personas (con la medida del Presidente, se echan a perder los esfuerzos que en la materia hacen la Condusef ó el museo interactivo de economía), el camino correcto es enseñar que la base de la riqueza es el ahorro (postergar mi consumo presente), que si la tasa de ahorro de un país es elevada, también lo es la de inversión y por tanto se crea el camino hacia la prosperidad vía mayores empleos y consumo (¡sí consumo!), pero ojo, actos basados en la existencia de riqueza real, no ficticia como la que los gobiernos intentan fallidamente hacer con el uso desmedido del gasto público. Sólo hay que ver el gran fracaso del keynesianismo sobre Europa y EU.

Luego, en otro acto, en esa campaña que las televisoras hacen para supuestamente descubrir a los “grandes mexicanos” (¿de verdad los grandes mexicanos sólo están en los medios?, ¿de verdad los grandes mexicanos son los seleccionados por un “selecto panel de expertos”?, por Dios, hay muchos mexicanos trabajando productivamente, haciéndole el bien a los demás y en silencio), se anuncia como proyecto ganador a un grupo de particulares dedicados a la construcción de vivienda popular, a dotar de iluminación a zonas rurales, etc. Bien por ellos, pero, ¿qué hace el gobierno inmediatamente anunciando todo su apoyo?

A dichos proyectos ganadores, las televisoras los apoyan con más recursos financieros. Hasta ahí un asunto entre particulares. Cuando escuché lo del apoyo total del gobierno, pensé que sólo era una declaración de lo “políticamente correcto”, pero no, para mi sorpresa el gobierno anunció que inmediatamente donaría a las televisoras la cantidad de 120 millones de pesos para “complementar” el apoyo a los proyectos ganadores.

Pregunto, ¿es legal este acto del Presidente?, ¿cuándo nos pidió permiso a los contribuyentes para donar una cantidad millonaria a las televisoras?, ¿cuándo se hizo un análisis costo-beneficio de estos recursos? ¿habrá rendición de cuentas?, ¿se vale usar gasto social en un evento organizado por particulares?

Mi sospecha es que esto está relacionado con la obsesión socialista del Presidente de gastar y gastar mucho en combate a la pobreza, en gastar y gastar mucho en construcción de vivienda, en gastar y gastar mucho de la cuna a la tumba.

La clave de la riqueza, Sr. Presidente, son el ahorro e inversión privados, no el consumo artificialmente creado y menos el abultado gasto público que su gobierno asigna a pobreza, subsidios a la vivienda y a los numerosos burócratas de los bancos de desarrollo. Ojo, porque el gasto federal en estos rubros es duplicado y derrochado en el presupuesto que ejercen los gobiernos estatales (recordar el escandaloso el caso de sobreendeudamiento y corrupción de Coahuila).

Son el ahorro y la inversión, no el consumo y el gasto público, los verdaderos motores del crecimiento económico, son el ahorro y la inversión la verdadera fuente de la prosperidad.

No lo olvide Sr. Presidente, debemos a toda costa evitar caer en el populismo vergonzante, ese que han seguido no pocas naciones desarrolladas. Si algunas naciones desarrolladas quieren regresar al subdesarrollo allá ellas, pero no debemos seguir su ejemplo.

• Populismo

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