MARTES, 15 DE NOVIEMBRE DE 2011
Economistas al rescate

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“Dada la falta de opciones para efectuar los rescates financieros requeridos y evitar el contagio de naciones que por su tamaño representan un peligro sistémico para la unión monetaria europea, se tendrá que llegar al default de la deuda y a su correspondiente renegociación.”


La semana pasada se aceleraron las graves secuelas financieras y políticas de la crisis del euro con intentos cada vez más frenéticos de los países por evitar la natural consecuencia de no haber atendido con oportunidad, imaginación y suficiente vigor los primeros signos de la crisis que se manifestaron inicialmente en Grecia hace dos años.

Primero, cayó la administración de George Papandreu en Atenas, como lo previmos en esta columna hace ocho días, para ser remplazado por un gobierno que pretende ser de coalición nacional, encabezado por el respetado economista y ex-banquero central Lucas Papademos, que tendrá apenas cien días antes de la próxima elección.

Independientemente de que el nuevo Premier griego sepa lo que debe hacer su país para evitar la debacle que se aproxima, lo que parece imposible es que convenza a sus paisanos a aceptar profundas reformas que incluyen el despido de unos 30 mil burócratas, cobrar impuestos al elevado número de evasores consuetudinarios y efectuar cortes radicales al gasto público.

Lo que están haciendo los partidos políticos griegos es prepararse para las elecciones que tendrán lugar en febrero próximo, pero en haciendo política le escatiman al ilusorio “gobierno de coalición” el apoyo necesario para que pueda ejecutar las penosas medidas indispensables para restaurar la viabilidad económica de Grecia.

Esta historia terminará en que la troika –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional-, que en teoría supervisa el desempeño de Grecia y sus compromisos financieros, rechace lo que evidentemente no constituye una trayectoria aceptable de reformas o en que se sigan haciendo tontos, en cuyo caso el deterioro continuará encareciendo el financiamiento de su deuda.

La historia estelar de la semana pasada correspondió, sin embargo, a Italia dónde las crecientes dudas de que sus dirigentes adopten las reformas que persuadan a los mercados financieros de la viabilidad de su economía, presionaron las tasas de interés en sus bonos de diez años por encima del 7%.

El escándalo consecuente finalmente persuadió al desfachatado Silvio Berlusconi a renunciar a la primera magistratura y a que los partidos políticos siguieran el ejemplo griego e instalaran un gobierno de coalición que quieren que presida otro respetado economista, Mario Monti, dos veces comisionado de la Unión Europea.

El problema de Italia en el contexto de la unión monetaria europea es que con una deuda de €2,600 billones es demasiado grande para ser rescatado por el fondo para el salvamento de países en problemas que no llega al 10% de esa cantidad en recursos no comprometidos ya al salvamento de otras naciones.

La única opción que tiene la zona del euro si quiere evitar el desastre, es permitir que el Banco Central Europeo se comprometa sin limitación alguna, a apoyar la totalidad de la deuda de sus países miembros, a lo que se opone de manera tajante Alemania, como acaba de reiterarlo apenas ayer el presidente de su banco central.

La otra esperanza que tenían los europeos era persuadir a los países emergentes con enormes reservas líquidas, principalmente China, de invertir los recursos necesarios en su fondo de rescate, pero como quedó claro hace unos días en la reunión del G-20 los dirigentes de esas naciones no invertirán en una institución en la que sus propios socios principales no están dispuestos a comprometerse decisivamente.

Las medidas de austeridad adoptadas por el Parlamento italiano, como posponer la edad de jubilación forzosa de 65 a 67 años para el 2026, desregular complejos códigos burocráticos de profesiones como arquitectura e ingeniería, o dar incentivos fiscales a empresas que contraten a jóvenes aprendices, no pasan de ser remedios menores ante las reformas requeridas para restaurar su competitividad económica.

Ante la imposibilidad de devaluar su moneda, el único mecanismo de ajuste para países como Grecia e Italia es el de forzar una recesión de tal magnitud que provoque una deflación que reduzca el monto de los salarios reales, único medio de recuperar su competitividad perdida. Esto lo saben los economistas Papademus y Monti, lo que no significa que cuenten con el sustento político indispensable para lograrlo.

En consecuencia y dada la falta de opciones para efectuar los rescates financieros requeridos y evitar el contagio de naciones que por su tamaño representan un peligro sistémico para la unión monetaria europea, se tendrá que llegar al default de la deuda y a su correspondiente renegociación.

La pregunta de fondo que invariablemente me hace un sagaz amigo que pretende ganar mucho dinero apostándole a la debacle europea, es cuándo ocurrirá todo esto, a lo que invariablemente respondo que eso no lo sé, aunque ahora creo que estamos más cerca del desenlace trágico de lo que muchos creen.

• Demagogia • Democracia mexicana

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