VIERNES, 18 DE NOVIEMBRE DE 2011
Frente al Buen Fin, prudencia

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
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No sé



El punto sobre la i
“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado


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“Hoy se inicia el Buen Fin. Entonces, ¿a pedir prestado o a utilizar el ahorro? ¿Cuál de las dos opciones es mejor, sobre todo cuando no se trata de satisfacer una necesidad básica sino de simplemente darse un gusto? Desde el punto de vista de la tranquilidad, ¿cuál es la opción correcta?”


Hoy se inicia el Buen Fin, cuatro días a lo largo de los cuales se dará la “combinación perfecta”: menores precios y más poder adquisitivo, de tal manera que la mesa está puesta para gastar, lo cual no está mal, ¡siempre y cuando se haga prudentemente, tanto en lo que al uso del aguinaldo se refiere como en todo lo que tiene que ver con la contratación de crédito!

El aguinaldo debe usarse, por orden de importancia, de la siguiente manera: 1) satisfacer necesidades básicas (por ejemplo: pagar un tratamiento médico); 2) pagar deudas (con lo cual se está comprando tranquilidad); 3) ahorrar (con lo cual se abre la posibilidad, si el ahorro supone, tal y como debe ser, una inversión financiera, de un mayor y/o mejor consumo en el futuro); darse gustos (lo cual puede traducirse, dependiendo del gusto en cuestión, en un mayor nivel de bienestar, que supone mucho más que la satisfacción de las necesidades básicas, por ejemplo: la adquisición del último grito de la moda en materia de smartphones).

Lo primero que hay que tener claro es la diferencia entre realmente necesitar algo (un tratamiento médico indispensable) y simplemente querer algo (el último de los smartphones), diferencia que, entendida y practicada, conduce al uso correcto del crédito, que debe ser una manera ordinaria de financiar gastos extraordinarios (por ejemplo: la compra de una casa), que debe ser una manera extraordinaria de financiar gastos ordinarios (por ejemplo: la compra de comida cuando no se cuenta con ingresos para ello), y que nunca debe ser una manera ordinaria de financiar gastos ordinarios (por ejemplo: el pago de colegiaturas), debiéndose usar el crédito, única y exclusivamente, para la adquisición de aquello que tiene que ver con la satisfacción de necesidades básicas, no para la compra de todo aquello, ¡que es muchísimo!, que tiene como fin elevar el bienestar de la gente, debiéndose recurrir, para la compra de tales bienes y servicios, al ahorro, ¡no al crédito!

Al crédito debe recurrirse para la adquisición de aquello que, de no obtenerse, atenta, en lo material, contra la salud o la vida (por ejemplo: un tratamiento médico) y, en lo moral, contra la dignidad de la persona (por ejemplo: vivienda digna), pero no para pagar por aquello que nada tiene que ver con lo que verdaderamente se necesita, sino con lo que solamente se quiere (por ejemplo: el último videojuego para el hijo), debiéndose adquirir esto último por medio del ahorro, sin olvidar que el pago de un crédito supone, al final de cuentas, ahorrar, en el sentido de que el dinero que se destina a pagar lo que se debe se deja de destinar a la compra de bienes y servicios.

Pedir prestado hoy supone ahorrar mañana. Ahorrar hoy supone prestarse uno mismo mañana. ¿Cuál de las dos opciones es mejor, sobre todo cuando no se trata de satisfacer una necesidad básica sino de simplemente darse un gusto? Desde el punto de vista de la tranquilidad, ¿cuál es la opción correcta?

• Cultura económica

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