LUNES, 9 DE ENERO DE 2012
Año nuevo, cochinero capitalino nuevo

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“Los problemas de basura, como otros de política pública en el Distrito Federal son resultado de la incompetencia gubernamental, de posponer obras necesarias y darle prioridad a políticas clientelares como son las que predominan con el PRD en la Ciudad de México.”


Regreso de unas vacaciones a la Ciudad de México, y me encuentro con diversas calles convertidas en un verdadero cochinero; calles, avenidas centrales repletas de toneladas de basura orgánica e inorgánica. Y lo peor, cuando busco explicaciones, me encuentro a un gobierno capitalino incompetente, ignorante y que como siempre está lleno de pretextos.

Y no, no es que la Ciudad de México haya sido un paraíso de la limpieza antes de mi partida hace unos pocos días, pero al menos las calles y avenidas centrales no estaban saturadas de toneladas de basura.

Los problemas de basura, como otros de política pública en el Distrito Federal son resultado de la incompetencia gubernamental, de posponer obras necesarias y darle prioridad a políticas clientelares como son las que predominan con el PRD en la Ciudad de México.

Desde hace décadas en el gobierno de la Ciudad de México ha predominado el monopolio del gobierno en diversos servicios públicos como el del agua, manejo de basura, manejo de residuos tóxicos y peligrosos, alcantarillado, drenaje, seguridad pública, transporte público y un larguísimo etcétera.

Los gobiernos de México deberían ver qué soluciones ingeniosas de mercado se han dado en diversos asuntos de política pública en otras naciones. Pero copiar bien, no a medias como Marcelo.

Basta con que Marcelo Ebrard haga una gira por alguna ciudad perteneciente a un país desarrollado, e inmediatamente se le viene a la cabeza el copiar diversas soluciones de política pública comparada. El problema, Marcelo intenta copiar sin tomar en cuenta si las condiciones de poder instrumentar X política pública están dadas, si no hay fallas de gobierno que echen a perder cualquier proyecto bueno. Es el caso de la basura.

Después de un viaje a la ciudad de Nueva York, Marcelo regresó con la idea de cerrar el principal sitio que alberga a las 12 mil toneladas de basura que producimos los capitalinos diariamente, cerrar el llamado bordo poniente. El gobierno neoyorquino decidió cerrar su principal tiradero de basura, convertirlo en un parque y aprovechar el gas metano que generó durante décadas dicho basurero.

Hace años que los expertos habían señalado la necesidad de clausurar el bordo poniente, pues había problemas ya de contaminación de suelo, aire y mantos acuíferos. El problema, desde hace años el gobierno capitalino continúa con el monopolio de la basura y ha dejado intactas a la mafia que maneja la pepena (separación de la basura que tiene valor económico), unos cuantos líderes que se benefician del negocio millonario que deja el manejo de la basura en la ciudad.

El problema de cerrar el bordo es que no se ha generado un mercado privado vigoroso de la basura como sucede en otras naciones. Me explico.

El asunto del tratamiento de la basura, del manejo de residuos peligrosos, son problemas que pertenecen a lo que en economía se denomina bienes públicos y externalidades. Sí, la basura y desechos pueden generar daños a terceros (y daños al medio ambiente), externalidades negativas sobre otras personas, lo que fuerza a los gobiernos a intervenir de manera directa o indirecta. Asimismo en el medio ambiente los derechos de propiedad muchas veces no están bien definidos. No obstante de ser la basura un asunto público, ello no significa que no pueda funcionar ese mecanismo socialmente óptimo de asignación de recursos que es el mercado (tan ignorado y despreciado por los izquierdistas, lo que incluye al gobierno capitalino).

Hay ciudades desarrolladas que desde hace décadas han tomado decisiones ingeniosas para solucionar las externalidades generadas por la basura y los residuos peligrosos. Marcelo, por ejemplo, ignora que en Nueva York desde hace décadas opera un mercado privado, un mercado en donde hay competencia entre diversos operadores de limpieza, en donde el sistema de precios funciona y lanza señales adecuadas sobre el uso alternativo de los recursos. En materia de residuos tóxicos y basura proveniente de grandes empresas privadas, de grandes cadenas comerciales, en Nueva York hay todo un mercado desarrollado de oferentes y demandantes de basura, con mínima intervención gubernamental (la que se limita en todo caso a sólo monitorear si los terrenos de desecho cumplen con las condiciones técnicas de operación).

Por otro lado, en la ciudad mencionada, para el manejo de la basura proveniente de los hogares, desde hace años hay toda una cultura (y existen vigorosos mercados privados) del reciclaje, es decir, hay toda una cultura de la separación de basura orgánica e inorgánica, y los desechos útiles se reciclan en miles de empresas privadas dedicadas al ramo. En la Ciudad de México, las empresas privadas de reciclaje, lejos de contar con incentivos que faciliten su operación, enfrentan el cobro de altos impuestos como el pago de ISR, el impuesto sobre nóminas, el pago del predial, ah, y cómo olvidar los impuestos socialistas de pago de IMSS, INFONAVIT y SAR. En materia de reciclaje, estamos en pañales. Ya ni hablar de otros municipios.

Ya en el Estado de México existen diversos sitios de albergue de basura que son operados por empresas privadas. El DF debería copiar dichos esquemas.

Cuando los gobiernos operan directamente la limpieza y recolección de basura, los costos son más altos que cuando lo hace una empresa privada, y la razón es sencilla. Los municipios y ayuntamientos que operan como monopolios de basura están sometidos a la grilla, a la “polaca” y por ende los servicios de limpieza son costosos, los funcionarios responsables son capturados por los partidos políticos y la contratación de personal excesivo y no preparado está a la orden del día.

Sólo hay que ver por qué la recolección de basura en la Ciudad de México es muy deficiente, está atrapada por los intereses sindicales del GDF. No importa si los parques están sucios, no importa si pasan a recoger la basura cuando quieran, no hay consecuencias y la grilla y el sindicato protegen a su personal de limpieza. Qué distinto sería si se vieran obligados a competir con empresas privadas por la limpieza de calles y parques. Eso es lo que han hecho municipios más responsables, eliminar el monopolio del gobierno de la limpieza y tratamiento de la basura.

Marcelo cerró un sitio de tiradero de basura, sin pensar si tenía la infraestructura para sustituirlo. Ahí están apenas haciendo convenios con el gobierno mexiquense para escoger sitios adecuados para el albergue de toda la basura de los capitalinos.

Los mercados privados de basura no son producto de la ideología neoliberal (como ya lo estarán pensando los estatólatras), sino del sentido común; la basura genera valor agregado, y por ello da pie a que haya rentabilidad, lo que es el espacio ideal para que las empresas privadas le entren al negocio. Gobiernos que no lo entienden, gobiernos que son rebasados por la cruda realidad como lo está atestiguando el GDF.

Recuerdo hace unos años que un colega consultor inició una pequeña empresa de limpieza de basura en edificios gubernamentales en el DF. A los pocos días les impidieron continuar con su misión, pues empleados de limpieza del GDF casi los linchan por entrometerse en sus “asuntos”. Monopolio, enemigo de la eficiencia que proporcionan los mercados libres.

Lamentablemente empezamos el año nuevo con el cochinero capitalino. No obstante, feliz año amigo lector.

• PRD • Distrito Federal / CDMX • Marcelo Ebrard

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