LUNES, 16 DE ENERO DE 2012
Los costos de proveer de la cuna a la tumba

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“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“La intención de gobernar de la cuna a la tumba sólo disminuye el bienestar de las futuras generaciones.”


A los aspirantes a gobernadores les recuerdo lo siguiente:

Cuando un gobierno gasta y gasta, termina por caer en déficit fiscal. La acumulación del mismo desemboca en deuda pública. La consecuencia más directa de la deuda pública es que impone una carga a las futuras generaciones de contribuyentes (sus hijos amigo lector). Cuando vencen estas deudas y los intereses acumulados, los futuros contribuyentes se encuentran ante una difícil elección: pagar unos impuestos más altos, disfrutar de menores bienes públicos (cantidad y calidad) ó ambas cosas a la vez con el fin de disponer de suficientes recursos para hacerle frente a la deuda y los intereses acumulados. El déficit fiscal (costo inevitable de gobernar de la cuna a la tumba) disminuye el bienestar de las futuras generaciones.

Pero el efecto del déficit fiscal no sólo se circunscribe al empobrecimiento de las futuras generaciones. Hay otros efectos colaterales muy dañinos. El déficit fiscal reduce la disponibilidad del ahorro nacional (suma de ahorro privado y público). La reducción del ahorro nacional provoca un alza en las tasas de interés reales, lo que ocasiona que la inversión caiga. La reducción de la inversión provoca con el paso del tiempo una disminución del stock de capital. Esta disminución del stock de capital reduce la productividad del trabajo, lo que le pega a los salarios reales y a la producción de bienes y servicios de la economía. Por lo tanto, cuando un gobierno se endeuda, las futuras generaciones pierden bienestar, pues nacen en un país en donde los ingresos son más bajos y los impuestos más altos. Es lo que está pasando en EU y en la mayoría de los países europeos.

Los países que incurren en el irresponsable estado de bienestar (empieza por pequeños déficit fiscales, como ya está ocurriendo en México) terminan por enfrentar severas crisis económicas. Y, ojo, señalo lo anterior porque a los legisladores en México les fascina incrementar irresponsablemente el gasto público. En un país responsable fiscalmente, el Congreso sólo puede revisar el gasto propuesto por el Ejecutivo a la baja, jamás al alza como sucede en México.

¿Por qué recuerdo lo anterior amigo lector? Porque los distintos aspirantes a la presidencia de México sólo se la están pasando hablando irresponsablemente de aumentar las “ayudas sociales”, de la cuna a la tumba. ¿Quién pagará las cuentas al final? Ningún político toca el tema. Si no, quién entiende a Ernesto Cordero (todavía suspirante de su partido), quien recalca la importancia de la disciplina fiscal, pero contradictoriamente afirma que los padres no deben tener responsabilidad alguna en su cartera por el futuro de sus hijos (si tengo hijos, mis vecinos deberán hacerse cargo; ha llegado la hora de que papá gobierno mantenga a los ninis, qué aberración), que hay que subsidiar más y más a las universidades públicas (lo que aumenta la inequidad, pues se beneficia a los estudiantes más ricos; sí, en México los estudiantes pobres difícilmente terminan la primaria), que hay que aumentar la oferta de vivienda subsidiada (cuidado por que así empiezan las burbujas inmobiliarias), que se debe aumentar el tamaño y la intervención de los bancos de desarrollo (esos que siempre terminan por quebrar y ser rescatados por el gobierno), construir más escuelas y hospitales (cantidad y no calidad), e incluso por ahí habló de un sistema universal de retiro (un disparate que creí era exclusivo de Peña Nieto).

En el PRI de plano se volaron la barda. Ya en sus mensajes a distintos medios se preguntan, ¿quién te garantizará una vivienda digna y un trabajo honesto? “El PRI lo hará gobernando”. Sí como no.

De la izquierda mesiánica ya ni hablo, aspiran a imponer un régimen de planificación central nefasto como el cubano. Si López gana, además del regreso del populismo, nos uniríamos al club de los perfectos idiotas latinoamericanos, esos que aman el marxismo-leninismo y que no pierden la oportunidad de reunirse de vez en cuando con algún dictadorzuelo mesiánico, algún terrorista teocrático como el gobierno iraní. Solitos dan cuenta de cómo aman la libertad.

Lejos de hablar sobre la necesidad de avanzar hacia una mayor libertad económica (año nuevo, ranking de atraso nuevo, caímos al lugar 54 de acuerdo a la Fundación Heritage), de reformar de manera profunda los incentivos institucionales, de reconstruir el Estado de Derecho, de la necesidad de mejorar la protección a los derechos privados de propiedad, de la importancia de aumentar el ahorro público y privado, de la necesidad de atraer más inversión extranjera directa, los aspirantes a la presidencia de México se la pasan haciendo promesas socialistas de la cuna a la tumba, ofreciendo estados de bienestar que simple y sencillamente son insostenibles desde el punto de vista fiscal (¿queremos estar “temblando” como los europeos? Recordemos que ya nos pasó).

Les recuerdo a los aspirantes a gobernar México que el principal responsable de poseer vivienda ó no, de tener hijos ó no, de educarse ó no, de poseer un trabajo bien remunerado, de la forma en que me vaya en la vida soy YO, sí, yo el individuo cuyas decisiones personales me pueden llevar al éxito ó fracaso. Afirmar que es el gobierno quien debe proveer al gobernado del bienestar material es vil socialismo, sí, ese rancio y totalitario sistema económico que llevó al fracaso y a la miseria a millones de seres humanos, y que mantiene sumidos en la pobreza a países que aún lo practican como Cuba o Corea del Norte.

Entonces la clave es mayor libertad económica (libertad de trabajar, ahorrar, emprender, invertir y consumir), que el gobierno se limite a cuidar la integridad de los gobernados y sólo a intervenir cuando algún agente económico perjudique a terceros y que por ende haya igualdad ante la ley de los gobernados. Querer redistribuir el ingreso para que “todos ganen lo mismo”, proveer de la cuna a la tumba, es una aberración económica que sólo lleva a la miseria. El crecimiento, la innovación, la prosperidad debe correr por cuenta de los particulares, jamás por parte de los gobiernos so pena de caer en los excesos arriba señalados.

Desgraciadamente en México se sigue pensando que el gobernante es el que debe ser el todo proveedor, desde crédito a empresas hasta educación, salud y vivienda, de la cuna a la tumba.

Ya veremos si surge alguna otra propuesta novedosa, pero lo veo muy difícil.

• Populismo • Libertad económica • Cultura económica • Estado de bienestar • Elecciones México 2012

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