LUNES, 13 DE FEBRERO DE 2012
Los políticos y la falacia de la composición abierta

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“Votar por el político que más “cosas” promete, equivale a mayores libertades como persona. La falacia de la composición abierta, la extrapolación ilimitada, son el ingrediente ideal para la esclavitud.”


Se está a favor de muchas cosas deseables sin prestar atención al hecho más fundamental de la economía: los recursos son de forma inherente limitados y tienen usos alternativos. Y los primeros que pecan y pretenden escapar de esta gran verdad son los políticos.

¿Quién podría estar en contra de la salud o la educación? Nadie en su sano juicio. Pero estamos pasando por alto un elemento fundamental. Estamos ante un problema de composición abierta, es decir, sin importar cuánto se haga en salud y educación, siempre se podrá hacer más. No obstante lo anterior, hay una limitante: los recursos son finitos y tienen usos alternativos que también son valiosos.

Aquí surge un tema que los economistas denominan como la falacia de la composición abierta, es decir, pensar que las leyes y las distintas políticas que se proponen no tienen límites fijos ni presentan costos de oportunidad (la segunda alternativa más valiosa que dejo de considerar). Así las cosas, se habla de construir más y más hospitales, más y más escuelas, más y más universidades, de hacer obligatorio el bachillerato, etc.

La educación, la salud o la infraestructura, sin dudas son deseables, pero, ¿se podría dedicar todo el PIB a esos rubros? Obvio no (y sería totalmente indeseable; es como si a un individuo se le obligara a gastar todo su ingreso en tratamientos médicos, una verdadera aberración). México tiene uno de los presupuestos más altos para educación y los resultados son inferiores al de otras naciones que dedican menos recursos a dichos rubros. Lo mismo en salud.

Entre más gasto público se destina a un rubro, mayores tendrán que ser los impuestos para sufragarlo. Y no olvidar que cuando se demanda cualquier política sin límites fijos (ej. Las políticas ambientales), se deja afuera el concepto de los intercambios. Eso es lo que hace que tales exigencias sean de composición abierta en lo tocante a las cantidades de dinero que se requieren y con frecuencia a las restricciones que se imponen a la libertad de los individuos para hacer cumplir estas demandas.

Si construyo y construyo universidades en un lugar donde la industria y los negocios son escasos, estaré dilapidando recursos y sólo obtendré desempleados. Si tomo en cuenta el intercambio, sólo construiré los colegios que vayan acorde a la demanda del mercado. Esta cruda realidad es la que no aceptan los ignorantes, en especial los políticos.

Las exigencias sin límites fijos son un mandato para burocracias gubernamentales cada vez más amplias, con presupuestos y poderes cada vez más poderosos.

Por ejemplo, hace unos días la Comisión Federal de Competencia hizo ejemplo de una extrapolación ilimitada, de una verdadera falacia de la composición abierta: Pensar que una fusión entre dos empresas de telecomunicaciones resultaría en otro monopolio. Así, lo mejor fue combatir (prohibir la fusión) al monopolio desde sus “inicios”. Lamentable, porque el costo será enorme para los consumidores de telefonía celular. Como bien afirma el economista liberal Thomas Sowell, “si se ha de creer en las extrapolaciones ilimitadas, mediante tal razonamiento, el hecho de que la temperatura haya aumentado 10 grados desde el amanecer significa que todos estaremos achicharrados antes de fin de mes”.

¿Por qué este argumento amigo lector? Porque ya hay candidatos en los principales partidos políticos y ya empiezan a llenarnos de promesas incumplibles ó que requerirían de un altísimo costo para llevarlas a cabo. Algunos políticos, por ejemplo, quieren que México tenga los niveles de contaminación de los países escandinavos y pretenden imponer leyes draconianas para el sector productivo, sin pensar en el alto costo y pasando por alto que dichas naciones atravesaron por un proceso de crecimiento intenso que ha estado ausente en México.

Otros más nos hablan de construir estados de bienestar costosísimos en términos fiscales y que simplemente son financieramente inviables para México. Nuevamente, la falacia de la composición abierta hace su aparición.

Hace unos años nos dijeron que invertir en salud y educación sería lo mejor para México y hoy vemos los deleznables resultados: educación de mala calidad, servicios de salud costosos y pésimos y una buena parte del gasto público dedicado a cubrir las pensiones de una gigantesca burocracia médica y magisterial.

Así no se hacen las cosas, pero los políticos piensan más en maximizar los votos por lo que siempre se refugian en temas electoreros (más becas para todos, prepa sí, más guarderías, más dinero a madres solteras, más hospitales y escuelas, más subsidio a la pequeña y mediana empresa, más bancos de desarrollo y un larguísimo etcétera) en lugar de pensar en que cada política pública que se propone implica un costo que puede ser altísimo en función del uso alternativo de los recursos y, lo peor, un costo para las libertades individuales.

No lo olvide amigo lector, si vota por el político que más “cosas” promete, perderá mayores libertades como persona. Probadísimo. Políticas públicas sin límite son la antesala del infierno, son la antesala del endeudamiento y alza de impuestos. La falacia de la composición abierta, la extrapolación ilimitada, son el ingrediente ideal para la esclavitud. No lo olvide.

• Populismo • Política mexicana

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