Asuntos Económicos
Mar 26, 2012
Godofredo Rivera

Un intento más de prohibición moralina: Las corridas de toros

Jamás debe usarse al aparato legislativo para coartar las libertades esenciales. Nadie tiene el derecho a imponer su moral sobre nadie. Lo único que debe prohibirse son los ataques contra la vida, la libertad y la propiedad de los individuos.

Está por cuajarse un ataque más contra las libertades de los capitalinos. Una prohibición idiota y ridícula más. Se trata de la aprobación del dictamen en comisiones en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, sobre prohibir las corridas de toros en la capital de la República. Dicho dictamen pasa por alto dos aspectos fundamentales. Comienzo por el libertario.

Jamás debe permitirse que un grupo de personas (y menos una minoría) imponga su moral sobre otro grupo de personas. Es anti-liberal y ello abre la puerta del infierno de los totalitarismos. Las corridas de toros no dañan a ningún tercero, no atentan contra la vida, la libertad y la propiedad de los particulares. Aún cuando pienso que se trata de un espectáculo cruel hacia los animales, no es la prohibición la solución, sino la educación sobre el respeto hacia los seres vivos. Con este tipo de prohibiciones, mañana a otro grupúsculo de personas se le puede ocurrir que el comer animales es anti-humano y por tanto ordenar (usando al legislativo) que mañana todos seamos vegetarianos. ¿Una aberración? Claro, y es similar al intento de prohibir las corridas taurinas.

Otro ejemplo. Hay personas que piensan que el boxeo no es un deporte, y en cambio se trata de un ritual también cruel en donde la vida de las personas (los boxeadores) puede estar en peligro. En más, han muerto decenas de boxeadores desde que se inventó dicha disciplina. Nuevamente, intentar prohibir el box es acto totalitario. En primer lugar a ninguna persona se le obliga a ser boxeador. En segundo, si hay riesgo de muerte son los individuos los que deben asumir ese riesgo (es la libertad de uso de mi cuerpo), y en tercer lugar y más importante, el boxeo no genera externalidades negativas para nadie. Tanto los empresarios, aficionados y boxeadores ganan.

Yo poseo como mascota a un perro y detesto a quien los usa para peleas, pero reitero no soy nadie para prohibirlas (me parece que en el DF están prohibidas, no obstante se llevan a cabo de manera clandestina), para imponer mi moral sobre otros.

En el aspecto económico, se olvida que prohibir una actividad que tiene mucha demanda (afición) no terminará con las corridas taurinas, únicamente se trasladaría hacia los lugares de no prohibición, y en el peor de los casos dicha actividad se volverá clandestina.

Los legisladores también pasan por alto el desempleo que generarán al dejar a familias enteras que viven de la tauromaquia sin sustento para ganarse la vida.

Recuerdo cuando hace ya algunas décadas a un grupúsculo moralino se le ocurrió que en el DF nadie tenía el derecho de divertirse después de las 11 de la noche. Ello generó pérdida masiva de empleos en los lugares nocturnos. Restaurantes, cabarets, centros de diversión nocturna, bares, etc., tuvieron que cerrar pues la demanda se les cayó de la noche a la mañana producto de la prohibición. Se acabó de repente la vida nocturna en el DF. Los consumidores por supuesto que no dejaron de divertirse en el horario nocturno. La prohibición simplemente les encareció la diversión, pues en aquellas épocas se volvió costumbre tener que trasladarse hasta el Estado de México para seguir con la diversión. Nuevamente, la prohibición de unos cuantos termina por perjudicar a la mayoría y, lo peor, termina trastocando los derechos individuales más esenciales y causando serios estragos económicos.

Jamás debe usarse al aparato legislativo para coartar las libertades esenciales, en especial las de diversión que no dañan a terceros. Nadie tiene el derecho a imponer su moral sobre nadie. Hay que releer a Kant para entender la diferencia entre lo legal y lo moral. Lo único que debe prohibirse son los ataques contra la vida, la libertad y la propiedad de los individuos. Legislaciones que van más allá de estos aspectos terminan en el peor de los totalitarismos. Ya lo vimos en el fracaso de los países comunistas.

¿Mañana que sigue? ¿Que me prohíban tener mascotas? ¿Que me prohíban darle un beso a mi pareja? Vaya con estos idiotas moralinos.

Ojalá no se apruebe dicha legislación, pues será la antesala a otros ataques contra las libertades individuales más esenciales.



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Miguel Ángel Boggiano
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