MARTES, 27 DE MARZO DE 2012
Orígenes de nuestro atraso

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“La diversidad de nuestras leyes, instituciones y tradiciones culturales, traducida en una organización política muy diferente, explica en buena medida las diferencias entre el progreso alcanzado en México y Estados Unidos, sobre todo desde la independencia de ambos países.”


Para sorpresa de algunos de mis estudiantes, uno de los cursos que dicto en American University titulado La economía política de México en el Siglo XXI, se remonta al análisis de las características principales que diferencian el proceso de colonización en nuestra América ibérica y el de los dominios anglosajones.

La razón para que un curso de temas que no podrían ser de mayor actualidad en nuestras vidas, se remonte a la exploración comparada de lo que ocurrió más de cinco siglos atrás cuando españoles y portugueses llegaron hasta nuestro continente, frente a las acciones de los ingleses que ocuparon la zona septentrional de América, es que el presente no se entiende de otra manera.

Me da mucho gusto que este enfoque lo ratifique el más reciente libro de Daron Acemolgu (con James Robinson), brillante economista turco del MIT, titulado Por qué fracasan las naciones: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, en el que afirman, después de comparar las abismales diferencias que hoy existen entre Nogales, Sonora, y su ciudad gemela, Nogales, Arizona:

¿Por qué las instituciones de Estados Unidos son mucho más conducentes a alcanzar el éxito económico que las de México…? La respuesta a esta cuestión se encuentra en la forma en que esas distintas sociedades se formaron en los albores de su etapa colonial… Para entender sus divergencias debemos empezar en los cimientos mismos de las colonias del norte y las de la América ibérica.”

Para dar respuesta a la pregunta planteada y presumir la calidad de mis alumnos, reproduzco a continuación el ensayo de uno de ellos, circunscrito al caso de la Nueva España:

Los cinco elementos (esenciales) que diferenciaron la colonización inglesa de la española, y que explican sus radicalmente distintas rutas de desarrollo posterior, fueron la religión, la tradición política, la distribución de los recursos naturales, la densidad de la población indígena y la estructura social.

Mientras que los católicos españoles tenían una iglesia que imponía restricciones férreas a los flujos de información e ideas desde Europa a la Nueva España, y también dentro de la propia colonia, los colonos ingleses, protestantes en su mayoría, tenían una estructura religiosa descentralizada que de hecho obligaba a las iglesias a “competir” por sus fieles, y de esa forma creaban desincentivos al fundamentalismo y al radicalismo religiosos (claramente, para quienes deseaban hacer fortuna, había un incentivo evidente a afiliarse a la iglesia que impusiera las menores restricciones a sus actividades).

Con raciocinio similar, mientras que la tradición política española dependía del vasallaje de las comunidades a una autoridad real central, la tradición británica estaba empezando ya a depender de la división de poderes, en adición a que la Corona inglesa estuvo relativamente desvinculada en los inicios de su período de desarrollo. Tal centralización del control político y la regulación económica, reflejadas en crecientes costos de la información, limitaron el desarrollo de la América hispana versus la anglosajona.

Respecto a la distribución de recursos, mientras que los españoles tenían franco acceso a enormes riquezas, los ingleses se vieron forzados a desarrollar recursos dispersos y menos asequibles. De forma similar, mientras que los españoles gozaron de una abundante población indígena que se tradujo en fuerza de trabajo barata, los ingleses fueron confrontados con nativos más escasos y menos susceptibles de dejarse instruir.

Ambos factores alentaron a los ingleses a desarrollar una economía diversificada económica y geográficamente, mientras que en la caso de los españoles los indujeron a concentrarse en producir pocos bienes, sobre la base de una explotación que era políticamente inestable.

Finalmente, la división racial en sus respectivas sociedades fue definitoria, en especial al sobrevenir la independencia. Las colonias inglesas se encontraban unidas como sociedades sobre la base de excluir a la población no-blanca. En ese sentido, su rebelión (contra la Corona inglesa) era una revuelta entre miembros de la misma raza mientras que la insurrección de los novohispanos contra los españoles fue liderada, en su mayor parte, por criollos pero participaron también mestizos e indios. Fue una revolución heterogénea que condujo a una sociedad igualmente mezclada, mientras que la de las colonias inglesas desembocó en una sociedad unificada, que excluyó una proporción elevada de sus habitantes en función de su raza.

No cabe la menor duda que la diversidad de nuestras leyes, instituciones y tradiciones culturales, traducida en una organización política muy diferente, explica en buena medida las diferencias entre el progreso alcanzado en México y Estados Unidos, sobre todo desde la independencia de ambos países.

Lo que hay que explorar, sin embargo, es cómo naciones con nuestra misma herencia e historia han logrado romper el peso de la inercia y han emprendido su acelerada marcha a nuevos y avanzados estadios de desarrollo.


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