Pesos y contrapesos
Abr 2, 2012
Arturo Damm

Subsidio a campañas: Pecado y tiranía

¿Es justo que una parte de mis impuestos (y de los suyos) se vayan a subsidiar partidos políticos y propuestas electorales con los cuales no estoy (y usted no está) de acuerdo?

“Qué spotiza nos están metiendo…” tweeteó alguien el pasado viernes 20 de marzo, día del inicio formal (porque pese a la veda electoral informalmente los entonces precandidatos, ¡ahora por fin candidatos!, nunca dejaron de hacer campaña) de las campañas electorales, “¡Y lo que falta!”, respondió, ni tardo ni perezoso, otro twittero, agregando que “no será tanto lo duro sino lo tupido”. Para darnos una idea de lo que falta, recordemos lo que nos informó el IFE: “En los próximos 90 días se transmitirán cerca de 16.9 millones de promocionales, (de tal manera que) durante las campañas electorales rumbo a la elección del 1 de julio serán transmitidos a diario 7,380 spots o promocionales de los partidos políticos”, esto es, 307.5 cada hora o, para darnos una idea más puntual de lo tupido del bombardeo publicitario, 5.1 cada minuto o, para más puntualidad, uno cada 12 segundos, todo cargado a la cuenta de los contribuyentes, lo cual supone, de parte del gobierno, un doble abuso.

El primer abuso es el que corresponde, en general, al cobro de impuestos (es decir: al obligar al contribuyente a entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo) con fines redistributivos (quitarle a unos para darle a otros). El segundo abuso es el relacionado, en particular, con el obligar al contribuyente a entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo (esto es: a pagar impuestos), para redistribuir a favor de los partidos políticos y sus candidatos (quitarle a unos para darle a políticos en campaña), cobro de impuestos que, cuando se realiza con tal fin, supone obligar a los contribuyentes a subsidiar, ¡que no financiar!, partidos políticos y propuestas electorales con los cuales pueden no estar de acuerdo, lo cual es injusto, injusticia cometida por el gobierno, cuya tarea debe ser velar por la justicia, no cometer injusticias. Lo dijo muy claramente Thomas Jefferson: “Obligar a un hombre a proveer fondos para la propagación de ideas en las que no cree y que aborrece, es pecaminoso y tiránico.” Es, para usar otros términos, abusivo e injusto. ¿Qué parte de mis impuestos (y de los suyos) se están destinando a subsidiar partidos políticos y propuestas electorales con los cuales no estoy (y usted no está) de acuerdo? ¿Tiene o no razón Jefferson cuando califica al subsidio otorgado por el gobierno a propuestas electorales y a partidos políticos de conducta tiránica (dejemos de lado, para no meternos en los terrenos del Señor, lo de pecaminosa)?

En el inciso I, del artículo 41, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, leemos que “los partidos políticos son entidades de interés público”. En el inciso II, del mismo artículo, se apunta que “la ley garantizará que los partidos políticos nacionales cuenten de manera equitativa con elementos para llevar a cabo sus actividades y señalará las reglas a que se sujetará el financiamiento (debe decir subsidio) de los propios partidos y sus campañas electorales, debiendo garantizar que los recursos públicos (debe decir gubernamentales) prevalezcan sobre los de origen privado.”

Con relación a lo citado vale la pena comentar lo siguiente. Primero: qué curiosas entidades de interés público aquellas que necesitan del subsidio gubernamental o, dicho de otra manera, aquellas con relación a las cuales el gobierno debe obligar a los ciudadanos, ¡al público!, a subsidiar. Si fueran de interés del público; de mayor interés del público; de interés de más público; de mayor interés de más público, ¿necesitarían del subsidio (que no financiamiento) gubernamental (que no público)? Segundo: ¿por qué el subsidio gubernamental debe prevalecer sobre el financiamiento (ahora sí: financiamiento) público (ahora sí: público y no privado), primacía del subsidio gubernamental sobre el financiamiento público que inhibe la competitividad de los partidos políticos, es decir, sus esfuerzos por generarmayorinterés de más público, con el fin de lograr más financiamiento público, es decir, del público?

Entiendo cuáles pueden ser los inconvenientes del financiamiento del público a los partidos políticos (por ejemplo: el “secuestro” de los partidos políticos de parte de aquellos que aporten más financiamiento), pero no puedo dejar de preguntarme si el subsidio gubernamental, tanto por lo que de entrada implica (obligar a los ciudadanos a subsidiar partidos políticos y propuestas electorales con las que no comulgan), como por lo que de salida puede ocasionar (inhibir los esfuerzos de los partidos políticos por generarmayorinterés de más público - competitividad -, con el fin de lograr más financiamiento del público), es correcto, tanto desde el punto de vista de la justicia (el pecado y tiranía que menciona Jefferson), como desde la perspectiva de la eficacia (la competitividad a la que hice referencia).

Ayn Rand dijo que “la libertad de expresión (…) incluye el derecho de disentir, de no escuchar, y de no financiar a los propios antagonistas”, libertad de expresión que se viola cada vez que el gobierno, por medio del cobro de impuestos, le impone a los ciudadanos la obligación de subsidiar a partidos políticos, y a propuestas electorales, contrarias a sus principios, a sus convicciones, a sus creencias, todo lo cual, vuelvo a Jefferson, resulta “pecaminoso y tiránico”. Y, pese a ello, es el pan nuestro de cada día, consecuencia, tal vez, del error de creer que la justicia y eficacia de una acción depende de la identidad del agente, y no de la naturaleza de la acción, de tal manera que, dado que quien otorga el subsidio a partidos políticos y a propuestas electorales es el  gobierno dicha acción es justa y eficaz. Sí, ¡cómo no!

Volviendo a la spotiza que nos están metiendo, sin olvidar que no será lo duro sino lo tupido, por lo que pude oír el primer día de campaña, y teniendo en cuenta la degeneración de la democracia electoral en mercado electorero, mercado electorero que tiene como principal protagonista al gobierno ángel de la guarda (que pretende preservarnos de todos los males), y al gobierno hada madrina (cuya intención es concedernos todos los bienes), sugiero, con el fin de evitar tanto gasto, y “ahorrarle” varios millones de pesos a los contribuyentes, que los cuatro candidatos, en una sola exhibición, propongan que, de llegar a la presidencia (así, con minúsculas) lucharán a favor de TODOS los bienes y en contra de TODOS los males. Al final de cuentas eso es lo que, durante la campaña electoral, nos van a prometer: que además de ser gobierno gobierno, y garantizar la seguridad contra la delincuencia e impartir justicia, serán gobierno ángel de la guarda, y nos preservarán de todos los males, y gobiernos hada madrina, y nos concederán todos los bienes, momento de recordar que en la sociedad de hombres verdaderamente libres el único mal en contra del cual debe luchar el gobierno es la delincuencia, y que el único bien que debe proveer es la impartición de la justicia, siendo la lucha a favor de todos los otros bienes, y en contra de todos los otros males, responsabilidad de cada uno.

Vuelvo a Ayn Rand quien, relacionado con este tema, dijo que “un patrocinador tiene el derecho inalienable de retirar su apoyo económico a quienes defienden convicciones contrarias a las suyas,” derecho que el subsidio gubernamental a partidos políticos y campañas electorales viola de manera pecaminosa y tiránica.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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