MARTES, 10 DE ABRIL DE 2012
Miguel de la Madrid (II)

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
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No sé



El punto sobre la i
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Antonio Escohotado


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“El país más moderno, estable y democrático que hoy tenemos, sería impensable sin la decidida y valerosa gestión de Miguel de la Madrid.”


Como supuse, la cobertura de prensa sobre el desempeño de Miguel de la Madrid como Presidente de México entre 1982 y 1988 incluyó severas críticas por su manejo del terremoto de 1985 y por las elecciones de 1988, aunque me sorprendió positivamente que hubiera muchos análisis ponderados y elogiosos.

Me llamó la atención un comentario en particular, que creo que está completamente errado. Sergio Sarmiento escribió que “La verdadera ideología de De la Madrid quedó plasmada en sus enmiendas a los artículos 25 y 26 de la Constitución. En estas modificaciones se estableció un sistema de ‘rectoría económica del Estado’ copiado directamente de las legislaciones comunistas.”

Difiero de la interpretación de Sarmiento. Yo creo, más bien, que de la Madrid consideró que tenía que equilibrar la ímproba labor de vender o liquidar la mayoría de las casi 1,200 empresas paraestatales que perdían enormes cantidades de dinero, dándole a la izquierda del PRI las enmiendas aludidas.

Si a alguien le quedaba claro que los planes de desarrollo que se venía haciendo en México desde los años treinta no servían para nada –excepción hecha de la creación de empleo temporal para economistas mediocres y del impulso a la industria editorial por su publicación-, era a de la Madrid.

Esos planes enumeran una larga lista de buenos deseos y hasta aspiraciones, en los que se fijan metas cuantitativas y cualitativas en detalle: la economía crecerá a un X% anual, se mejorará la distribución del ingreso Y deciles del índice de Gini, se abatirá la pobreza extrema en W% de la población, etc., etc.

El único problema es que la elaboración del presupuesto federal, el verdadero instrumento a disposición del gobierno para influir directamente sobre la economía, no tiene la menor concordancia con los planes nacionales de desarrollo y sufre de una inercia que deja poco espacio de maniobra.

En el Plan correspondiente a 1983-88, de la Madrid señala como los ejes centrales de lo que su gobierno pretende hacer:

  1. “Conservar y fortalecer las instituciones democráticas” lo que, como es bien sabido, correspondía a una realidad priísta en la que el significado de términos como “democracia” no coincide con lo que señala el diccionario.

  2. “Vencer la crisis,” un buen deseo en el que se puso mucho esfuerzo y que llevó al recorte radical del gasto público y a la renegociación de la deuda externa en tres ocasiones, pero que no tuvo éxito cabal pues hechos fortuitos no programables como el terremoto de 1985 o el colapso de los precios del petróleo lo impidieron.

  3. “Recuperar la capacidad de crecimiento,” lo que tampoco sucedió por las mismas razones aducidas antes.

  4. “Iniciar los cambios cualitativos que requiere el país en sus estructuras económicas, políticas y sociales.” Hay que subrayar que este objetivo, que es el único que se cumplió diría yo con gran éxito, es de una naturaleza bien distinta a los anteriores, pues no es una meta como los otros sino un proceso.

Transformar una economía proteccionista y estatizada en una abierta al resto del mundo y mucho más eficiente, fue el gran logro de Miguel de la Madrid y requirió de un esfuerzo descomunal pues afectaba intereses creados muy fuertes, cuya sobrevivencia misma dependía de no cambiar nada.

La apertura de la economía, por ejemplo, procedió al cambiarse esencialmente la comisión que fijaba tarifas y permisos a las importaciones. Se incluyó al Banco de México –por el control de cambios- que junto con las secretarías de Hacienda y Programación, sumaban tres votos seguros a favor de la apertura.

Las secretarías de Comercio y de Patrimonio y Fomento Industrial junto con la entidad afectada por el arancel discutido ese día –en el caso de alimentos, la secretaría de Agricultura- invariablemente votaban en contra de eliminar el arancel o el permiso e iban armadas de profusos documentos que mostraban los terribles desastres que ocurrirían de abrirse la economía.

Las discusiones diarias de esta Comisión, sobre todo en el lapso 1985-87, terminaban siempre en empate, pero Hacienda tenía el voto de calidad por lo que procedimos a reducir o eliminar el mayor número de aranceles además de cancelar todos los permisos previos que impedían las importaciones.

Este proceso de apertura unilateral emprendido por México para inyectar, por fin, los incentivos necesarios para elevar la eficiencia de la economía, tiene pocos paralelos en la historia del comercio internacional y ciertamente refuta el mandato puntual del Plan Nacional de Desarrollo que rezaba:

“Se rechaza…la liberación a ultranza del comercio exterior…”

El país más moderno, estable y democrático que hoy tenemos, sería impensable sin la decidida y valerosa gestión de Miguel de la Madrid.

• Miguel de la Madrid

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