MIÉRCOLES, 11 DE ABRIL DE 2012
Posibilidades de la reforma fiscal (I)

Según usted, ¿cómo le está yendo a la economía mexicana?
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El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
Viktor Frankl


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“La reforma fiscal correcta primero deberá ser presupuestaria y preguntarse en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, y solamente después deberá ser tributaria y cuestionarse qué impuestos, a qué tasas y a qué contribuyentes cobrarlos.”


La reforma fiscal, si habrá de ser la correcta, (y la correcta será - ¿será? - aquella que se haga con el objetivo de reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, mismas que el actual esquema fiscal viola), deberá ser presupuestaria y tributaria, y primero deberá ser presupuestaria y preguntarse en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, y solamente después deberá ser tributaria y cuestionarse qué impuestos, a qué tasas y a qué contribuyentes cobrarlos. Las respuestas a las tres preguntas relacionadas con el tema presupuestario son: el gobierno gasta en cosas en las que no debe, razón por la cual gasta más de lo que debe, sin olvidar que muchas veces gasta de mala manera. Las respuestas a las tres preguntas concernientes al tema tributario son: impuestos al consumo (no al ingreso, no al patrimonio), a una tasa no expoliatoria (que es la que permite recaudar lo necesario para que el gobierno realice sus legítimas, ¡y nada más que sus legítimas!, funciones), a todos los contribuyentes (sin excepción de ningún tipo).

Centro la atención, para empezar, en el tema tributario, señalando que el mejor impuesto (el menos injusto y el más eficaz) es el impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin excepción de ningún tipo), no expoliatorio (para que su cobro no degenere en un robo con todas las de la ley), al consumo (no al ingreso y tampoco al patrimonio), y pregunto cuál sería el resultado, en México, de aplicar tal impuesto. Hagamos cuentas.

En 2011 el Gobierno Federal cobró quince impuestos distintos (considerando por separado cada uno de los impuestos especiales sobre producción y servicios), y recaudó, según las cifras reportadas por la Secretaría de Hacienda, 1 billón 294 mil 144 millones de pesos. Por su parte el consumo (gasto de las familias, inversiones de las empresas y compras de los extranjeros), según los datos del INEGI, sumó 18 billones 345 mil 662 millones de pesos. ¿Cuánto hubiera recaudado el Gobierno Federal si, en vez de haber cobrado los quince impuestos que cobró, hubiera cobrado, nada más, un impuesto del 15 por ciento al consumo de todos y de todo (incluidas medicinas y alimentos)? Respuesta: 2 billones 751 mil 849 millones de pesos, ¡112.6 por ciento más de lo que recaudó!, lo cual da una idea del engendro tributario que padecemos.

Lo anterior quiere decir que sí se puede llevar a cabo una reforma tributaria ideal, que logre los siguientes objetivos: 1) que el gobierno recaude más (aclarando que mientras no se revise a fondo en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, poner un peso más en manos de los gobernantes es meterle dinero bueno al malo); 2) que los contribuyentes que ya pagan impuestos paguen menos; 3) que los contribuyentes que no pagan empiecen a hacerlo; 4) que se simplifique lo más posible el sistema tributario; 5) que se aumente considerablemente, ¡importantísimo!, la competitividad del país.

Continuará.

• Reforma fiscal • Impuestos

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