MIÉRCOLES, 2 DE MAYO DE 2012
Contribuyentes: ¿Síndrome de Estocolmo?

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“¿Habremos desarrollado los contribuyentes respecto de los recaudadores una variación del síndrome de Estocolmo, que explica por qué no reaccionamos en defensa propia?”


Hace algunas semanas escribí, en este espacio, lo siguiente: “En 2011 el Gobierno Federal cobró quince impuestos distintos (considerando por separado cada uno de los impuestos especiales sobre producción y servicios), y recaudó, según las cifras reportadas por la Secretaría de Hacienda, 1 billón 294 mil 144 millones de pesos. Por su parte el consumo (gasto de las familias, inversiones de las empresas y compras de los extranjeros), según los datos del INEGI, sumó 18 billones 345 mil 662 millones de pesos. ¿Cuánto hubiera recaudado el Gobierno Federal si, en vez de haber cobrado los quince impuestos que cobró, hubiera cobrado, nada más, un impuesto del 15 por ciento al consumo de todos y de todo (incluidas medicinas y alimentos)? Respuesta: 2 billones 751 mil 849 millones de pesos, ¡112.6 por ciento más de lo que recaudó!”

A lo anterior añadí lo siguiente: “Lo anterior quiere decir que sí se puede llevar a cabo una reforma tributaria ideal, que logre los siguientes objetivos: 1) que el gobierno recaude más (aclarando que mientras no se revise a fondo en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno, poner un peso más en manos de los gobernantes es meterle dinero bueno al malo); 2) que los contribuyentes que ya pagan impuestos paguen menos; 3) que los contribuyentes que no pagan empiecen a hacerlo; 4) que se simplifique lo más posible el sistema tributario; 5) que se aumente considerablemente, ¡importantísimo!, la competitividad del país”.

Este tipo de ejercicio lo realizo cada año, y si bien las cifras cambian la conclusión es siempre la misma: con un impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin excepción de ningún tipo), no expoliatorio (para que su cobro no degenere en un robo con todas las de la ley), al consumo (no al ingreso y tampoco al patrimonio), los contribuyentes pagaríamos mucho menos de lo que pagamos y el gobierno recaudaría mucho más de lo que recauda, lo cual, de entrada, es una buena noticia para los contribuyentes, misma que estos pasan por alto. ¿Por qué lo digo? Porque nunca, cuando toco este tema, recibo una sola respuesta, un solo comentario, una sola duda de los lectores, fenómeno que se repite cuando, en mis conferencias, trato el asunto: por una oreja entra y por la otra sale, lo cual me resulta inexplicable.

¿Será que los contribuyentes hemos desarrollado, con relación a los recaudadores, una variación del síndrome de Estocolmo, el mismo que desarrollan los secuestrados respecto a sus secuestradores? El mentado síndrome, recordémoslo, es “una reacción psíquica por la cual la víctima de un secuestro, o persona retenida en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado, siendo que en ocasiones las personas secuestradas acaban ayudando a sus captores a alcanzar sus fines o a evadir a la policía”.

¿Habremos desarrollado los contribuyentes respecto de los recaudadores una variación del síndrome de Estocolmo, que explica por qué, ante tan contundentes cifras, no reaccionamos en defensa propia?

• Reforma fiscal • Impuestos

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