LUNES, 20 DE MARZO DE 2006
¿Quitarle a los ricos para darle a los pobres?

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“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
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“Aunque en el discurso López maneja la retórica de que primero son los pobres, la realidad es que sus propuestas son de redistribución de la riqueza de los pobres hacia los más ricos.”


Está de moda, definitivamente, entre los candidatos a la Presidencia de la República, hablar de redistribución de la riqueza, de quitarle a los ricos para darle a los pobres, especialmente entre el candidato López Obrador del PRD y alguno que otro que le hace comparsa.

 

La evidencia internacional del fracaso de estas políticas, llamadas erróneamente de Robin Hood (quien en Sherwood Forest robaba, no a los más ricos, sino al gobierno despótico instalado en ese lugar), han sido de un rotundo fracaso en el mundo. Sólo veamos la situación paralizante que económicamente viven países como Francia, Alemania e Italia. Estos países gozaron durante muchos años de plena libertad económica, especialmente Alemania. Luego, al desarrollarse plenamente, comenzaron las políticas redistributivas, de corte socialista, que pretenden estúpidamente que todos seamos iguales (ojo, no confundir derecho a igualdad de oportunidades, lo cual es justo, con derecho a igualdad de resultados, que premia a los más mediocres de la sociedad) y terminan creando enormes y escleróticos estados de bienestar (bienestar de los mediocres), que se apoyan en gobiernos obesos, que sólo pueden existir gracias a los altos impuestos que pagan los más productivos de la sociedad. El resultado, cero crecimiento económico, empresas que no compiten y el surgimiento de una clase parasitaria y ociosa que no busca conseguir trabajo, sino acceder a los distintos seguros de desempleo que jugosamente se ofrecen. No, definitivamente, ese no es el camino; estas políticas además de estimular el desempleo, ahuyentan a los más ricos y productivos de las sociedades. Ahora que Francia pretende comenzar a modernizar su legislación laboral, sólo hay que ver a los miles de mediocres que salen a las calles de París para evitar que se termine el estado de bienestar, que insistimos, estimula la mediocridad. Definitivamente, una vez instalado el estado de bienestar (bienestar de los mediocres), es difícil extirparlo.

 

Ahora bien, ¿son éstas las políticas que propone el candidato López? No. Las políticas que propone el candidato López son peores que las arriba mencionadas. Aunque en el discurso López maneja la retórica de que primero son los pobres, la realidad es que sus propuestas son de redistribución de la riqueza de los pobres hacia los más ricos, es decir, de abajo para arriba en la pirámide de ingresos de la población. ¿Sorprendido amigo lector? Déjeme utilizar el poder de la razón para comprobárselo. Revisemos las principales propuestas del candidato López.

 

Evitar que las empresas quiebren para salvar el empleo. En primer lugar el Erario no tiene los recursos para poder salvar a las empresas que principalmente dan empleo en este país que son las micro y pequeñas empresas (la tiendita, la tortillería, el taller mecánico de la esquina). Si el gobierno pretende crear un fondo para salvar de la quiebra a las empresas, la realidad es que quien recibiría estas aportaciones serían sólo los grupos empresariales poderosos cuyo poder de cabildeo es definitivamente superior al de cualquier pequeña ó micro empresa. Estas políticas ya existen en algunos países sudamericanos y sólo se han beneficiado los grupos empresariales que ejercen más presión sobre el congreso. El resultado: un riesgo moral latente (cualquier poderoso empresario invierte sin vigilar si la asignación de los recursos es la adecuada, a sabiendas que si quiebra, el gobierno lo salvará). Sobra decir que estas políticas, además de generar mediocridad económica (tolera a las empresas deficientes), utilizan recursos de los que menos tienen, y que a través de sus impuestos (hay que recordar que el gobierno no es el que da la lana sino los contribuyentes) se redistribuyen hacia los más ricos.

 

Bajar el precio de los energéticos. Bajar los energéticos tal como propone López es aberrante. Ya en este espacio hemos comentado que la mejor manera de bajar los actuales precios de insumos esenciales en la industria como gas, diesel combustóleo, gasolina y electricidad, es mediante la apertura a la inversión privada en el sector energético, tal como lo hacen prácticamente todas las naciones. Bajar los precios, como por arte de magia (tal como pretende López), es engañar a la gente. Ciertamente, se pueden bajar los actuales precios creando un decreto; pero esta opción conlleva forzosamente a usar subsidios. Hoy día se calcula que para subsidiar el gas que se usa principalmente en el norte del país, el Erario ha erogado más de 500 millones de dólares. Para subsidiar, además del gas, al resto de los energéticos, se requerirían de verdaderas fortunas en subsidios (que implican mayor expoliación de los contribuyentes). La pregunta es ¿quién consume más energéticos en este país? Obvio, la industria, cuyos dueños están en la parte más alta de la pirámide de ingresos. Nuevamente, subsidios de los contribuyentes que menos tienen a los más ricos.

 

Pensión universal. De entrada esta medida es hoy día inviable (pensión universal en toda la República). Sólo endeudando al Erario el gobierno tendría el dinero para estas pensiones. Además la presión de estos subsidios (elegantemente algunos les dicen impuestos negativos) se incrementaría en el tiempo, conforme la población mexicana vaya envejeciendo. Las promesas de que cualquier persona de la tercera edad tenga una pensión, viola un principio de equidad económica. ¿Por qué? Por que le da el mismo trato a ancianos ricos que a ancianos pobres. De entrada la medida premia la mediocridad, pues hace que muchos individuos jóvenes no se preocupen mucho por diseñar un paquete de retiro (producto de su trabajo) para tener una vejez digna. Por otro lado, beneficia a los ancianos que más tienen. Hoy día en el DF hay ancianos que ya tienen una pensión, pero que de cualquier modo cobran el dinero que el gobierno perredista que gobierna la ciudad, arbitrariamente toma de los contribuyentes para dárselos como pensión. El resultado: mayor endeudamiento e impuestos en la Ciudad de México. El resultado final: los contribuyentes de menores recursos terminan pagando el privilegio de los más ricos.

 

Creación de 200 nuevas universidades públicas en el país. Esta es una de las medidas más disparatadas. Para empezar se pretende que también sean gratuitas. Hay que recordar que en México quienes tienen acceso a la educación superior (sea pública ó privada) son los hijos cuyas familias están en los deciles más altos de ingreso. La mayor parte de la población en México no estudiará una carrera. Por supuesto, no existe la educación gratuita. La misma tiene que financiarse con recursos del contribuyente. Sin embargo, aquellos pobres que no tengan hijos en la universidad, también tendrán que pagar impuestos para mantener a las nuevas universidades públicas (y su privilegiado personal). Nuevamente, expoliar a los que menos tienen para privilegiar a los ricos.

 

Programas de obra pública sin precedente. Parece increíble, pero la izquierda mexicana todavía utiliza el argumento keynesiano ramplón de que entre más obra pública haya, mayor estímulo a la economía y mayor creación de empleos. Nada más falso. Ya desde el sexenio de Echeverría se utilizó esta estrategia. El resultado: creación de empleo temporal no productivo invertido en obra pública sin rentabilidad social. Resultado final: elefantes blancos, endeudamiento y por supuesto, enriquecimiento de los contratistas que le hicieron obra pública al gobierno. Al final el derroche de gasto público del gobierno, vía el endeudamiento, se traduce en inflación y devaluación que afectan a los que menos tienen. Sólo hay que ver en el DF los jugosos y nada claros contratos de los constructores que hicieron los inútiles y costosos segundos pisos. Nuevamente, redistribución del ingreso de los que menos tienen a los más ricos.

 

Útiles escolares gratis. Esto ya lo aplicó el candidato López en el DF. El resultado: se benefició a una gran empresa productora de útiles escolares (además de que nunca se hizo público del por qué se le dio el contrato a esta compañía) a costa de las miles de pequeñas papelerías (de extenderse esto a toda la República el resultado sería la quiebra masiva de miles de papelerías pequeñas) que pagan impuestos y que sobreviven gracias a la entrada del período escolar. ¿Hubo útiles escolares gratis? Naturalmente no. Al gigante papelero que distribuyó los útiles que el gobierno “regaló” se le pagó una cuantiosa suma que provino de los contribuyentes. Otra vez, los que menos tienen subsidian a los más privilegiados de la sociedad.

 

La propuestas aquí descritas no son, por desgracia, las únicas inequitativas que promete el candidato López instrumentar de llegar al poder. Por razones de espacio, sólo analizamos en esta ocasión las arriba expuestas. Sin embargo, lo importante es entender la infamia de quitarle a los pobres para darle a los ricos que se oculta detrás del engaño de que el gobierno dispone de fondos propios e infinitos para repartir, cuando todo lo que tiene lo ha obtenido previamente de la gente a través de los impuestos y de la inflación. Esto no es como vemos ninguna “nueva y revolucionaria política económica”, es pan con lo mismo: la expoliación de los más pobres para mantener el privilegio de los ricos.


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