LUNES, 13 DE AGOSTO DE 2012
¿Límites?

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
Un acierto
Un error
No sé



El punto sobre la i
“La barrera infranqueable del ejercicio de los derechos de cada cual deben ser los derechos de los demás, que nos imponen el deber de respetarlos, deber que debemos asumir libremente. El que no todos estén dispuestos a asumirlo es la razón de ser del Estado.”
Félix de Jesús


Más artículos...
Manuel Suárez Mier
• La notoria Greta

Arturo Damm
• Desconfianzas

Luis Pazos
• Ejército: caudillista o constitucional

Arturo Damm
• Inversiones, mal

Ricardo Valenzuela
• Coup d’etat financiero mundial (II)

Arturo Damm
• Desconfianza empresarial

Isaac Katz
• ¿Y ahora?


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Arturo Damm







“Si hay un campo de la acción humana, además del de los deportes, en el cual el poder del ser humano parece no tener límites, ese es el de la actividad económica, en general, y el de la producción, en particular.”


Sabemos que la acción humana, cualquiera que sea, tiene límites, pero lo que no sabemos es en dónde están esos límites que, más que limitar, incentivan, tal y como lo acabamos de ver en los Juegos Olímpicos, que nos permiten presenciar uno de los campos más importantes de la acción humana, el deporte de alto rendimiento, cuyo objetivo es ir más allá del límite que hasta hoy se consideraba tal. Más alto, más rápido, más fuerte. Citius altius fortius.

Sabemos que la acción humana, dado que el ser humano no es omnipotente, tiene límites, pero lo que no sabemos, dado que, sin ser omnipotente, el ser humano es cada vez más potente, es en dónde están esos límites. Pongo un ejemplo. El 24 de agosto de 1920, el primer gran nadador de la historia, el hawaiano Duke Kahanamoku (padre del surf, entre otras distinciones) estableció el record mundial del los 100 metros libres en 1:00:4 minutos, todavía por arriba de la marca de los sesenta segundos. Tiempo después, el 19 de julio de 1922, el gran Johnny Weissmuller, considerado el mejor nadador de la primera mitad del siglo XX, rompió el record mundial de Kahanamoku, dejando la marca en 58:6 segundos, convirtiéndose en el primer nadador en romper, en los cien metros estilo libre, la barrera del minuto, hazaña que en su momento se consideró insuperable, ¡un límite infranqueable!, lo cual, obviamente, no fue cierto. El mismo Weissmuller, el 17 de febrero de 1924, rompió su record y dejó la marca mundial de los cien metros estilo libre en 57:4 segundos.

La hazaña de Weissmuller fue doble. En primer lugar por lo ya dicho: fue el primero en nadar los cien metros libres por debajo del minuto, sesenta segundos que en aquel entonces eran considerados una barrera psicológica, un límite mental. En segundo término por la magnitud de la rebaja con relación a la record de Kahanamoku, disminución que fue de un segundo con ocho décimas, de 1.00.4 a 58.6, lo cual, para la distancia de cien metros, es una magnitud considerable, solamente alcanzable por un fuera de serie, como en su momento lo fue Johnny Weissmuller, nadador para quien los límites no fueron eso, límites, sino incentivos.

Traigo a colación la historia de los records mundiales de Weissmuller en los 100 metros libres, para compararlos con lo que hoy hacen los nadadores, no en los 100 metros libres, sino en los 1,500, en concreto con lo que, en las pasadas Olimpiadas, hizo Yang Sun, quien nadó la distancia, imponiendo record del mundo, en 14:31:02 minutos, lo cual dio como resultado un promedio de 58:07 segundos por cada uno de los quince cienes, lo cual quiere decir que nadó cada uno de esos quince cienes más rápido de lo que Weissmuller nadó aquel único cien de su primer record mundial: 58.6 segundos. Para mayor asombro: el último cien de los quince que despachó Sun lo nadó en ¡53:50 segundos! Dicho sea de paso: el actual record mundial de los cien metros libres, 46:91 segundos, es de César Cielo, impuesto el 30 de julio del 2009.

Sabemos que la acción humana, cualquiera que ésta sea, y dado que el ser humano no es omnipotente, tiene límites, pero lo que no sabemos, dado que el ser humano es cada vez más potente, es en dónde están esos límites, que para el espíritu del ser humano no suponen desalientos sino incentivos, y no solamente en el campo del deporte, sino en el universo de toda la acción humana, universo en el cual ocupa un lugar importante la actividad económica, en general, y, en particular, la producción, cuyos límites, tanto cuantitativos como cualitativos, no sabemos dónde están.

Imaginemos la situación de los primeros seres humanos, al inicio de la historia, situación que fue de extrema pobreza, y comparémosla con la que enfrenta cualquier consumidor hoy en día, en un típico centro comercial, y con suficiente poder adquisitivo. Lo que llama la atención es la enorme cantidad de bienes y servicios con los que cuenta hoy en día el consumidor, mercancías con las que aquellos antepasados nuestros ni siquiera soñaron. Si comparamos la situación de aquellos primeros seres humanos (padeciendo una escasez absoluta) con la nuestra (disfrutando una abundancia relativa), pareciera ser que el paso de aquella situación de pobreza absoluta, a la situación actual de riqueza relativa, fue obra de un milagro. ¿Cómo fuimos capaces de tal salto, que no fue ni rápido ni fácil, pero que al final de cuentas se dio, y se sigue dando? Lo milagroso del caso es que ese salto no fue obra de algún milagro, sino del trabajo, del ingenio y del esfuerzo humano, sin olvidar el arreglo institucional (reglas del juego) que incentiva al máximo el trabajo, el ingenio y el esfuerzo, arreglo institucional que debe basarse en la libertad individual (dejar hacer al que quiera hacer), la propiedad privada (dejar poseer aquello que es producto de haber hecho algo) y la responsabilidad personal (dejar enfrentar las consecuencias de nuestros aciertos y triunfos, pero sobre todo de nuestros errores y fracasos), arreglo institucional que, en esencia, es el que opera en los deportes, y que es el modelo que debe aplicarse en el campo de la actividad económica, campo en el cual su aplicación, sobre todo en economías como la mexicana, deja mucho que desear, arreglo institucional que es, en esencia, el del liberalismo, basado en los tres pilares ya mencionados: libertad individual, propiedad privada y responsabilidad personal.

Si hay un campo de la acción humana, además del de los deportes, en el cual el poder del ser humano parece no tener límites, ese es el de la actividad económica, en general, y el de la producción, en particular. Hemos sido capaces de producir cada vez más y mejores bienes y servicios, y de hacerlo para un número cada vez mayor de gente. Falta por hacer, cierto, pero los resultados hasta ahora han sido buenos, y lo que falta por hacer, sobre todo si los resultados han de seguir siendo cada vez mejores, requiere del marco institucional adecuado que permita, uno, que la gente produzca (que el gobierno no prohíba o limite ninguna actividad económica); que la gente se quede con lo que produce (que el gobierno no le quite a unos para darle a otros); que la gente se responsabilice, por sus éxitos, pero sobre todo por sus fracasos (que el gobierno no rescate al perdedor).

Sabemos que la actividad económica tiene límites. Pero lo que no sabemos es dónde están esos límites, resultando desesperante que en muchos casos (el de México es claro) sean los gobiernos los que, de manera arbitraria, impongan límites artificiales a las actividades económicas de los individuos, limitando la enorme capacidad productora (hacer más) y productiva (hacerlo mejor) del ser humano, y limitando por ello las posibilidades de alcanzar mayores niveles de bienestar. En la economía mexicana deberíamos de aprender del marco institucional que, en esencia, rige en el deporte: libertad individual (respetando las leyes, que son las mismas para todos, vigiladas por jueces imparciales, cada quien hace lo que quiere con el fin de mejorar y ganar), propiedad privada (no hay una autoridad que redistribuya las medallas según las necesidades o intereses de algunos: las medallas se ganan y son propiedad de quien las ganó) y responsabilidad personal (¿perdiste?, es tu responsabilidad y no hay autoridad que te libere de tu fracaso), condiciones indispensables para poder ir más allá de los límites, es decir, para incentivar el trabajo, el ingenio y el esfuerzo.

• Liberalismo • Acción humana

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus