Pesos y contrapesos
Ago 27, 2012
Arturo Damm

El precio del huevo: Economía I

¡El precio del huevo debe aumentar todo lo que sea necesario para evitar la escasez!

Cualquier estudiante de economía que haya cursado Economía I sabe 1) qué son los precios, 2) qué tareas desempeñan, y 3) qué se requiere para que las desempeñen de la mejor manera posible, razón por la cual sabe cuáles son las consecuencias de la manipulación gubernamental de los precios misma que, más allá de las buenas intenciones del manipulador –sin olvidar que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno– siempre termina siendo un tiro por la culata, algo que, por lo visto, no acaban de entender en la Secretaría de Economía, que muchas veces actúa como si fuera Secretaría de Antieconomía, olvidando (lo cual supone que alguna vez lo supieron, lo cual puede implicar suponer más de la cuenta) lo que todo estudiante que haya cursado Economía I sabe: que la manipulación gubernamental de precios impide que, ante los fenómenos de escasez o sobreoferta, los mercados se ajusten hacia el equilibrio.

El hecho es que, por obra y gracia de la gripe aviar, que se detectó desde junio pasado, se tuvieron que sacrificar 11 millones de gallinas ponedoras, más o menos el 7.5 por ciento del total, lo cual tuvo como consecuencia una reducción en la oferta de huevos, a lo que cual hay que sumarle un segundo hecho: el aumento en el precio de los alimentos para las aves, lo cual encareció la producción de huevos, presionando a la alza el precio del producto. Lo que se generó fue una doble presión alcista sobre el precio del huevo, en primer lugar por el aumento en sus costos de producción, en segundo término por la menor producción de huevos, aumento en el precio del huevo que es condición necesaria para que se resuelva el problema de la escasez, razón por la cual no se debe evitar dicha alza.

¿Por qué el alza en el precio de una mercancía, consecuencia de su escasez, resuelve el problema de la escasez? Por el efecto que dicha alza tiene sobre el comportamiento de los consumidores y los productores. En primer lugar, el aumento en el precio reduce la cantidad demandada del producto, dado que habrá consumidores que ya no quieran, porque no lo valoran tanto, o que ya no puedan, porque ya no tienen poder adquisitivo, pagar un precio mayor. En segundo término, el incremento en el precio del producto incentiva una mayor producción del mismo, ya que ese mayor precio puede ser ocasión de una mayor ganancia para quien invierta en la producción del mismo. En resumen: el aumento en el precio de una mercancía reduce su cantidad demandada y aumenta su cantidad ofrecida, siendo esta combinación la que hace posible la reducción de la escasez, y al final de cuentas también la reducción del precio.

Las autoridades de la Secretaría de Economía podrán decir que entienden lo anterior, y que su actuación no va en contra del alza justificada del precio, sino en contra del aumento abusivo del mismo, motivo por el cual ha llevado a cabo desde inspecciones hasta la imposición de multas, sin olvidar la amenaza de meter a la cárcel a todo aquel que ofrezca el huevo a un precio injustificado, momento de preguntar, ¡y a ver quién es el valiente que responde correctamente!, a partir de qué peso el aumento en el precio del huevo, y de cualquier otra mercancía, resulta abusivo e injustificado, sobre todo si se entiende que, ante la escasez, lo correcto es que el precio aumente, y que aumente todo lo que sea necesario para, uno, reducir la demanda y, dos, aumentar la oferta. Si la actuación de la autoridad impide que ese aumento sea el que debe ser lo que hace es impedir que se lleve a cabo el proceso de ajuste en el mercado que, de no obstaculizarse, dará como resultado, al final de cuentas, una mayor oferta y un menor precio. Pero para llegar a este resultado el precio debe aumentar todo lo que sea necesario para que, efectivamente, se reduzca la demanda y aumente la oferta.

Lo anterior quiere decir que lo mejor que puede hacer el gobierno ante el aumento en el precio de una mercancía es dejar que aumente todo lo que deba de aumentar, sobre todo si ese aumento se debe, ¿y a qué otra causa podría deberse?, a la escasez. Entonces, ante la escasez, ¿el gobierno no debe hacer nada? No, claro que no, hay algo que sí debe hacer, suponiendo que, de manera irresponsable y abusiva, no lo haya hecho: eliminar cualquier obstáculo que, arbitrariamente, haya impuesto a la importación del producto en cuestión, ya que la importación de mercancías (lo cual supone que el gobierno no las prohíbe), y su oferta al menor precio posible (lo cual supone que el gobierno no las grava con aranceles), es una manera eficaz de aumentar la oferta y, muy importante, de generar la mayor competencia posible que obligue a los productores nacionales a volverse más competitivos –menores precios, mayor calidad y mejor servicio– todo en beneficio de los consumidores, recordando que todo lo que beneficia a los consumidores supone verdadera economía, es decir, el mejor uso posible de los recursos escasos, comenzando por los factores de la producción.

Así las cosas, la actuación de la Secretaría de Economía ante el alza en el precio del huevo fue equivocada: amenazó con castigos, que incluían hasta cárcel, a quienes ofrecieran el huevo a precios abusivos, y se tardó mucho tiempo en permitir la importación, libre de arancel, de huevos, permiso gubernamental para importar sin arancel que muestra lo mucho que todavía falta para tener en México verdadero libre comercio, que es aquel arreglo institucional por el cual son los consumidores, ¡y nadie más que los consumidores!, quienes, comprando o dejando de comprar en los mercados, determinan la composición (qué) y el monto (cuánto) de las importaciones, sin ninguna intervención del gobierno, intervención gubernamental que, al eliminar o limitar la competencia que traen consigo las importaciones, siempre es a favor de unos cuantos productores nacionales, quienes podrán cobrar un precio mayor por lo que ofrecen, y en contra de millones de consumidores, quienes tendrán que pagar ese precio mayor, lo cual reduce su nivel de bienestar.

El trabajo de la Secretaría de Economía debe ser, sin concesión de ningún tipo, a ningún tipo de productor nacional, a favor del libre comercio, cuyo efecto general es, por el lado del consumidor, mayor bienestar, y, por el lado del productor, mayor competitividad, es decir, menores precios, mayor calidad y mejor servicio, trilogía que hace posible el mayor bienestar de los consumidores, siendo tal bienestar la variable en función de la cual debe calificarse el desempeño de una economía, desempeño de la economía mexicana que no siempre es el que debería de ser, y no lo es porque en no pocas ocasiones la Secretaría de Economía actúa como Secretaría de Antieconomía.

Dicho todo lo anterior, y para terminar, ¿cómo calificar el comportamiento del Gobierno del DF, al garantizar el precio del kilo de huevo a 20 pesos? ¿Populismo económico? Por cierto, con relación a ese subsidio, porque de eso se trata, de un subsidio, 1) ¿a quién beneficia?, 2) ¿a quién perjudica?, 3) ¿cuánto cuesta?, 4) ¿quién paga?, cuatro preguntas que hay que hacer con relación a cualquier política gubernamental, y cuyas respuestas son necesarias para evaluarlas correctamente. Ebrard, ¿sabrá las respuestas? Y si no las sabe, ¿actuó responsablemente?



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