LUNES, 15 DE OCTUBRE DE 2012
Entendiendo el comercio internacional

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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Arturo Damm







“Que otros gobiernos mantengan medidas proteccionistas contrarias a la competitividad de las empresas y al bienestar de los consumidores, ¿supone que el gobierno mexicano también deba hacerlo?”


Estando de gira por Europa Peña Nieto twiteó lo siguiente: “En esta 2da. gira internacional, continúa la búsqueda de un mayor intercambio (comercial) de México con el mundo…”, todo lo cual está muy bien, porque a más comercio mayor bienestar, y con el 51.7 por ciento de la población de este país sobreviviendo en la pobreza no podemos darnos el lujo de desperdiciar cualquier oportunidad a favor del progreso económico, y una de esas oportunidades es la que trae consigo el comercio, al margen de que sea nacional (entre personas de la misma nacionalidad) o internacional (entre personas de distinta nacionalidad), teniendo claro que lo que importa es el comercio no la nacionalidad de quienes comercian: si el intercambio comercial entre dos mexicanos es bueno, y lo es, ¿por qué no habría de serlo también entre un mexicano y, por ejemplo, un estadounidense?

Ante la intención de Peña Nieto –lograr un mayor intercambio comercial de México con el mundo– debemos preguntarnos ¿qué impide que los mexicanos tengamos más intercambios comerciales con personas de otras nacionalidades? La respuesta es: las barreras proteccionistas que los gobiernos imponen a las importaciones de mercancías con el fin de proteger, de la competencia que las mercancías importadas traen consigo, a los productores nacionales, lo cual, para muchos, resulta políticamente correcto –¡proteger a los productores nacionales de la competencia de los productores extranjeros!– por más que económicamente sea un grave error, por dos razones: 1) las medidas proteccionistas, al eliminar o limitar la competencia, inducen el alza de precios, misma que reduce el nivel de bienestar de los consumidores; 2) las medidas proteccionistas, al eliminar o limitar la competencia a la que se verían sujetas las empresas nacionales, promueven la incompetencia que, entre otras cosas, se traduce en mayores precios. Si Peña Nieto quiere, ¡y ojalá y no solamente quiera sino también pueda!, lograr un mayor intercambio comercial de México con el mundo debe luchar en contra de las medidas proteccionista que, de una u otra manera, en mayor o menor medida, limitan el intercambio comercial entre mexicanos y agentes económico de otras nacionalidades, sin olvidar, ¡sobre todo en beneficio de los consumidores mexicanos!, que el buen juez por su casa empieza.

¿Qué quiere decir, en relación a la intención de Peña Nieto de lograr un mayor intercambio comercial de México con el resto del mundo, que el buen juez por su casa empieza? Que si Peña Nieto habla en serio debe comenzar por eliminar las barreras proteccionistas que el gobierno mexicano sigue imponiendo a la importación de mercancías, comenzando por los aranceles, que son los impuestos con los que el gobierno grava las importaciones, y que este año, según la Ley de Ingresos de la Federación, sumarán 27 mil 259 millones de pesos, clara muestra del proteccionismo que sigue practicándose y del libre –verdaderamente libre– comercio que sigue pendiente.

Antes de continuar tengamos claro que el libre comercio es aquel arreglo institucional por el cual son los consumidores, comprando o dejando de comprar en el mercado, quienes determinan la composición (el qué) y el monto (el cuánto) de las importaciones, sin ningún tipo de intervención del gobierno que elimine o limite la importación de mercancías. Por el contrario, el proteccionismo es el arreglo institucional por el cual, en mayor o menor medida, de una u otra manera, el gobierno determina el qué se puede importar (la composición de las importaciones) y el cuánto se puede importar (el monto de las importaciones), proteccionismo que siempre se ejerce, tal y como su nombre lo indica, para proteger de la competencia a los productores nacionales, solapándoles su incompetencia, siempre a cargo de los consumidores, que al final de cuentas somos todos. El proteccionismo lo que hace es proteger de la competencia a los productores nacionales, lo cual, bien vistas las cosas, es un error: ¿proteger de la competencia, es decir, promover la incompetencia?

Seguramente que, llegados a este punto, más de uno se preguntará si es correcto que el gobierno mexicano elimine todas las barreras proteccionistas sin la reciprocidad de parte de los gobiernos de otros países, que es lo que se busca negociando tratados de libre comercio: tú eliminas medidas proteccionistas y yo también las elimino. Lo ideal, obviamente, es que todos los gobiernos eliminen todas las barreras proteccionistas, pero en este caso lo ideal no es condición necesaria para que el gobierno mexicano no termine, de una buena vez por todas, con el proteccionismo que todavía se practica en México. Si los gobiernos de otros países, aplicando medidas proteccionistas, deciden seguir solapando la incompetencia de sus productores, limitando las posibilidades de un mayor bienestar para sus consumidores, allá ellos y sus medidas  proteccionistas, que no hacen sino agravar el problema de la escasez, de entrada impidiendo una reducción de precios. Que otros gobiernos mantengan medidas proteccionistas contrarias a la competitividad de las empresas y al bienestar de los consumidores, ¿supone que el gobierno mexicano también deba hacerlo? No.

Para entender mejor mi argumento hay que tener en cuenta, en contra de una opinión muy generalizada, que el fin del comercio internacional son las importaciones, no las exportaciones, por una razón muy sencilla: es con las importaciones, es decir, con las mercancías que compramos, no con las exportaciones, las mercancías que vendemos, con las que satisfacemos nuestras necesidades. Cierto, para poder importar (comprar y consumir) hay que exportar (producir y vender), ya que es con el ingreso generado por las exportaciones con el cual pagamos por las importaciones, pero estas son el fin y aquellas el medio, lo cual quiere decir que la mejor manera que tiene un gobierno de promover las exportaciones es permitiendo, sin ningún tipo de limitación, todas las importaciones que los consumidores nacionales estén dispuestos a comprar y consumir, consumidores nacionales que deben determinar el qué (composición) y el cuánto (monto) de las importaciones, tal y como corresponde al verdadero libre comercio, mismo que en México todavía no existe: no confundamos el hecho de que hoy el comercio entre mexicanos y agentes económicos de otra nacionalidad está menos regulado que hace algunos años con el verdadero libre comercio, en el cual el gobierno no determina, en ningún caso, ni el monto (cuánto) ni la composición (qué) de las importaciones. Los 27 mil 259 millones de pesos con los que el gobierno gravará este año las importaciones de mercancías son muestra del proteccionismo que todavía practica el gobierno mexicano.

Qué bueno que Peña Nieto quierelograr un mayor intercambio comercial de México con el resto del mundo, porque a más comercio mayor bienestar y, lo repito, el gobierno de un país en el cual el 51.7 por ciento de la población sobrevive en la pobreza no puede darse el lujo de desperdiciar tales oportunidades. La pregunta es si Peña Nieto está dispuesto a hacer aquello que sí puede, ¡y debe!, hacer para avanzar en esa dirección: terminar de una buena vez por todas con el proteccionismo practicado por el gobierno mexicano, que tan caro le ha costado a los consumidores, y que tan bien ha solapado la incompetencia de muchos productores nacionales, todo lo cual es injusto y antieconómico. Cuando Peña Nieto habla de conseguirun mayor intercambio comercial de México con el resto del mundo, ¿habla en serio? Ya veremos.

• Globalización / Comercio internacional

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