Jaque Mate
Oct 19, 2012
Sergio Sarmiento

La violencia

Necesitamos legalizar las drogas y prohibir las armas. Pero los dos son asuntos en que el gobierno de los Estados Unidos, que es el mercado relevante en drogas y el mayor productor de armas, no quiere meterse. Y mientras ello no ocurra será imposible reducir la violencia que sufre nuestro país.

Algunas reformas estructurales tienen que pasar necesariamente por el Congreso de la Unión, ya que requieren reformas de ley o incluso enmiendas en la Constitución. Ambas requieren de acuerdos que involucran a la mayoría de los partidos políticos. Otras, sin embargo, no exigen más que una firme voluntad política. Tal es el caso de la lucha contra la violencia.

Alberto Espinosa, presidente nacional de la Coparmex, señaló este miércoles 9 de octubre que la violencia que agobia a nuestro país tiene un costo económico de 212 mil millones de pesos. Yo no sé si las cifras de esta organización sean realmente precisas, pero aunque sólo fueran razonablemente cercanas a la realidad la violencia representaría un costo monumental para la economía nacional.

Una reforma fiscal de fondo en nuestro país podría arrojar un aumento de ingresos gubernamentales de entre 100 mil y 200 mil millones de pesos al año. Esto significa que un abatimiento de la violencia en México podría ser equivalente en términos económicos. Pero el costo económico palidece cuando consideramos los beneficios en la tranquilidad de los mexicanos.

El presidente Felipe Calderón ha dicho en innumerables ocasiones que su gobierno no podía haberse dado el lujo de no enfrentar al crimen organizado. “El gobierno del presidente de la república sigue debilitando a la delincuencia sin excepción” nos dicen una y otra vez los spots que el gobierno difunde en radio y televisión. Tras la muerte de El Lazca el presidente señaló que el gobierno ha “abatido” a 25 de los 37 criminales más buscados. Esto parecería refrendar un éxito contundente en la guerra.

Quizá el presidente tenga algo de razón, aunque esto depende de cuál sea el objetivo de la guerra contra el narco. Si el propósito es detener o matar a un gran número de capos, se puede afirmar que el presidente Calderón ha tenido el mayor éxito en la historia del país. Si lo que se busca es garantizar la seguridad de los ciudadanos, el resultado es exactamente el contrario.

El número de homicidios dolosos en nuestro país se ha triplicado entre 2007 y 2011. Y si bien hay una disminución en el 2012 sobre los altísimos niveles del año anterior, los números al término de este año serán muy superiores a los que se registraban a principios del sexenio.

México no requiere reformas constitucionales para acabar con la violencia. Se necesita, por supuesto, hacer un esfuerzo más eficaz para tener cuerpos policiales profesionales y no corruptos. Necesitamos también cárceles en que el Estado sea el verdadero poder y no los criminales ahí recluidos. De lo contrario los presidios seguirán teniendo fugas o seguirán siendo centros de operación de la delincuencia organizada.

Por lo demás, las dos reformas fundamentales para disminuir la violencia tienen que venir del extranjero. Necesitamos legalizar las drogas y prohibir las armas. Pero los dos son asuntos en que el gobierno de los Estados Unidos, que es el mercado relevante en drogas y el mayor productor de armas, no quiere meterse. Y mientras ello no ocurra será imposible reducir la violencia que sufre nuestro país.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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