Jaque Mate
Nov 22, 2012
Sergio Sarmiento

Falsa victoria

Una simple reestructuración de las responsabilidades de policía y gobierno interior de la administración pública federal no cambiará los retos más importantes del gobierno.

En este fin de sexenio el presidente Felipe Calderón se ha enorgullecido de su esfuerzo en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. En distintos momentos ha señalado que el esfuerzo que realizó era indispensable y que su gobierno detuvo o “abatió” a 25 de los 37 principales capos del narco.

No todo el mundo, sin embargo, acepta que la labor del presidente Calderón ante el crimen organizado haya sido victoriosa. Muchos sostienen que la triplicación del número de homicidios dolosos entre 2007 y 2011 es por sí sola señal de una derrota dolorosa y contundente. Otros apuntan que el hecho de que decenas de mexicanos hayan muerto en ejecuciones del narcotráfico sin que se haya reducido el flujo de la droga o el consumo es una indicación de la derrota.

El presidente electo Enrique Peña Nieto y los miembros de su equipo han señalado que no dejarán de perseguir al crimen organizado. Esto es evidente. Ningún país puede darse el lujo de mandar una señal de que dejará de aplicar sus propias leyes. Pero el próximo mandatario también ha apuntado que cambiará el énfasis del esfuerzo y se enfocará principalmente a aquellos crímenes que tienen un mayor impacto en la sociedad, como el homicidio, el secuestro y la extorsión.

Aún antes de tomar el poder Peña Nieto ha declarado que hará un cambio importante en su estrategia contra el crimen organizado. La Secretaría de Seguridad Pública, que ha sido la punta de lanza en el esfuerzo de prevención e investigación del delito en los gobiernos panistas de Vicente Fox y de Felipe Calderón, podría desaparecer en el nuevo sexenio. La Policía Federal y las labores sustantivas de la SSP pasarían a la Secretaría de Gobernación, que se convertiría en un ministerio del interior con facultades similares a las que éstos tienen en los países de Europa. De alguna manera esta medida le devolvería a Gobernación una parte importante de las responsabilidades que esta dependencia tenía antes de los gobiernos del PAN.

Una simple reestructuración de las responsabilidades de policía y gobierno interior de la administración pública federal no cambiaría, por supuesto, los retos más importantes del gobierno. No importa realmente cuál sea el lugar de la Policía Federal dentro de la estructura gubernamental. Lo importante es que sus agentes sean capaces y honestos. Cuando se crearon la Policía Federal, la Agencia Federal de Investigaciones y la propia Secretaría de Seguridad Pública se sostuvo que los cuerpos policiacos se estaban limpiando a fondo. Al final poco importaron los cambios, o los exámenes de confianza que se aplicaron a los agentes. Los problemas de ineficiencia, falta de voluntad para perseguir los delitos e incluso corrupción y complicidad con el crimen no desaparecieron.

Hay buenas razones para pensar que el presidente Calderón alcanzó una falsa victoria en su guerra contra el crimen organizado. Lo importante ahora, sin embargo, es que el presidente electo y su futuro gobierno no se dejen llevar por esa misma ilusión y piensen que una reestructuración administrativa por sí sola eliminará este doloroso problema.



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