LUNES, 3 DE DICIEMBRE DE 2012
El regreso del PRI

¿Usted considera que la política debe estar por encima de la economía?
Sí, la política debe estar por encima de la economía
No, la economía debe estar por encima de la política
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No sé



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“Nominalmente, a Los Pinos, regresa el PRI, ¿pero realmente quién regresa?”


Pues sí, en cierto sentido, en el nominal, el PRI está de regreso, encabezando nuevamente el Poder Ejecutivo Federal, con la presidencia de la república recuperada, después de los doce años de gobiernos panistas. Y digo en sentido nominal porque, si de lo nominal pasamos a lo real, lo primero que hay que hacer ante la afirmación el PRI está de regreso  es preguntar ¿cuál de todos? ¿Alguno de los ya conocidos o, por el contrario, uno hasta ahora inédito que, en una de esas, nos da la sorpresa? Dicho sea de paso: eso –darnos la sorpresa– es lo que le conviene a los priístas si es que quieren, ¡y seguramente lo quieren!, lograr la presidencia del 2018 al 2024.

Nominalmente el PRI ha sido uno desde que, con tal nombre, sustituyó, a partir del 18 de enero de 1946, al Partido de la Revolución Mexicana (“papá” del PRI), que a su vez sustituyó, a partir del 30 de marzo de 1938, al Partido Nacional Revolucionario (“abuelo” del PRI). Nominalmente el PRI ha sido uno pero, realmente, ha sido varios y, en no pocas ocasiones, antagónicos. Por ejemplo: uno fue el PRI de López Portillo y otro distinto el de Salinas de Gortari. ¿Cuál será el de Peña Nieto? Es más, ¿podrá hablarse del PRI de Peña Nieto, como sí puede hablarse del PRI de López Portillo o del PRI de Salinas de Gortari?

¿Cómo explicar que presidentes de la República, que llevaron a cabo acciones antagónicas, como gubernamentalizar la banca comercial, el uno (López Portillo), y volver a concesionar el servicio de banca y crédito a los particulares, el otro (Salinas de Gortari), pertenecieron al mismo partido político? ¿Cómo explicar que, militando en la misma agrupación política, el uno (López Portillo) ni siquiera consideró la posibilidad de adherir a México al GATT, el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio, con lo cual se hubiera avanzado por el camino de la liberación comercial, mientras que el otro (Salinas de Gortari) terminó negociando un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos y el Canadá? ¿Cómo explicar que, viniendo ambos presidentes del mismo instituto político, el uno (López Portillo) dejó un enorme desorden en materia de finanzas gubernamentales, mientras que el otro (Salinas de Gortari) hizo un esfuerzo serio para corregir los excesos y defectos en la materia? ¿Cómo explicar que uno (López Portillo) hizo un uso irresponsable de la emisión primaria de dinero mientras que el otro (Salinas de Gortari) le otorgó la autonomía al Banco de México, impidiendo así el uso irresponsable de la emisión primaria de dinero por parte del Gobierno Federal?

¿Cómo explicar que dos presidentes, los dos priístas, hayan hecho cosas tan diferentes, por no decir antagónicas? Muy sencillo: aquel PRI no era un verdadero partido político, sino uno de los brazos políticos del presidente en turno, brazo que se extendía a todas las gubernaturas del país (por lo menos hasta 1989, año en el cual el PRI perdió la gubernatura de Baja California, que ganó el panista Ernesto Ruffo Appel) y, para todo efecto práctico, llegaba hasta el Congreso de la Unión (por lo menos hasta 1997, año en el cual el PRI perdió la mayoría en el mismo), brazo político del presidente que, como tal (y me refiero al brazo, no al presidente), se movía según la voluntad del primer mandatario, lo cual fue posible gracia a la disciplina de los priístas, quienes, como lo ha señalado Gabriel Zaid en más de una ocasión, estaban dispuestos a hacer cola hasta que les llegara el momento de pasar al frente. En su momento el PRI, y por ello los priístas, aplaudieron la gubernamentalización lopezportillista de la banca comercial y, llegado el momento, lo mismo hicieron con la “privatización” salinista de los bancos.

Cuando se habla del regreso del PRI, ¿cuál es el PRI que regresa? ¿El nacional revolucionario del López Portillo o el del liberalismo social de Salinas de Gortari, por citar los dos más recientes? ¿El de los políticos de los tiempos de Echeverría y López Portillo o el de los tecnócratas de los sexenios de De la Madrid, Salinas de Gortari y Zedillo? ¿El de la gubernamentalización de la economía a la usanza de Echevarría y López Portillo o el de la desgubernamentalización de las actividades económicas, tal y como se hizo, aunque desafortunadamente a medias y de mala manera, sobre todo durante el salinato? Y lo más importante, ¿qué posibilidades hay, después de doce años de gobiernos panistas, de que regrese cualquiera de los PRIs que ya detentaron el poder en el pasado? Si tales posibilidades no son ni muchas ni buenas, ¿cuál es el PRI que demanda la nueva realidad del país? Y los priístas, comenzando por Peña Nieto, ¿reconocerán esa demanda y actuarán en consecuencia?

Es cierto: más allá de las diferencias entre, por ejemplo, el PRI del nacionalismo revolucionario y el del liberalismo social, siempre ha habido, entre los priístas, un común de nominador (que bien puede serlo de la mayoría de los políticos), que puede sintetizarse en las siguientes palabras: abuso, prepotencia, dominación, arbitrariedad, ilegalidad, injusticia, engaño y todos los excesos y defectos que, de no tenerse la conciencia bien formada, y la voluntad bien firme, acompañan al uso, y sobre todo abuso, del poder, momento de recordar el dictum de Acton: El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, sobre todo tratándose, esto ya lo digo yo, del poder político, cuya esencia es la coacción. El PRI que regresa, ¿es el de los priístas abusivos, engañosos, prepotentes, injustos, dominantes, ilegales y arbitrarios?

Llegados a este punto no hay que olvidar que el PRI regresa…, a Los Pinos, ya que en otros muchos frentes y ámbitos de la vida nacional, desde gubernaturas estatales hasta curules en las cámaras legislativas, nunca se fue, permanencia que, perdida la presidencia de la república en el 2001, les permitió a esos priístas, sobre todo a los gobernadores, el ejercicio de un poder que antes, en los tiempos de la presidencia imperial, era impensable. A ellos, ¿cuál es el PRI que les conviene que regrese a la presidencia de la república?

Nominalmente, a Los Pinos, regresa el PRI, ¿pero realmente quién regresa? Peña Nieto no, ya que nunca ha estado allí. Entonces, en vez de preguntar quién regresa no habrá que preguntar qué regresa. ¿La vieja mentalidad, la de los priístas arbitrarios y abusivos, ilegales y engañosos, prepotentes y dominantes, injustos e inmorales, vieja mentalidad encarnada ahora en nuevos políticos, los Peña Nieto, los Videgaray Caso, los Osorio Chong, y demás compañía? ¿O llega, de la mano de tales políticos, una nueva mentalidad, la que se requiere para pasar del Estado de chueco, que todavía padecemos, al Estado de Derecho, que sigue pendiente? Lo hecho y dicho durante la campaña, en la cual la democracia electoral degenera en mercado electorero, sirve de muy poco para responder tales preguntas. La respuesta vendrá de la mano de las acciones de gobierno de Peña Nieto y su equipo, sin olvidar el papel que en todo ello juega el otro poder, el legislativo, que en el Estado de Derecho, definido como el gobierno de las leyes justas, juega el papel protagónico.

• PRI • Estado de derecho • Corrupción

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