MARTES, 4 DE DICIEMBRE DE 2012
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“Aprovechemos la previsible “luna de miel” del inicio del sexenio para acelerar el cambio y seguir trabajando en la percepción externa, pues quien sabe cuanto nos dure.”


El cambio de poderes en México se ve con una visión distinta cuando se está en el extranjero. Al igual que en nuestro país, se hacen balances de lo conseguido por el gobierno saliente y pronósticos críticos de lo que hará la nueva administración pero la distancia suele simplificar hechos, desvanecer contextos y disminuir pasiones.

Después de evaluar el ambiente que dejó la rápida visita que hizo el Presidente electo Enrique Peña Nieto a Washington y Ottawa el martes y miércoles pasados, tengo la impresión que existe una actitud muy positiva en ambos países y que hay la genuina creencia de que el nuevo gobierno logrará destrabar una agenda transformadora.

Al mismo tiempo, empiezan los juicios sobre la gobierno saliente concentrados en lo que el Washington Post resumió en su encabezado del otro día como “(El Presidente) Calderón deja su guerra contra las drogas en un empate,” enfatizando que la estrategia seguida “elevó la violencia (pero) logró poco para detener a los cárteles.”

En los medios de EU enfatizan los números de las víctimas de esta guerra, utilizando las estadísticas recién presentadas por el centro de investigación México Evalúa: 100 mil homicidios durante el sexenio de los cuáles el 60 por ciento se le atribuyen a los conflictos con y entre organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico.

El total de homicidios pasó de casi 9 mil en 2007, primer año del gobierno saliente, a 21,200 en 2011, y México tiene el dudoso honor de encabezar la lista de los países en los que más ha crecido este delito, que junto con los de “secuestro, robo y extorsión se han disparado en clara señal de un más amplio quiebre en la seguridad pública.”

La otra crítica seria que se le endereza desde fuera al régimen de Felipe Calderón es su supuesto descuido en materia de derechos humanos, particularmente por abusos cometidos por el ejército y autoridades de procuración de justicia, y que se haya hecho relativamente poco o nada para castigar a los culpables.

Estas denuncias, promovidas por organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional, siempre ocurren en conflictos como el que enfrentamos en México y suelen exagerar las fallas de las autoridades e ignorar las culpas de los delincuentes y sus aliados en la sociedad civil, pero es indispensable tomarlas en cuenta.

El Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, en un reporte dado a conocer en junio pasado, que es alentador pues apoya la prioridad planteada por Peña Nieto de cambiar la estrategia de combate al narco para enfatizar la reducción de la violencia en México, afirma también que:

“Aun cuando previamente se había considerado necesario movilizar al ejército como una medida necesaria para combatir a las organizaciones criminales dada la debilidad de las autoridades policíacas civiles, los éxitos alcanzados han sido limitados y, en algunos casos, han llevado a violaciones de derechos humanos.”

Comentarios como este ayudan al nuevo gobierno a empezar a desmilitarizar el conflicto tan pronto sea posible, con una policía federal que con todos sus defectos es muy superior a lo que encontró Calderón, y con la gendarmería que promete crear Peña Nieto, que estará integrada de partida por elementos de las propias fuerzas armadas, después de haber sido sometidas a un riguroso y necesario entrenamiento.

Otro hecho positivo es que desde su primera visita a EU y Canadá hace unos días, EPN puso los temas económicos al centro del debate, en lo que estuvieron de acuerdo tanto el Presidente Barack Obama como el Primer Ministro Stephen Harper, y empezó a “desnarcotizar” esos vínculos esenciales para México.

La primera buena impresión que queda en el extranjero de Peña Nieto y la confianza de que ahora sí será posible adoptar las reformas necesarias para acelerar la tasa de crecimiento económico, tendrán que ratificarse con la aprobación legislativa de los cambios, lo que, para variar, está siendo obstaculizado por diversos intereses.

Junto con la construcción de las alianzas indispensables para avanzar la agenda de gobierno, es imperioso transformar la imagen del PRI pues su sola mención evoca todos los estereotipos que se han repetido en los medios por años y que le achacan autoritarismo, crisis económicas, represión política y corrupción, en un maniqueo ejercicio que ignora el desempeño de los otros partidos en gobiernos locales y federal.

Aprovechemos la previsible “luna de miel” del inicio del sexenio para acelerar el cambio y seguir trabajando en la percepción externa, pues quien sabe cuanto nos dure.

• América del Norte

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