LUNES, 25 DE FEBRERO DE 2013
Crecimiento del PIB: Causa y efectos

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“Un crecimiento del PIB del 3.9 por ciento en 2012, ¿fue bueno, regular o malo?”


El INEGI nos informó que durante 2012 el Producto Interno Bruto (PIB), es decir, la producción de bienes y servicios que tuvo lugar en México, creció, con relación al 2011, 3.9 por ciento, lo cual de entrada plantea la siguiente pregunta: ese resultado, ¿fue bueno, regular o malo?

Antes de responder la pregunta vale la pena analizar cuáles son los efectos, y cuál la causa, del crecimiento en la producción de bienes y servicios, y por qué es deseable que esa producción, no solamente crezca, sino que crezca lo más posible.

El primer efecto del crecimiento en la producción de bienes y servicios es una mayor oferta de mercancías en el mercado, lo cual, si todo lo demás permanece constante, tendrá como segundo efecto una menor escasez de bienes y servicios, lo cual, suponiendo suficiente poder adquisitivo en las manos de los consumidores, tendrá como tercer efecto un mayor consumo y, por lo tanto, ¡efecto final!, un mayor bienestar.

Para entender mejor la importancia del crecimiento de la producción de bienes y servicios, recordemos que el problema económico de fondo es la escasez, el hecho de que no todo alcanza para todos, y menos en las cantidades que cada uno quisiera, y a las pruebas me remito: ¿quién de mis lectores no tiene alguna necesidad, gusto, deseo o capricho insatisfecho? Todos, muestra de lo dicho: el problema económico de fondo es la escasez, problema que se reduce, en el entendido de que nunca se solucionará, en la medida en la que aumenta la oferta de bienes y servicios en los mercados, para lo cual previamente tuvo que aumentar su producción, el PIB.

A mayor producción de bienes y servicios mayor oferta de mercancías; a mayor oferta de mercancías más posibilidades para consumir; a más posibilidades para consumir menor escasez, y a menor escasez mayor bienestar, siendo esto último el efecto terminal del crecimiento del PIB.

¿Cuál es la causa de la producción de bienes y servicios y, más importante, cuál es la causa del crecimiento en la producción de dichas mercancías? La respuesta se sintetiza en una sola palabra: inversiones, definidas como todo gasto destinado a producir más y mejor, de tal manera que se invierte en investigación científica; en desarrollo tecnológico; en instalaciones, maquinaria y equipo; en infraestructura de comunicaciones y transportes; en educación y capacitación, y en todo aquello que hace posible producir más y mejor.

Ejemplo. Supongamos que, por las razones que sean, se necesita producir más tacos al pastor en México. ¿Cómo se logra tal objetivo? Invirtiendo, lo cual en este caso supone una de dos: 1) que las taquerías que ya producen tacos al pastor amplíen su capacidad de producción de tacos al pastor; 2) que se abran nuevas taquerías destinadas a la producción de más tacos al pastor. En cualquiera de los dos casos se requieren inversiones, ya sea para ampliar la capacidad de producción de las taquerías que ya operan, ya se trate de abrir nuevas taquerías.

La inversión, definida como todo gasto destinado a producir más y mejor, es la causa del crecimiento en la producción de bienes y servicios, y el efecto de todo ello es una menor escasez en los mercados, y por lo tanto un mayor bienestar material de los consumidores, que bien puede ser un mayor bienestar (sin adjetivos) del ser humano (no reducido a su condición de consumidor).

Señalada la causa y los efectos del crecimiento en la producción de bienes y servicios, vuelvo a la pregunta inicial: un crecimiento del PIB del 3.9 por ciento en 2012, ¿fue bueno, regular o malo? La pregunta puede responderse de dos maneras: una viendo al pasado y la otra viendo hacia el futuro.

Viendo al pasado, y poniendo el asunto en perspectiva: de 1934 a 1981 el crecimiento promedio anual del PIB fue del 6.1 por ciento; en 1982 perdimos el crecimiento elevado y sostenido, y de 1982 a 2012 el PIB aumentó, en promedio anual, 2.2 por ciento, de tal manera que el 3.9 por ciento del 2012 se compara favorablemente con lo que hemos tenido en las últimas décadas, inclusive si consideramos nada más lo sucedido entre 2001 y 2011, los once años anteriores al 2012, a lo largo de los cuales el crecimiento promedio anual del PIB fue del 1.9 por ciento. El hecho de que en 2012 el PIB haya crecido por arriba del promedio de los últimos once años, y que lo haya hecho en un 105.3 por ciento, es una buena noticia (pero no es toda la noticia).

Viendo al futuro, y teniendo claro que el crecimiento del PIB depende de las inversiones, y que las inversiones dependen de la competitividad del país, definida como la capacidad para atraer (que los capitalistas decidan invertir en México), retener (que los capitales ya invertidos en México se queden invertidos en México), y multiplicar (que las utilidades generadas por los capitales invertidos en México se reinviertan en México) inversiones, queda claro que un crecimiento del 3.9 por ciento, dadas las condiciones de competitividad de México, deja mucho que desear, y que si, de una buena vez por todas, pusiéramos, en materia de competitividad, la casa en orden, en México se invertiría más de lo que se invierte, y el crecimiento en la producción de bienes y servicios sería mayor del que ha sido, con todos los efectos positivos que ello traería consigo.

Cito, ¡una vez más!, los resultados del Indice de Competitividad Global 2012 - 2013, del Foro Económico Mundial, que mide cómo andan los países en materia de competitividad, y en el cual México ocupa, entre 144 naciones, el lugar 53, con una calificación de 6.3 sobre 10, todo lo cual se resume en una palabra: mediocridad. Cito, ¡de nueva cuenta!, los resultados del Indice Haciendo Negocios 2013, del Banco Mundial, que mide qué tan fácil o difícil resulta hacer negocios en un país (abrir, operar y liquidar una empresa), y en el cual México ocupa, entre 185 países, la posición 48, con una calificación (suponiendo que el primer lugar, Singapur, haya obtenido 10) de 7.4 sobre 10, todo lo cual se resume, de nueva cuenta, en una palabra: mediocridad.

La mediocridad señalada, ¿quiere decir que en México no se invierte? No, claro que no, en México se invierte, ¿pero cuánto más no se invertiría si se elevara la competitividad del país, y cuánto mayor no sería el crecimiento del PIB si en México se invirtiera más, y cuánto menor no sería el problema de escasez si el crecimiento del PIB fuera mayor, y cuánto mayor no sería el bienestar de la gente si el problema de la escasez fuera menor?, preguntas que, en un país en el cual el 51.3 por ciento de la población sobrevive en la pobreza, no deben tomarse a la ligera, porque esa producción de bienes y servicios es producción de riqueza, y el problema de la pobreza se resuelve por medio de la producción de riqueza, siendo el gran reto el que esa nueva riqueza la tienen que producir los pobres (tema al que volveré en un próximo Pesos y Contrapesos).

• Problemas económicos de México

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