VIERNES, 15 DE MARZO DE 2013
México visto desde fuera

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Los primeros cien días de la gestión de Peña Nieto han sido espectaculares y traen a la memoria el inicio de la presidencia de Carlos Salinas hace un cuarto de siglo.”


La percepción que se tiene de México en el extranjero empezó a cambiar desde el año pasado al calor de la campaña política en la que ya se perfilaba el triunfo de Enrique Peña Nieto, que desde entonces empezó a construir un mensaje de optimismo que enfatizaba las perspectivas positivas para nuestro país.

Ese cambio se ha consolidado desde su triunfo electoral con las reformas que el nuevo Congreso, que inició sus labores el 1º de septiembre pasado, aprobó en los últimos tres meses de la administración de Felipe Calderón. De pronto parecía que finalmente se había superado el letargo de tres sexenios sin acuerdos políticos.

Los primeros cien días de la gestión de Peña Nieto han sido también espectaculares y traen a la memoria el inicio de la presidencia de Carlos Salinas hace un cuarto de siglo. Parte del éxito se explica por la búsqueda de consenso con todas las fuerzas políticas, que muchos criticamos en su momento como una innecesaria y a la postre contraproducente estrategia, pero que hasta ahora ha sido muy efectiva.

Con la reforma educativa de la mano de la defenestración de la lideresa de los maestros Elba Esther Gordillo y la enmienda constitucional en telecomunicaciones, que según las opiniones que he recabado representa un avance considerable para propiciar la competencia en ese sector, queda claro que el nuevo gobierno está dispuesto a encarar a los hasta ahora intocables “poderes fácticos” para avanzar su agenda reformista.

Por supuesto que la inseguridad pública sigue siendo un problema mayúsculo con casi mil asesinatos en febrero pasado, en adición al repunte de los secuestros en varias ciudades del país incluido el DF y zonas conurbadas, pero el solo hecho de que el gobierno haya abandonado la obsesión de enfocarse exclusivamente en ello, ayuda.

Era evidente también que la violencia derivada de la guerra contra el narco no iba a disminuir por el solo cambio presidencial y no lo hará hasta que las circunstancias que envuelven este conflicto, como las enormes utilidades que se generan por la necia insistencia de mantener la prohibición de las drogas, cambien en lo fundamental.

Pero las transformaciones emprendidas por el nuevo gobierno en la forma en que se está organizado para atender los problemas de inseguridad y violencia, en particular el haber regresado a la Secretaría de Gobernación su coordinación y el manejo de la policía federal, son alentadoras de que se podrán ver resultados positivos pronto.

La siguiente gran reforma que se espera con ansias es la energética. El primer paso lo dio el PRI al remover de sus estatutos la prohibición tajante que había adoptado a todo tipo de participación privada en materia petrolera, pero en este aspecto sigo siendo escéptico de que se mantenga el consenso político del Pacto por México.

Los aliados del demagogo Andrés Manuel López Obrador ya empezaron a calentar el tema, como se aprecia en tres farragosos artículos del historiador Lorenzo Meyer en los que canta alabanzas sin fin al “nacionalismo revolucionario” que culminó con la expropiación, sin nunca cuestionar quiénes han sido los verdaderos beneficiados del petróleo monopolizado por Pemex y el nulo provecho que le ha llegado al pueblo.

Independientemente del contenido de esta crucial reforma y de cómo se maneje su venta a la ciudadanía, elemento clave para mantener el apoyo popular al régimen, el optimismo en el extranjero ya se ha reflejado en una aguda apreciación del peso y en un abultado flujo de inversión que empujó a la bolsa valores a niveles récord.

En efecto, y a pesar de la decisión del Banco de México de reducir la tasa de interés de referencia en medio punto porcentual el viernes pasado, el dólar se cotizó ayer en 12.40 pesos, una apreciación de 4.5 por ciento en 2013, el mejor desempeño de las 152 monedas a las que les dan seguimiento los analistas de Thomson Reuters.

Standard & Poor’s también anunció que mejoraba sus expectativas sobre la economía mexicana, noticia que suele preceder a la elevación en la calificación de la deuda de su actual nivel de BBB. Ninguna de las tres principales agencias calificadoras ha incrementado la valoración de la deuda mexicana desde 2007.

Las autoridades financieras deben permanecer vigilantes para evitar los posibles efectos indeseables de la euforia de inversionistas extranjeros pues flujos excesivos de capital especulativo fortalecerían el peso demasiado, lo que restaría competitividad a la economía mexicana justo cuando estamos mejorando en esta materia frente a nuestros principales competidores, como China, en los mercados internacionales.

• Problemas económicos de México

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