MARTES, 19 DE MARZO DE 2013
El Papa y el mercado

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“¿Cuál es la posición de Francisco I con relación al mercado?”


Yo confieso (¡no, no se espanten!, no voy a recitar el Yo confieso del Acto Penitencial) que soy católico, apostólico, romano (oriundo y avecindado en el D.F, pero romano), creyente y practicante, aclaración pertinente para que no se vaya a creer que lo escrito a continuación es obra de un jacobino trasnochado, un ateo confundido, o un come curas resentido. No, nada de eso. Lo escrito a continuación es obra de un economista que sabe (ojo: escribí sabe y no cree) que la economía de mercado es el mejor (¿único?) camino hacia el progreso económico, definido como la capacidad para producir más (dimensión cuantitativa del progreso) y mejores (dimensión cualitativa) bienes y servicios, para un mayor número de gente (dimensión social).

¿Qué es la economía de mercado? La pregunta se puede responder desde la perspectiva literal, o desde el punto de vista institucional. Literalmente hablando son de mercado todas aquellas economías en las cuales el intercambio es la actividad económica central, es decir, aquellas en las cuales se produce para vender y se compra para consumir, tal y como es el caso, en términos generales, de la mayoría de las economías hoy en día. Institucionalmente consideradas son de mercado aquellas economías que, ya siendo de mercado en el sentido literal del término,  cuentan con las reglas del juego (es decir: con las instituciones) que facilitan al máximo los intercambios, y lo que está antes: la producción de bienes y servicios, y lo que viene después: el consumo de satisfactores. Esas reglas del juego, en esencia, son las que reconocen plenamente, definen puntualmente y garantizan jurídicamente, la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal.

Si, en el sentido literal del término, la mayoría de las economías son de mercado, en el sentido institucional del mismo no lo son: la calificación promedio mundial en materia de respeto a la libertad económica, según el índice de la Fundación Heritage, es, en escala del 0 al 10, 5.95; la calificación promedio mundial en materia de respeto a los derechos de propiedad, según el índice de la Alianza Internacional por los Derechos de Propiedad, es, también en escala del 0 al 10, 4.83. En una palabra: reprobados.

El que economías que, en el sentido literal del término sí son de mercado, no lo sean también en el sentido institucional del mismo reduce, al limitar el ejercicio de la libertad individual, el uso de la propiedad privada, y la asunción de la responsabilidad personal, las posibilidades de actualizar lo más posible las potencialidades del mercado, definido como la relación de intercambio entre oferentes y demandantes, entre productores y consumidores, entre vendedores y compradores, intercambio que siempre es un juego de suma positiva, lo cual quiere decir que ambas partes ganan, y ello por una razón muy sencilla: en cualquier intercambio las partes valoran más lo que reciben que lo que dan. La economía de mercado, en el sentido institucional del término, es el mejor (¿único?) camino hacia el progreso económico.

Esta breve reflexión en entorno al mercado y a la economía de mercado, sobre todo en el sentido institucional del término, viene a cuento por la siguiente pregunta: ¿cuál es la posición de Francisco I con relación al mercado? Desafortunadamente, partiendo de la información con la que cuento, la respuesta es no favorable, tal y como se desprende de la siguiente afirmación, hecha por Francisco I cuando todavía era el Cardenal Jorge Mario Bergoglio: “La crisis económico–social y el consiguiente aumento de la pobreza tienen sus causas en políticas inspiradas en formas de neoliberalismo que consideran las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad de la persona y de los pueblos. En este contexto, reiteramos la convicción de que la pérdida del sentido de la justicia y la falta de respeto hacia los demás se han agudizado y nos han llevado a una situación de inequidad 1/”.

Al respecto hay que aclarar, de entrada, lo siguiente. 1) Si por políticas neoliberales entendemos las políticas económicas gubernamentales puestas en práctica en los últimos años, pues entonces sí, son esas políticas neoliberales las responsables de los problemas económicos, desde la recesión económica hasta el sobreendeudamiento gubernamental. 2) Si por políticas neoliberales entendemos, como debe ser si hemos comprendido correctamente lo que es el liberalismo y lo que el mismo supone del gobierno, las políticas económicas gubernamentales que corresponden a la economía de mercado en el sentido institucional del término entonces no, no han sido esas políticas las responsables de los problemas económicos, y no lo han sido porque no se han puesto en práctica, y una prueba de ello son las ya mentadas calificaciones en materia de respeto a la libertad individual y a la propiedad privada. Si las políticas económicas fueran liberales esas calificaciones serían mejores. 3) Las políticas económicas de los gobiernos, sobre todo de los países con mayores problemas económicos, desde los Estados Unidos hasta Grecia, sin olvidar a la Argentina (¿alguien en su sano juicio puede calificar de liberales las políticas económicas del gobierno de Cristina Kirchner?), han sido una combinación de keynesianismo (manipulación de variables como la tasa de interés) con mercantilismo (concesión de privilegios a ciertos grupos de intereses pecuniarios, sobre todo empresarios) y socialismo (redistribución de la riqueza a diestra y siniestra), y si el desastre no ha sido mayor ello se debe a lo poco liberalismo que opera y que contrarresta al engendro keynesiano-mercantilista-socialista.

Lo dicho por el entonces Cardenal Bergoglio, que da para una crítica mucho más extensa de la que cabe en esta página, muestra la ignorancia que, en materia de economía, padece el hoy Pontífice, quien deberá rodearse de buenos economistas, que supongo los hay en el Vaticano (¿o no?), buenos economistas que en la Iglesia los ha habido, algunos de los cuales (aunque en aquel entonces no se les llamaba economistas) fueron, allá por el siglo XVI, claros precursores del liberalismo económico, y muchos de ellos jesuitas. ¡Sí, la cuna del liberalismo económico no se encuentra, ni en la Francia del siglo XVIII (François Quesnay), ni en la Escocia del  mismo siglo (Adam Smith), ni en la Finlandia del también siglo XVIII (Anders Chydenius),  sino en la España del siglo XVI (Escuela de Salamanca)! 2/

En el mismo evento en el cual Bergoglio pronunció las palabras citadas habló de la justicia social y la redistribución de la riqueza, contrarias al respeto a la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, por más políticamente correctas que parezcan. Si la justicia es darle a cada quien lo suyo, ¿o no?, y la justicia social supone quitarle a uno lo que es de él para darle a otro lo que no es de él, ¿es justicia? Si toda persona tiene derecho al producto íntegro de su trabajo, ¿o no?, y si el gobierno la obliga, por medio del cobro de impuestos, a entregarle parte del mismo para dárselo a otro, dicha redistribución ¿no viola el derecho de propiedad privada y, dado que ésta es la condición de posibilidad del ejercicio de la libertad individual 3/, no viola también el derecho a dicha libertad? Y eso –redistribución de la riqueza y justicia social– es lo que defiende el nuevo Papa, quien en este punto, que nada tiene que ver con el dogma, está equivocado, equivocaciones en las que, en materia de ciencia, ¡y la economía lo es!, la Iglesia ha incurrido. Recordemos el caso clásico: Galileo.

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1/ Citado por Alberto Benegas Lynch (h) en: http://www.elcato.org/sobre-el-mensaje-del-arzobispo-de-buenos-aires

2/ Véase: CHAFUEN, Alejandro; Economía y Ética; Ediciones Rialp; España; 1991.

3/ Al Respecto véase:  http://www.asuntoscapitales.com/documentos/propiedad_privada.pdf

• Liberalismo • Cultura económica • Redistribución • Pensamiento económico

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