VIERNES, 12 DE ABRIL DE 2013
¿Tendrá México algún día un@ Thatcher?

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El punto sobre la i
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Antonio Escohotado


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“Los logros de Thatcher como estadista excepcional tienen pocos paralelos en la historia y geografía universales pues son muy escasos los dirigentes que hayan logrado algo comparable a revertir la expansión del corrosivo socialismo estatizante.”


Falleció la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, cuya gestión como Primer Ministro del Reino Unido le dio un giro de 180 grados a la dirección en la que iba su país, directamente hacia el subdesarrollo y, por el contrario, dejó como legado una nación pujante con una economía en crecimiento y una sociedad en armonía.

Los logros de Thatcher como estadista excepcional tienen pocos paralelos en la historia y geografía universales pues son muy escasos los dirigentes que hayan logrado algo comparable a revertir la expansión del corrosivo socialismo estatizante instalado en el Reino Unido desde recién terminada la Segunda Guerra Mundial.

Aunque entre 1945 y la llegada de Thatcher al poder en 1979 hubo alternancia en el gobierno de su país, la carencia de brújula de los dirigentes de su partido Conservador, los indujo a contemporizar con la creciente intervención del estado en la economía que se aceleraba cada vez que los Laboristas regresaban al poder.

Desde la primera vez que visité Inglaterra en 1969 en un viaje de estudio que me permitió conocer las instituciones empresariales, sindicales y de gobierno, noté el contraste entre la riqueza de un país que había sido la primera potencia industrial y el centro de un gran imperio con la pobreza del debate económico y político, centrado en la redistribución patrimonial y no en el crecimiento y la generación de riqueza.

Era increíble la fuerza que habían adquirido los sindicatos de trabajadores, incluyendo los de innumerables empresas estatizadas, que protegían sus privilegios sin la menor concesión y sin el menor miramiento hacia los sufridos consumidores y usuarios a quienes supuestamente servían con productos y servicios caros y malos.

El arribo de Thatcher al poder representó la primera ocasión en la que un líder político con ideas claras sobre las virtudes de la economía de mercado y de la toral importancia de la libertad individual frente a un Estado avasallador, se hacía cargo del gobierno británico en más de tres décadas.

La gran pregunta entonces era si se podría revertir una inercia tan arraigada a la usurpación estatal de la iniciativa individual y del espíritu empresarial. La respuesta no se hizo esperar. Apenas cinco meses después de hacerse cargo del gobierno, Thatcher abolió los controles de cambios, un serio obstáculo para la economía.

Acto seguido pasó a enfrentar a los poderosos sindicatos, empezando por las huelgas de los acereros y en 1984 la de los carboneros, culminando en lo que se llamó “el invierno de nuestro malestar.” Thatcher no cedió un ápice a las abusivas demandas de los sindicatos, que eventualmente fueron derrotados abriendo así paso a su democratización y a una indispensable mayor flexibilidad del mercado laboral.

Otros que calcularon mal la determinación de la Primer Ministro fueron los generales argentinos que, viendo su popularidad erosionarse gracias a su mal manejo del gobierno de su país, se envolvieron en su bandera albiazul e invadieron las islas Malvinas, posesión británica desde 1765 pero que Argentina reclama como suyas.

Thatcher mandó liberar las islas Falkland, como se les conoce en inglés, con la para entonces muy disminuida marina de guerra británica que tuvo que recurrir a movilizar barcos civiles, como el transatlántico de lujo Queen Elizabeth II, para trasladar a sus tropas a los remotos islotes. La victoria inglesa fue fulminante y total.

Conocí a Thatcher y a su consejero económico Sir Keith Joseph en su visita a la Ciudad de México, después de la Cumbre Norte-Sur en la que habían participado en Cancún en 1981. En una reunión en el Club de Industriales con representantes del sector privado mexicano, los comentarios de la Primer Ministro y su asesor fueron notables por su fogosa defensa del libre mercado y de la iniciativa empresarial.

Hay que tener presente que en México estábamos llegando a la trágica culminación del desenfreno populista de la Docena Trágica, y el mensaje de los británicos fue música para los oídos de muchos empresarios, que temían que nuestra francachela de endeudamiento y gasto publico excesivo habrían de terminar mal, como ocurrió.

Al llegar Carlos Salinas al poder cuando todavía estábamos levantando escombros que dejó el populismo como su herencia, yo pensé que podría imitar el ejemplo de Thatcher, lo que pareció que en efecto ocurriría, hasta que al final se desdibujara su labor con la dedificación de Zedillo, quien pronto provocó la debacle de diciembre.

¿Será Enrique Peña Nieto, que empieza su mandato fuerte con las reformas necesarias en camino de volverse una realidad, un auténtico émulo de Thatcher? Ya veremos…

• Liberalismo • Libertad económica • Lecciones para México • Margaret Thatcher

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