Pesos y contrapesos
Abr 19, 2013
Arturo Damm

Reforma fiscal y progreso económico (V)

La reforma fiscal que propondrá el Ejecutivo por ningún motivo debe incluir más impuestos. ¡Al contrario! Debe proponer el Impuesto Único a las Ventas.

El objetivo de la reforma fiscal no debe ser, como lo propone Videgaray, que pague más impuestos el que genere más ingreso, sino elevar la competitividad de la economía, teniendo en mente la siguiente relación: a más impuestos, menor competitividad; a menor competitividad, menos inversiones directas; a menos inversiones directas, menor progreso económico. Para conseguir ese aumento en la competitividad se requiere del Impuesto Único a las Ventas, IUV, cuyas ventajas, tanto desde el punto de vista recaudatorio, como desde la perspectiva de la competitividad, son notables, tal y como lo muestran los números.

El año pasado el Gobierno Federal cobró 15 impuestos distintos (véase la Ley de Ingresos de la Federación) y recaudó 1 millón de millones 314 mil 465 millones de pesos (véase Estadísticas Oportunas de Finanzas Públicas y Deuda Pública de la SHCP). Si en vez de esos 15 impuestos distintos hubiera cobrado uno solo del 9.6 por ciento a las ventas, hubiera recaudado la misma cantidad que recaudó con los 15 impuestos distintos, dado que el consumo, y por lo tanto las compras, y por lo tanto las ventas, sumó el año pasado 13 millones de millones 719 mil 314 millones de pesos (véase el INEGI), debiendo de aclarar lo siguiente. El consumo lo he calculado a partir de las estadísticas de Oferta y Demanda Globales de Bienes y Servicios que, por el lado de la demanda incluyen, entre otras variables, el consumo individual (de las personas y las familias), y la formación bruta de capital fijo de las empresas, es decir, los gastos de las empresas en instalaciones, maquinaria y equipo, sin contar todas las demás compras que realizan, lo cual quiere decir, uno, que mi cálculo resulta conservador y, dos, que el porcentaje del Impuesto Único a las Ventas, para haber recaudado lo que el año pasado recaudó el Gobierno Federal con los 15 impuestos distintos ya mencionados, podría haber sido menor que el 9.6 por ciento, calculado, nada más, sobre el consumo privado y la formación bruta de capital fijo, y no sobre el total de las compras – ventas realmente realizadas en el 2012.

¿Se imaginan de qué manera más espectacular se apuntalaría la competitividad de la economía mexicana -definida como la capacidad del país para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos, y generan ingresos, inversiones el progreso económico, definido como la capacidad de producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente- si sustituyéramos el engendro tributario que padecemos por el IUV del 9.6 por ciento, lo cual traería como consecuencia el pago de un solo impuesto, ¡con el que se recaudaría prácticamente lo mismo (para que los presupuestívoros no reclamen)!, sin olvidar que una reforma fiscal correcta debe comenzar por revisar, a fondo, en qué, cuánto y cómo gasta el gobierno.

La reforma fiscal que propondrá el Ejecutivo por ningún motivo debe incluir más impuestos. ¡Al contrario! Debe proponer el Impuesto Único a las Ventas.

Continuará.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

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