LUNES, 22 DE ABRIL DE 2013
Thatcher y el coeficiente de Gini

¿Usted cree que es buen momento para realizar inversiones en México?
No
No sé



El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


Más artículos...
Luis Pazos
• Pemex: ideologías contra aritmética

Arturo Damm
• Afirmaciones falaces

Ricardo Valenzuela
• Unión de Estados Americanos Socialistas (II)

Arturo Damm
• ¿Otra tenencia?

Víctor Hugo Becerra
• El gobierno de López Obrador, un fracaso

Arturo Damm
• Noticias: una buena, una mala

Manuel Suárez Mier
• Destierro a los expertos


Pulsaciones...
• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Arturo Damm







“El liberalismo, más que una cuestión de eficacia, es una cuestión de principios, con la ventaja de que, sobre todo en el campo de la economía, el respeto a los principios es lo más eficaz.”


Con la intención de desacreditarla, en algunos medios se señaló, una y otra vez, inmediatamente después de su muerte, que durante el mandato de Margaret Thatcher como primera ministra del reino Unido, de 1979 a 1990, el coeficiente de Gini pasó de 0.253 a 0.339, muestra innegable de que el liberalismo, que Thatcher defendió con singular eficacia, genera mayor desigualdad, porque eso, la desigualdad, mide el coeficiente de Gini. Cito: “El coeficiente de Gini es una medida de la desigualdad ideada por el italiano Corrado Gini. Normalmente se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos, dentro de un país, pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno)”. Si, durante el mandato de Thatcher, dicho coeficiente pasó de 0.253 a 0.339, entonces, durante el mandato de Thatcher, la desigualdad en materia de ingresos, en el Reino Unido, aumentó, ¡tal y como debe suceder si, como lo hizo Thatcher, se desmantela, si no todo por lo menos sí parte, del Estado Benefactor, basado, en mayor o menor medida, en el afán igualitario del socialismo, para el cual lo ideal es un coeficiente de Gini del 0: la perfecta igualdad, misma que, de ser el resultado, no de la igualitaria generación del ingreso (todos generan el mismo ingreso), sino de la arbitraria redistribución del ingreso (el gobierno les quita a quienes generan más ingreso para darles, por la vía del llamado gasto social, a quienes generan menos), es injusticia perfecta.

Supongamos una situación inicial, sin ningún tipo de redistribución del ingreso, de tal manera que cada quien se queda con el ingreso que genera; con solamente dos agentes económicos, A y B; con A generando un ingreso de 9 mil pesos, y con B generando ingreso por 1 mil pesos; y con un coeficiente de Gini de 0.9, lo cual muestra una considerable desigualdad, ¡ojo!, en la generación del ingreso, teniendo A una mayor capacidad para generarlo que B (lo cual se explica por la mayor productividad de A respecto de B).

Supongamos, a continuación, que llega al poder un gobierno socialista, que pone en marcha, en la búsqueda de la igualdad, un programa de redistribución del ingreso, lo cual en este caso supone quitarle a A parte del ingreso que sí generó, para darle a B un ingreso que no generó (dicho así -y así está bien dicho porque eso, nada más y da menos, es lo que supone la redistribución del ingreso: quitarle a uno lo que es de él para darle a otro lo que no es de él- ¿no queda clara la injusticia que supone la redistribución gubernamental del ingreso?). Supongamos que, consecuencia de ese programa de redistribución del ingreso, el gobierno le quita a A 4 mil pesos para dárselos a B, de tal manera que, la mentada redistribución de por medio, ahora A tiene 5 mil pesos y B también, lo cual da como resultado un coeficiente de Gini de 0, es decir, la perfecta igualdad: A no tiene más ingreso que B, aunque A haya generado más ingreso que B.

Supongamos, para terminar con el ejemplo, que, consecuencia de la sensatez del electorado, resulta electo un gobierno liberal, dispuesto a terminar con la injusticia que supone la redistribución gubernamental del ingreso, gobierno liberal que desmantela todo el aparto redistribuidor, por lo que se regresa a la situación original, con A quedándose con todo el ingreso que genera, los 9 mil pesos, y con B quedándose con el ingreso que genera, los 1 mil pesos ya mencionados, todo lo cual tienen como efecto que el coeficiente de Gini pasa de 0, perfecta igualdad, a 0.9, considerable desigualdad, consecuencia de la convicción liberal de que el ser humano tiene el derecho al producto íntegro de su trabajo, es decir, a la totalidad del ingreso generado, convicción que, me parece comparte la mayoría de la gente. Usted lector, ¿cree que las personas tenemos el derecho al producto íntegro de nuestro trabajo? Dicho de otra manera: ¿cree usted que el respeto a la propiedad privada es, junto con el respeto a la libertad individual, uno de los ingredientes esenciales de la convivencia civilizada? Sí su respuesta es afirmativa, entonces, por congruencia, usted debe estar en contra de la redistribución gubernamental del ingreso, por medio de la cual el gobierno le quita a A lo que sí es de él para darle a B lo que no es de él[1].

Efectivamente, durante el mandato de Thatcher el coeficiente de Gini en el Reino Unido pasó de 0.253 a 0.339. En efecto, durante el mandato de Thatcher, la desigualdad en el Reino Unido aumentó, lo cual, sobre todo si aceptamos que el problema es la pobreza, y no la desigualdad, no necesariamente es algo malo, y pongo el siguiente ejemplo.

Supongamos, nuevamente, la situación inicial, en la cual A genera un ingreso de 9 mil pesos, y B uno de solamente 1 mil pesos, lo cual da como resultado un coeficiente de Gino de 0.9. Supongamos que A es rico y que B es pobre, es decir, incapaz de generar un ingreso que le permita satisfacer correctamente sus necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan en contra de la salud y la vida. Supongamos que, a lo largo de un determinado periodo de tiempo, tanto A como B son capaces de generar, en la misma proporción, más ingreso, de tal manera que ahora A genera 27 mil pesos y B 3 mil, con los cuales B salió de la pobreza, contando ahora, inclusive, con capacidad para ahorrar, ahorro que es la clave para conseguir un mejor futuro económico. ¿Qué pasó con el coeficiente de Gini? Que sigue siendo el mismo: 0.9. La desigualdad sigue siendo la misma (A genera nueve veces más ingreso que B), pero B dejó de ser pobre, y lo que importa es esto último. Supongamos lo contrario: que durante ese período de tiempo A resultó incapaz de generar los 9 mil pesos de ingreso que generaba, generando ahora solamente 1 mil, los mismos que B, por lo que el coeficiente de Gini es de 0. ¡Total igualdad! Sí, pero en la pobreza.

Independientemente de cuáles sean los resultados de las políticas liberales (por ejemplo: la eliminación de la redistribución), lo que hay que tener en cuenta es que deben llevarse a cabo con el fin de hacer valer los derechos naturales de las personas (por ejemplo: el derecho al producto íntegro del trabajo), sin olvidar que dicho respeto, por lo general, da como resultado un mayor progreso económico, tal y como lo muestran el Índice de Libertad Económica y el Índice Internacional de Derechos de Propiedad: a mayor respeto, de parte del gobierno, a la libertad individual y a la propiedad privada, de entrada, mayor ingreso por habitante. El liberalismo, más que una cuestión de eficacia, es una cuestión de principios, con la ventaja de que, sobre todo en el campo de la economía, el respeto a los principios es lo más eficaz.

Por cierto, ¿cuál es el coeficiente de Gini para México? 0.474. ¿Hace diez años? 0.507. ¿Hace veinte? 0.519. ¿Hace treinta? 0.452.



[1] Para la “justificación” del cobro de impuestos véase: http://www.asuntoscapitales.com/documentos/propiedad_privada.pdf
• Pobreza y desigualdad • Margaret Thatcher

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus