JUEVES, 9 DE MAYO DE 2013
Democratizar la productividad

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“La mayor parte de las empresas en el país son pequeñas y aunque son las principales empleadoras del país, su valor agregado por trabajador empleado es relativamente bajo.”


En su intervención en la reunión regional latinoamericana del Foro Económico Mundial celebrada en Lima, el presidente Enrique Peña Nieto señaló la necesidad de “democratizar” la productividad. Extraño utilizar la palabra democratizar, cuando a lo que se refirió es la imperiosa necesidad de que haya un aumento generalizado de la productividad en la economía para alcanzar así mayores tasas de crecimiento económico. Es en este renglón en donde la economía tiene su gran problema y solucionarlo es el reto.

Durante las últimas tres décadas, la economía ha tenido un desempeño por demás mediocre y el poco crecimiento que se ha registrado se explica básicamente por el aumento en los factores de la producción, tanto capital como mano de obra. La economía no ha crecido a mayores tasas porque la productividad factorial total ha estado estancada, excepto en algunos sectores de actividad económica como por ejemplo el automotriz.

Son varios los factores que explican el por qué la productividad en México no ha aumentado, pero el que más resalta es el tamaño de las empresas, incluidas aquellas que operan formalmente. La mayor parte de las empresas en el país son pequeñas y aunque son las principales empleadoras del país, su valor agregado por trabajador empleado es relativamente bajo, derivado de dos elementos: el uso de tecnologías que no se han modernizado y la baja escala de operación. Este fenómeno se agrava todavía más cuando se trata de empresas que operan en la informalidad, en donde la tecnología que se utiliza es a todas luces obsoleta y en consecuencia de muy baja productividad y con una escala de operación muy pequeña. ¿Cómo es que hay que actuar? Obviamente son dos problemas diferentes, por una parte las pequeñas empresas formales que no crecen y, por otra parte, las informales.

Respecto de las primeras, son varios los elementos que explican por qué no crecen: falta de acceso al financiamiento, principalmente bancario, su baja escala de operación que deriva en altos costos unitarios de producción particularmente en lo que toca a la adquisición de insumos intermedios, altos costos de energía y de telecomunicaciones, una legislación laboral que aunque ya cambió, los efectos de la anterior siguen perdurando, un diseño tributario ineficiente y, todo ello agravado por altas barreras de carácter regulatorio que además está plagado de corrupción lo que hace muy costoso crecer.

Respecto de las informales, hay tres elementos principales: las mismas barreras regulatorias que hacen muy costoso operar legalmente, el deficiente diseño del sistema tributario y el arreglo de seguridad social, en donde las contribuciones que se hacen al IMSS son efectivamente un impuesto al trabajo, de forma tal que tanto las empresas como los propios trabajadores prefieren operar en la informalidad para evadir y repartirse esas contribuciones no realizadas, fenómeno agravado por la existencia del seguro popular.

Ante estos problemas, para que aumente la productividad en los diferentes sectores de la economía hay que hacer una cirugía mayor al marco institucional, tal que permita que las pequeñas empresas crezcan, además de que se induzca el tránsito de la informalidad hacia empresas legalmente constituidas. Y es aquí en donde entran las reformas que se han planteado: laboral, telecomunicaciones, financiera, judicial, de competencia económica, fiscal y de seguridad social. La concreción de estas reformas, al cambiar el marco regulatorio al cual se enfrentan las empresas, cambiará el conjunto de incentivos, lo que se espera impacte en el mediano plazo en una mayor productividad y en un mayor crecimiento económico.

• Reformas estructurales • Problemas económicos de México • Productividad / Competitividad • Economía informal

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