LUNES, 27 DE MAYO DE 2013
Para una verdadera reforma financiera

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Santos Mercado







“Un punto importante de la reforma financiera es la de quitar el derecho a los gobernantes de pedir prestado, adquirir deuda o contratar créditos. Los ahorros de la sociedad deben quedar dentro de la sociedad, no de los gobiernos.”


México necesita una verdadera reforma financiera para detonar desarrollo económico y así resolver los problemas de pobreza, atraso y marginación.

Hablar de reforma financiera implica modificar la manera como se han utilizado los dineros en el sector público y privado. Algo hemos hecho mal, nos quedamos a medio camino sin lograr los resultados anhelados. Es ineludible corregir, es urgente y necesaria la reforma financiera.

El DINERO es esa maravillosa institución que crean las sociedades civilizadas a fin de facilitar las transacciones, es decir, los procesos de compra venta de lo que se produce y que la sociedad demanda. El dinero es una de las instituciones más importantes de una economía de mercado, es como la sangre que permite a un hombre vivir, resolver problemas y crear obras monumentales. Si esa sangre se conserva sana y fluye sin obstáculos funcionarán todos los órganos del cuerpo, de la economía.

Para que una economía funcione en su mejor punto, se requiere cuidar que no se pervierta ni se destruya la institución DINERO. Éste se pervierte cuando se produce SEÑOREAJE, es decir, cuando irresponsablemente se echa a andar la maquinita que imprime millones de billetes.

SE DEBE IMPEDIR EL SEÑOREAJE. Los gobiernos, que se han arrogado el derecho de administrar el dinero, tienen una gran tentación de imprimir billetes para financiar el gasto público, crear programas sociales, regalar dinero aquí y allá para conseguir simpatías y votos. El manejo irresponsable del dinero condujo a graves crisis económicas como la de 1929. Poco de eso entienden los gobiernos. Franklin D. Roosevelt (presidente de USA en 1933-1945) puso a trabajar la imprenta de billetes para fabricar toneladas de dólares. Los usaba para que el gobierno contratara a miles de trabajadores en las nuevas carreteras, ferrocarriles, puertos, hospitales. Parecía cosa buena, pero solo estaba sentando las bases para crisis más profundas. Pero, como dice Milton Friedman, “los gobiernos nunca aprenden” y hoy en día el gobierno de los Estados Unidos de América sigue imprimiendo dólares por toneladas, trabajando noche y día las imprentas y como consecuencia la muerte de la economía norteamericana, la que alguna vez fue ejemplo de capitalismo boyante.

Se comprende que hacer carretas, hospitales, escuelas puertos es necesario. Pero si se financian con señoreaje, con dinero creado de la nada, se comete un grave error. Las consecuencias llegan como INFLACIÓN, devaluación, distorsión de precios y empobrecimiento de grandes sectores.

Es necesario comprender que una buena reforma financiera implica poner candados al señoreaje, es decir, a la impresión de dinero. La mejor política monetaria es la que garantiza que el valor de la unidad monetaria es constante, fija y esto se logra manteniendo el stock monetario constante, es decir, que la cantidad de dinero en circulación no se incremente ni se reduzca. La imprenta solo debe reponer billetes deteriorados y para apagar fenómenos de pánico bancario y nada más. De esta manera, tendremos un peso fuerte y confianza en que nadie pulverizará los ahorros de la gente. Si una reforma financiera no incluye mantener sana a nuestra moneda, en cualquier momento se destruye todo lo edificado con tanto esfuerzo.

EL GOBIERNO NO DEBE CAPTAR EL AHORRO DE LA SOCIEDAD. Los nuevos proyectos productivos se financian con dinero, pero debe ser con dinero ahorrado por los ciudadanos, con el dinero que la gente deposita en los bancos o con recursos que los inversionistas deciden dedicar a nuevas empresas.

Se ha cometido el error de que los ahorros de la población en lugar de canalizarse para el sector privado, el gobierno los capta para usarlos como gasto público. Por ejemplo, el Sistema del Ahorro para el retiro ha caído en manos del gobierno hasta en más del 85%. Por eso las PYMES, empresas consolidadas y ciudadanos comunes no cuentan con créditos, porque casi todos los absorbe el gobierno. La reforma financiera debe incluir la prohibición de que la banca dirija esos recursos al gobierno. De hecho, los gobiernos federal, estatal o municipal deben tener prohibido contratar créditos, debe considerarse un delito pedir préstamos, sean nacionales o extranjeros. Los únicos que deben ser sujetos de crédito son las empresas y los individuos quienes garantizan con sus propios patrimonios. Si la banca deja de prestarle al gobierno, habrá recursos financieros suficientes para las empresas, PYMES y proyectos productivos personales. Figuras como los CETES y otros instrumentos de captación de ahorro del gobierno deben desaparecer. Los gobiernos están formados por personas que temporalmente están como funcionarios. Si les damos el derecho de contratar deudas, a la hora de pagar, ellos ya no estarán allí, no responderán por esos créditos y así se hipoteca irresponsablemente a las futuras generaciones. Un punto importante de la reforma financiera, por tanto, es la de quitar el derecho a los gobernantes de pedir prestado, adquirir deuda o contratar créditos. Los ahorros de la sociedad, deben quedar dentro de la sociedad, no de los gobiernos.

LIBERTAD FINANCIERA. Para que se incremente la competencia y los créditos al sector privado es necesaria una profunda desregularización bancaria y financiera a fin de que surjan cientos o miles de nuevos bancos y otras figuras financieras. Facilitar el camino a las cajas de ahorro, prestamistas y otras figuras nacionales o foráneas para que se establezcan y se formalicen sin temor al Estado. Hoy en día el gobierno considera un delito que una institución o persona capte dinero, ahorro o inversiones, eso debe terminar. Recordemos que los bancos españoles empezaron como pequeñas cajas de ahorro y que fueron aprendiendo a crecer hasta transformarse en bancos consolidados. El sector financiero debe ser el más privilegiado de parte del Estado. Es decir, sin que esté sujeto al asfixiante control, supervisión y confiscación de parte del gobierno. Debe trabajar con plena confianza para aprender a manejar sus tasas de interés activa y pasiva, calificar a los clientes y competir en el mercado de crédito. El apoyo que puede y debe recibir el sector financiero por parte del gobierno es en el orden jurídico a fin de que se garantice la recuperación de créditos, se realicen las garantías y se forme esa cultura de ahorro y pago que necesita el país.

MENOS DINERO AL GOBIERNO. Es un error buscar la forma, mecanismos y políticas que sangren al ciudadano y a las empresas para extraerles dinero y dárselo al gobierno. El gobierno no necesita más recursos para hacer bien su trabajo. Su trabajo es el de garantizar que los ciudadanos vivan en paz, desarrollen sus proyectos sin la preocupación de que le quiten la vida, roben o extorsionen. La reforma financiera debe abrazar la idea de reducir los impuestos, eliminar el IETU, IDE y otros que impiden el desarrollo del país. Ideas como el “Impuesto Tobin”, impuestos progresivos, impuestos a las empresas son muy perjudiciales. En realidad, bastaría poner un solo impuesto a los ingresos personales y con una tasa máxima de 15% y nada más. El gobierno tendría lo necesario y suficiente para cumplir su tarea y nuestro país entraría a una etapa de gran desarrollo.

La experiencia mundial nos dice que solo los mercados libres, abiertos y competitivos dan el mayor desarrollo posible en beneficio de toda la población. Por tanto, una reforma financiera debe preguntar si está facilitando las condiciones para tal efecto.

• Reforma financiera

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