MARTES, 30 DE JULIO DE 2013
El falso y peligroso paladín de los consumidores

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Godofredo Rivera







“Es el mercado y no los burócratas quienes mejor premian o castigan a los buenos y malos productores.”


El medio que mejor castiga y/o premia a un buen productor, vendedor u oferente es el mercado. El gobierno sólo debe intervenir cuando se generen daños a terceros o se incumplan los contratos. Si me dan “gato por liebre”, puedo demandar y entonces sí actuar el gobierno (ojo, si se demuestra que dañó mi salud o patrimonio, pues si no se cae en los excesos de culpar a la cadena McDonald’s de que los mexicanos tengan niveles elevados de colesterol; ello es culpa de los hábitos del consumidor, no del oferente de hamburguesas; en EU ha habido demandas abusivas por estos vacíos legales). El resto es entre particulares, lo que incluye el juzgar factores como la calidad y la publicidad, terreno exclusivo de los consumidores, no de papá gobierno.

¿Por qué viene esto a cuento? La semana pasada la PROFECO inició una serie de medidas contra distintos negocios por motivos de “falsa publicidad” y supuesto incumplimiento en la calidad del servicio. Fuimos testigos de sanciones y clausuras contra restaurantes y hoteles. 

Es un serio riesgo que el actual gobierno se erija como paladín de los consumidores, pensando en que somos idiotas o de plano no tenemos la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo. 

El gobierno queriéndole hacer de Ángel de la Guarda (como ya antes lo ha señalado Arturo Damm) y preservarnos de todos los males entonces debe prohibir la venta de alcohol, de cigarrillos, cerrar todos los McDonald’s, prohibir la venta de coca cola y en general de todos refrescos en todas las tiendas, clausurar todos los lugares que vendan tortas, tamales y tacos, impedir que en los cines se vendan chocolates y palomitas, cerrar definitivamente “antros de vicio” y prostitución (prohibir la venta del cuerpo como algunas feministas desean fervientemente) y de paso prohibir y sancionar a todo aquel que consuma la llamada comida chatarra.

¿Suena a locura? No lo es. La semana pasada el “procurador” del consumidor declaró que era una lástima que la PROFECO no tuviera más “dientes” y estuviera impedida a realizar clausuras definitivas contra los malos negocios y establecimientos. Cómo se ve que este “burrócrata” en su vida ha emprendido algún negocio (es el caso de la enorme mayoría de los burócratas que creen que su misión es la de “regular”, “controlar” al sector privado). 

Cualquier negocio que no brinda calidad y buen precio, recibirá el castigo que merece por parte del público, del mercado, ese ente que poco entienden los burócratas y creen que pueden controlar. El papel de los gobiernos debe reducirse a proteger la vida, la propiedad y la libertad de los gobernados. De lo contrario, estamos ante el fascismo sanitario, en donde el gobierno decide qué consumir y qué no. Y ojo, porque ésta es la tentativa de pasar a otros ámbitos de la vida privada, como por ejemplo el decidir qué programas televisivos ver, a qué espectáculos asistir, qué programas de radio escuchar, qué literatura leer, qué periódico consultar y un largo etcétera de prohibiciones propias de estados totalitarios como el de Cuba y Corea del Norte.

De entrada yo dudo que el principal defensor del consumidor sea el mismísimo gobierno. No se entiende, por un lado defiende al consumidor y por otro otorga subsidios a negocios privados para que mal funcionen. Es absurdo, lo que tenemos es a un gobierno que no gobierna sino desgobierna y lo peor, un gobierno que la quiere hacer de ángel de la guarda e intenta meterse en nuestras vidas privadas. El diseño de la publicidad no debe ser controlada por los gobiernos. Si un anunciante dice que vende el mejor producto, que el mercado decida si es así (si no es así se quedará sin clientes). Si además miente y causa perjuicios entonces los consumidores tienen el derecho a demandar ante la ley para que se les repare el daño. Ahí sí es papel del gobierno y sabemos que el gobierno mexicano lo hace muy mal. El gobierno cree que somos unos niñitos incapaces de discernir, de creernos todo lo que nos digan en la televisión. Tal vez haya consumidores poco exigentes, pero ello no justifica que el gobierno se nombre el defensor, el paladín de todos los consumidores.

Si tenemos tan malos servicios en los mercados es por la falta de competencia, por haber numerosos obstáculos para hacer negocios. La salida falsa es mayor regulacionitis, de la cual la economía mexicana ya está muy enferma. 

Desde los economistas clásicos se sabe, la buena reputación en los mercados es fundamental para sobrevivir. Ello implica dar calidad y buen servicio so pena de quedarse sin consumidores. No es papel de los gobiernos decidir qué es bueno y qué no.

Hay quien ingenuamente piensa que la PROFECO entonces sólo debe dar información de todos los precios en la economía y señalar a las malas marcas. Por favor, nadie conoce todos los precios en cualquier economía; hay que releer a la Escuela Austriaca de Economía. Nadie mejor para juzgar la calidad que el consumidor mismo y no un burócrata desde un escritorio que sólo cometerá abusos y atropellos queriendo ser el defensor absoluto de los consumidores. 

Si las gasolinas o las tortillerías no dan litros de a litro o kilos de a kilo, es simple y sencillamente por tratarse de sectores monopolizados por el gobierno, con el disfraz de “concesión a particulares”. Si la telefonía móvil falla muchísimo no es por inacción de la PROFECO, sino por el pésimo modelo de concesión gubernamental a los operadores de este negocio, por los múltiples obstáculos para entrar a competir a estos mercados. Y qué decir de los monopolios pésimos de gobierno que dan un lastre de servicio y que cuestan muchísimo al contribuyente como son CFE y PEMEX (por cierto ojalá la PROFECO les reclamará por su mal servicio, pero cómo esperar semejante cosa entre la misma familia gubernamental). 

Y por cierto, ahí están otros ignorantes pidiendo que PROFECO regule y determine los precios. Este proceso es función exclusiva de los mercados y opera bien cuando se deja funcionar libremente a la ley de la oferta y la demanda. Un burócrata no sólo no conoce todos los precios, y menos aún puede fijarlos so pena de causar una escasez espantosa como la que suelen suceder en los países socialistas. Estados Unidos en el siglo XIX se desarrolló como el gran mercado mundial sin la existencia de burocracias que supuestamente defienden al consumidor. 

Para que haya mercados eficientes es fundamental la competencia. Hoy con las redes sociales quien sirve mal lo paga muy caro. Es el mercado y no los burócratas quienes mejor premian o castigan a los buenos y malos productores. Las burocracias son un verdadero peligro a la libertad de negocios cuando se asumen como paladines de los consumidores. Ojalá lo aprenda pronto el gobierno de Peña Nieto.

• Populismo • Cultura económica • Control de precios • Monopolios

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