MIÉRCOLES, 7 DE AGOSTO DE 2013
La privatización de los plátanos

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“Al impedir que cambien las estructuras que nos han arruinado, los progresistas habremos salvado a la Patria de la corrupción.”


El gran filósofo Nefastóteles, preclara mente orgullosamente nahuatlaca de cuya sapiencia nació su inmortal Ética a Macaco, o Ética Macaquea, ilustra el pensamiento que es progresista porque se opone a cualquier cambio en las leyes fundamentales del país, ésas que prohíben la concesión bananera a particulares.

Hay que salir al paso de eso con que las fuerzas conservadoras pretenderán denigrar nuestra causa: los discípulos de Nefastóteles rechazamos una república bananera. Lejos está de ella el autor de la Lógica Nológica —basada en la novedosa invención del nologismo, variante nacionalista del decadente y extranjerizante silogismo— y no adopta posiciones fanáticas como la de pretender modificar el status quo de nuestro nacionalismo. Tan progresista esencia nace de la profunda tierra; forma a nuestra broncínea raza no sólo el maíz, como sostenían nuestros ancestros, sino la mayor palanca de nuestro desarrollo: el plátano.

Un inmortal apotegma de la Ética a Macaco sostiene a la letra:

“Pertenecen legítimamente a cualquier macaco todos los plátanos, prerrogativas, propiedades y beneficios de toda índole.”

De allí se derivan estos postulados ético-nológicos: “Para conseguir lo anterior, se ejercerá legítimamente toda la violencia que se desee; pero siempre, y sin excepción, diciendo que se trata de acciones pacíficas.” Y: “Ningún macaco tendrá necesidad de justificar nada ante nadie, porque el derecho ajeno es ilegítimo y producto del robo.”

Ilustrados por tan preclaros conceptos, y libres de todo prejuicio o idea preconcebida, los nefastotélicos demandamos que la producción platanera quede bajo el dominio exclusivo de la Nación. Lo ordena nuestra Carta Magna, base de la más productiva de las entidades nacionales: PLAMEX (Plátanos Mexicanos) paraestatal que no admite participación ni propiedad de miembro alguno de la Nación. Y por mandato constitucional no admite competencia, porque no es monopolio.

Cínicamente, voces conservadoras pretenden cambiar eso y entregar el plátano a la voracidad de los particulares. Desde su edén tropical ha salido al frente de tales amenazas el más preclaro seguidor de la lógica nológica al proclamar “privatización es sinónimo de corrupción”. Y aquí abajo oímos los atronadores aplausos provenientes de las transparentes cimas del Sindicato de Trabajadores Plataneros de la República Mexicana (STPRM).

Denuncia la corrupción ese Sindicato, que no se beneficia del carácter único de ese no monopolio al que sirve con espíritu de reivindicación de las conquistas sociales para un México igualitario: nadie puede estar por encima de la ley ni gozar de privilegios, sin excepción alguna (excepto quienes patrióticamente sirven al desarrollo del plátano).

Mientras los sindicalizados denuncian la corrupción y renuncian a todo privilegio que afecte sus irrenunciables conquistas, suscriben plenamente el nuevo apotegma macaqueo: privatización es corrupción. (Quien lea “maniqueo” es traidor: si no está con nosotros está con la derecha reaccionaria y vendepatrias.)

Se produce una sorprendente conversión de la Ética Macaquea y la Lógica Nológica, a la matemática del gran sabio Perredágoras, autor de la siguiente ecuación:

Privatización = Corrupción

Tras observar que esa función contiene un hermoso mensaje poético rimado, al ponerla a contrario sensu —como decimos los nahuatlacos— se deriva la negación del absoluto:

NO privatización = NO corrupción

Al despejar los términos sustantivos se obtiene un prodigio de la metafísica matemática:

NO = NO

El rotundo ¡NO! es la principal afirmación de los partidos progresistas: los agentes del cambio y amigos del progreso decimos NO porque toda reforma implica corrupción. Pensar siquiera en poner al alcance de los nacionales los prioritarios y estratégicos plátanos es empujar por la puerta trasera la más feroz corrupción. Al quedar eso científicamente demostrado, se aclara también que un monopolio no es monopolio si es platanero, porque en esa raíz enraizada en la tierra y en el subsuelo germina la Patria.

La herencia productiva del egregio Nefastóteles no sólo producirá con sus enseñanzas una patria justa, igualitaria, productiva, próspera y progresista a través del “¡NO”! a toda iniciativa de cambiar lo que la ha hecho injusta, desigual, improductiva, miserable y retrasada. No, no, no: las tácticas desgastadas que han fracasado producirán frutos muy, pero muy diferentes si no permitimos cambiarlas; pondremos un mentís a los corruptos que se lamen los bigotes con esa industria básica. Los plátanos seguirán siendo patrimonio de la Nación, no de los nacionales. Al impedir que cambien las estructuras que nos han arruinado, los progresistas habremos salvado a la Patria de la corrupción. Pero no sólo eso habrá aportado nuestro eximio maestro. ¿Por qué lo digo?

Porque los nahuatlacos hemos aprendido de Nefastóteles lo que enseña un verdadero maestro: Hemos aprendido a pensar. A pensar lógicamente. Éticamente. Políticamente. Económicamente. Productivamente. A pensar progresistamente para enfrentar cualquier reto futuro. ¡La Patria se ha salvado!

• Progres nacionalistas

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