Hablando en plata
Ago 15, 2013
Luis Pazos

Monopolios, ¿a cambio de qué?

En ningún país del mundo y en ninguna época, los monopolios, ya sean estatales o privados, grandes o pequeños, han beneficiado a las mayorías.

La competencia, que implica la existencia de varios fabricantes y comerciantes tratando de ganar la preferencia de los consumidores, es el mejor entorno social para la mayoría. La competencia obliga a los productores a reducir sus costos mediante innovaciones para vender a precios más bajos, con una mayor calidad y así mantener o aumentar las ganancias.

En sociedades atrasadas hay monopolios naturales, ahí la falta de competencia se debe al poco interés de los productores o comerciantes de ofrecer más productos debido a la baja demanda. Esos monopolios desaparecen con la integración de esas zonas a mercados más amplios y modernos. Los monopolios antisociales y que perjudican a la mayoría de los consumidores, son los llamados artificiales, que se basan en los privilegios que les otorgan leyes, subsidios gubernamentales o la prohibición de que otros potenciales fabricantes o comerciantes entren a ese sector de la economía.

No todos pierden con los monopolios, ganan los monopolistas que pueden fijar mayores precios y dar una menor calidad. También ganan los gobernantes que a cambio de mantener esos monopolios reciben subrepticiamente dinero o votos para el partido al que pertenecen. Hay socialistas que en su menosprecio a todo lo que huela a empresa privada, justifican los monopolios estatales. Se auto engañan y mienten a los demás al partir del sofisma de que esos monopolios son de la nación o de todos, como es el caso del petróleo en México.

En ningún país del mundo y en ninguna época, los monopolios, ya sean estatales o privados, grandes o pequeños, han beneficiado a las mayorías, solo a minorías que intercambian el privilegio de gozar del monopolio por dinero, favores o votos para el partido de quienes les garantizan un monopolio.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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