Asuntos Políticos
Abr 3, 2006
Cristina Massa

Reformas y consensos

Resulta confuso que las pequeñas estaciones de radio y televisión, pertenecientes al gobierno, esgriman ahora los estandartes de la independencia de los medios y de la contracultura.

La reforma a las leyes de Radio y Televisión y Telecomunicaciones fue aprobada en la madrugada del 31 de marzo, en lo general y en lo particular, por el Senado de la República. Diversos medios se quejaron de la manera en la que serán tratados como consecuencia de la aprobación de esta reforma.

 

Muchas de las opiniones que se han publicado con respecto al tema versan más sobre la forma en la cual se llevó acabo el proceso legislativo que sobre el contenido mismo de las reformas propuestas. Esto nos hace preguntarnos, independientemente de la bondad o falta de la misma de la ley, si la generación de consensos es deseable en nuestro país. Con esto no queremos decir que sea indeseable la existencia del debate, de la búsqueda de consensos como un medio de discusión propia de una democracia. Sin embrago, considerando lo difícil que ha sido llegar a acuerdos en un sistema netamente tripartita como el que tenemos, la deslegitimación de una acción que puede ser buena o no, por parte de unos cuantos grupos de poder se hace evidente.

 

En lo referente a este tema, resulta por demás confuso que las pequeñas estaciones de radio y televisión, pertenecientes al gobierno por cierto, esgriman ahora los estandartes de la independencia de los medios y de la contracultura. No se trata de una medida en contra de los pequeños productores independientes que intentan entrar a un mercado dominado por un duopolio, sino de una reestructuración en la que se retira la ayuda a los competidores por parte del gobierno. Cabe destacar que los competidores del gobierno no han sido eficientes en cuanto no han conseguido hacerse de una demanda que quiera lo que tienen por ofrecer.

 

El beneficio derivado de la apertura de nuevos espacios a través de las licitaciones vía subasta parece a todas luces positiva. Entonces, ¿cuál es el argumento en contra para percibir esta medida como algo negativo? La respuesta que nos viene a la mente es que en cualquier mercado que se sujete a las reglas de la libre competencia habrá siempre ganadores y perdedores. En este caso en particular los perdedores se escudan tras la libertad de los medios de comunicación, la pluralidad de las posturas, la contracultura. Además se ponen en un pedestal como bastiones culturales víctimas del salvajismo corporativo. La realidad de las cosas es que se trata de una medida que pone al gobierno a merced de sus leyes, pero esto parece ser impensable e indignante.

 

No pretendemos hacer un juicio de valor sobre la reforma a las leyes de Radio y Televisión y Telecomunicaciones, sino acerca de la manera en la que se generan presiones cuando los consensos se han alcanzado. La manera en la que unos cuantos pueden violentar una disposición antes siquiera de evaluar el contenido de la misma. Lo difícil que es hacer lo que es socialmente óptimo en el largo plazo por duro e injusto que parezca.

 

No dudamos que las grandes televisoras tengan intereses de por medio para apoyar la reforma; sin embargo, no importa a quien beneficie en primera instancia una medida de esta índole, siempre y cuando en el largo plazo el principal beneficiario, sea en su conjunto, la sociedad. Así, la importancia de generar consensos debe de ir aparejada de una correcta evaluación de los proyectos, identificando a los actores principales y a los beneficiarios últimos de las medidas que se deriven de ellos.

 

Si las cosas se hacen de la manera correcta, el beneficio o perjuicio a un grupo determinado, es secundario. Por eso es importante replantear cuáles son los beneficios que persiguen los involucrados; y si el incentivo de los legisladores de generar consensos sobrepasa sus intereses partidistas, sus intereses personales y atiende al bien común. Si la respuesta a lo anterior resulta afirmativa entonces el perjuicio en contra de ciertos grupúsculos de poder que resultan afectados, no debe ser tomado en cuenta, ya que la pérdida social de atender a sus demandas sería mucho mayor.

 

En conclusión podemos decir que sin importar si las reformas a las leyes de Radio y Televisión y Telecomunicaciones apoyan o no a ciertas televisoras en el corto plazo, lo importante es que se generen consensos en apoyo de aquello que en última instancia se traduzca en un beneficio social, sin atender a los intereses desviados de unos cuantos resguardados tras dobles discursos que intenten desviar la atención de lo importante tratando de subsanar sus deficiencias.



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